José Ramón Llanos

El reconocimiento del gobierno de Juan Manuel Santos de Palestina como un Estado, es no sólo una decisión justa y soberana, sino también una contribución a la paz de Palestina y de la región, incluida, por supuesto, la paz del pueblo judío y de las otras etnias que habitan esa región del Medio Oriente. Como dijo Raouf Al Malki, embajador del Estado de Palestina, en entrevista de Vicky Dávila:

“Ustedes ahora disfrutan del poderío militar, tienen el ejército número tres, cuatro del mundo, tienen las bombas nucleares, doscientas, trescientas, pero con eso no pueden conseguir la seguridad que ustedes buscan. La seguridad se consigue solo a través de la paz. Consiguiendo la paz, nosotros, los palestinos les podemos dar la seguridad y el reconocimiento también, pero antes, nos tienen que reconocer como iguales. Nosotros también tenemos derecho de vivir en nuestra tierra, libres e independientes. Tienen que aceptar el derecho del pueblo palestino a establecer su Estado y ojalá lo comprendan pronto para ahorrar tantas vidas y tanto sufrimiento sobre todo de mi pueblo”.

Lo que la opinión pública colombiana no entiende, es por qué la embajada de Israel, considera esa decisión soberana de Colombia como bofetada de un país aliado. Solo el pensamiento y el sentimiento guerrerista de los judíos contra el valiente pueblo palestino, les permiten calificar de manera errónea lo que constituye una decisión acertada de Colombia, que debió tomarse hace mucho tiempo. Debió incluso ser una decisión colectiva de los Estados latinoamericanos.

La acción diplomática de nuestra cancillería debía ser más proactiva en todo cuanto se refiere a que la ONU ejecute las determinaciones aprobadas en su seno, reconociendo el derecho del pueblo y la autoridad palestina a vivir en paz en los territorios que milenariamente han ocupado. Debe incluso ejecutar las acciones necesarias para que el pueblo del extinto  Yaser Arafat, recupere los territorios ocupados ilegalmente por los judíos.

Ojalá la prepotencia enfermiza del expresidente Álvaro Uribe, que no ha podido entender que los años de tropelías de su Gobierno, definitivamente terminaron, no trate de imponer su voluntad pendenciera y permita que Iván Duque acepte la sabia y ponderada decisión del Gobierno saliente e implemente y desarrolle las relaciones diplomáticas con el Estado palestino.

Por otra parte, lo ideal es que el dios que tanto invocan los judíos, los ilumine y abandonen su habitual prepotencia, para que dejen de sabotear el reciente reconocimiento del Estado palestino que legó el presidente Juan Manuel Santos, para bien de la paz  de la región y de Israel.

Saeta. Tenemos un Gobierno bicéfalo: Álvaro-Iván cuya sede es el Ubérrimo- Palacio de Nariño.  Trabuco y pequeña zanahoria para el pueblo.