Inversión extranjera directa ¿Qué tanto nos aporta?

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Mina de carbón en el Cerrejón, La Guajira.

Carlos Fernández

Para efectos prácticos, es irrelevante la polémica entre el Ministro de Hacienda y algunos críticos del Gobierno acerca de si se debe descontar o no el ingreso alcanzado por la venta de Isagén el año pasado para establecer comparaciones en el comportamiento de la inversión extranjera directa (IED) durante el primer trimestre de 2017 frente al mismo período de 2016. Más relevante sería examinar a qué le está apuntando el capital extranjero en lo que se refiere a sus inversiones en el país.

Tanto para los funcionarios oficiales como para los críticos del Gobierno, la IED es provechosa per se. Las diferencias en torno al tema de la paz entre uribistas y santistas no logran ocultar el hecho de que ambas corrientes apuntan a crear mejores condiciones para el capital, en general, y para el capital extranjero, en particular, sea por la vía de la negociación o por la vía de la violencia contra-guerrillera. Desde siempre, los revolucionarios le apostamos a la negociación para que la lucha política conduzca al mejoramiento de la situación socio-económica de las comunidades y para que las relaciones económicas internacionales se basen en términos de respeto hacia el país y su soberanía.

¿Qué pasó realmente?

Ante la flagrante evidencia de que la IED descendió en un 46,5% entre el primer trimestre de 2017 y el primer trimestre de 2016, el ministro Cárdenas salió a hacer malabares aritméticos para, al descontar del año pasado la venta de Isagén, indicar que la inversión extranjera había crecido 8,1%. No hizo lo mismo en 2016, cuando la venta de Isagén permitió que la IED mostrara un crecimiento positivo de 41,5%. Si hubiera hecho la misma maniobra distractora, habría tenido que reconocer un descenso en la IED, al finalizar el primer trimestre de 2016, de 30% respecto al primer trimestre de 2015.

¿Qué muestra este comportamiento?

La coyuntura económica internacional denota una disminución del interés del capital transnacional por nuestra economía. Curiosamente, las cifras muestran un renovado interés por la industria manufactura, en la cual la IED creció 65% entre los dos períodos considerados. Pero se hace de lado el hecho de que la IED en este sector había disminuido en 47% entre el primer trimestre de 2016 y el mismo período de 2015. Otro sector que se destaca en la IED a marzo de 2017 es el de comercio, restaurantes y hoteles, en donde su crecimiento fue de 53%. En este caso, también, dicho resultado se da luego de un descenso del 73% entre 2016 y 2015 (primer trimestre). El sector petrolero muestra, asimismo, un repunte en la IED (35,4%) luego de un descenso dramático de 57,5% entre 2016 y 2015 (primer trimestre). No podía faltar en este recuento el comportamiento del sector financiero, en el que la IED crece 13,6% entre 2017 y 2016 (primer trimestre) contra un descenso de 22,2% entre 2016 y 2015 (primer trimestre).

Este comportamiento de yo-yo de la IED no es sino la manifestación de una característica esencial del capitalismo moderno: la gran movilidad del capital transnacional que, en la búsqueda de la mayor rentabilidad, cambia rápidamente sus preferencias de inversión de un país a otro, en dependencia de las circunstancias cambiantes de los mercados.

Los dirigentes económicos y políticos del país sufren lo indecible  cuando se dan estas disminuciones en el flujo de inversión extranjera directa. Carentes de un pensamiento soberano respecto al manejo de la cosa pública, los mueve el interés de los bolsillos propios y de sus socios extranjeros. La desidia para manejar con criterios de soberanía coyunturas como la de los altos precios del petróleo y de otros recursos naturales hace que el país se vea sometido a estos vaivenes inconvenientes.

Disminuidas al máximo las condiciones del extractivismo, son incapaces de generar una política que atienda, de manera permanente y sostenida, las necesidades de la agricultura y de la industria y de los que trabajan en tales sectores, en tanto a los trabajadores del sector servicios los condenan a condiciones laborales de precariedad e informalidad.

* Investigador del CEIS.

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