Karl Kraus y los medios de comunicación

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La prensa es libre en la medida en que le sirva al mercado.

Rubiel Vargas

Karl Kraus era el periodista crítico que utilizaba las armas de la polémica y la sátira, desde su revista quincenal Die Fackel – La Antorcha (1899 hasta 1936)-, que apareció 415 veces en 922 números, que suma 22 mil páginas. Su blanco era la duplicidad moral que existía a todo lo largo y ancho de la sociedad. Las calles de la joven Viena ardían de rojo, de murmullo, en el parque, en el tranvía, en todas partes, todo mundo leyendo el fascículo rojo.

Kraus sostenía que las falacias de la lógica de un hombre tanto como los defectos de su carácter se reflejaban en su estilo literario y en la propia estructura de las frases. Él mismo vivía de sus escritos y organizó su vida en torno a su obra; para él no había sacrificios personales demasiado grandes. Para él la honradez y la verdad artística son los factores más importantes de la vida, el factor integrador que hizo de su vida y obra una sólida y coherente unidad.

Lo fundamental de la polémica antiperiodística era la adopción que el periodismo había asumido una función que no le era propia, la de referir subjetivamente las noticias, su función es de informar de manera objetiva. La opinión juega a intereses privados, agregándole un sentido valorativo a la información, de esta manera se distorsiona y se controla la opinión pública.

Ya el nombre de “opinión publica” es para Kraus un horror. Las opiniones son siempre privadas. Al público le interesa solo juzgar. O emite juicios o no es nada. La opinión es la falsa subjetividad que se deja desprender de la persona e incorpora a la circulación de las mercancías.

Impacto de los medios

La prensa es libre en la medida en que le sirva al mercado.
La prensa es libre en la medida en que le sirva al mercado.

Los medios de comunicación se convirtieron en un poder privado de control mundial. Es decir, controlan la TV, los satélites, agencias de información, las redes de cable, las revistas, la radio, los diarios, las editoriales, la conexión a internet, estudios cinematográficos, generando un alto grado de concentración de la propiedad de todas las industrias, donde no tiene el manejo únicamente del mercado, sino de conciencias.

La sujeción se diseña desde afuera de la persona, es el dominio de una falsa idea de bienestar, este control se ejerce desde la idea del consumo. El fetiche fue diseñado como forma de vida, que convirtamos en rituales la compra, y el uso de bienes, que busquemos la satisfacción espiritual y nuestro ego en el consumo. El cambio de la apariencia de las cosas, de la percepción. Si no estás a la moda vales menos que tu vecino. Más comerciales es para hacernos infelices con lo que tenemos.

Los valores que imperan es lo que da sentido a nuestra vida, el consumo, la ganancia, el egoísmo. Los valores culturales se pierden sin sentido. Toda esta forma de vida está controlada en pocas manos.

El control se ejerce a través de los anuncios publicitarios, repetición del mismo mensaje, que nos dicen qué comer, qué es nutritivo, qué tiene que utilizar, cómo se debe protestar, cómo ejercer la oposición, quién es bueno, quién es malo, alterando la realidad con el juego de palabras que hacen mella en el imaginario de la sociedad.

La comunicación es un medio y no un fin. La prensa es libre solo en la medida que le sirva al mercado. Si la noticia no le conviene la noticia desaparece como por arte de magia. Una noticia se impone para que otra se olvide. Se moldea la “opinión publica” a favor de los intereses del sistema.

El poder de los medios masivos de comunicación profundiza que el mal que afecta a la sociedad es la seguridad, lo dicen los noticieros del medio día, de la noche, los programas de opinión, los diarios. Cuando el problema es el índice de pobreza, los pobres no aparecen como las víctimas del sistema, sino como focos de la inseguridad a los que hay que combatir.

La pérdida de territorios

El presupuesto en su mayoría se dirige para la guerra. El Estado se preocupa más por las multinacionales que por las necesidades de las personas. La presencia de estas empresas se ve en el tránsito a la integración al mundo como componente para el desarrollo del país. Se apoderan de territorios para la explotación de los recursos naturales, que conlleva la contaminación del agua, destrucción de flora y fauna y de las comunidades.

Quienes viven en estos territorios son expulsados, no son los dueños de los recursos, no son los dueños de los medios de producción, no son los dueños de la tierra, es decir no valen, no existen. Se desechan comunidades enteras. Cuando ejercen acciones de resistencia a las diferentes formas de dominación, se hace presente la política antisocial, de penalización social y popular donde los medios de comunicación entran a jugar su papel de manipulación de la “opinión pública”, lo justifican presentándolos como vándalos, aliados a intereses de grupos insurgentes, que no piensan en el desarrollo del país.

Es necesario trabajar en la creatividad de la propaganda, en los medios de comunicación alternativos, en la educación del movimiento social y popular para hacerle frente a la batalla ideológica del poder de los medios masivos de comunicación.