Intelectuales e intelectualoides

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Intelectual es aquel que dice y hace, da ejemplo y siempre está dispuesto a ser el primero en la trinchera y el último en recibir alguna dádiva. El que actúa con este pensamiento pero al revés es un vulgar charlatán de pacotilla. No es intelectual, es intelectualoide.

Nelson Lombana Silva

Al plantearle el tema de “intelectuales” al comandante Fidel Castro Ruz, contestó, con su verticalidad que le caracterizó, que todo ser humano es intelectual porque utiliza el intelecto. Su respuesta resulta clara, concreta y directa.

El régimen capitalista, en su dinámica de crear confusión y desorientar a la humanidad de lo fundamental, dinamiza hábilmente discusiones de esta naturaleza. Resulta una discusión odiosa y reaccionaria por cuanto su tendencia es a dividir y no a sumar.

Hace una distinción entre el trabajo intelectual y el trabajo manual con un marcado sesgo clasista. Se comprende que el intelectual dice y el supuestamente no intelectual hace. Esa concepción retrógrada es de derecha. Lo grave es que supuestamente izquierdosos se comen el cuento enterito y asumen esta odiosa clasificación como algo útil, necesario y “revolucionario”.

Toman esta corriente reaccionaria e idealista y la desarrollan a rajatabla asumiendo que pueden hacer y deshacer dizque porque son “intelectuales”, cuando en realidad son “intelectualoides”.

Es más: Se creen que porque pasaron seis años o más por los claustros universitarios son “intelectuales” y entonces sus opiniones son consideradas como la verdad revelada.

En ese submundo de fantasías se consideran “profesionales de la revolución” única y exclusivamente porque son universitarios con algún posgrado.

Eso aparentemente no es grave, aunque realmente lo es. Lo grave es que se consideran con la suficiente autoridad para pontificar sobre lo divino y lo humano. Su pensamiento resulta inmodificable y quien pretenda contradecir este “argumento” no deja de ser un pobre imbécil. Para esos sombríos personajes la revolución se hace en una oficina cómodamente, teorizando en el aire.

Por estos días, escuchamos decir a un “intelectual” de estas características algo así como que la obra concreta del comandante Fidel Castro era cuestión del pasado, resultaba romántico y místico considerarlo. Es más: Que con su muerte la caída del socialismo cubano sería inevitable por cuanto había una juventud llena de cientificidad y de vivir “libremente” el momento que representa una nueva época.

¡Vaya, qué “intelectual”! Es el mismo que se considera más marxista que Marx y más leninista que Lenin. Defiende el pensamiento de estos filósofos pero suprimiendo la lucha de clases.

De esos lobos disfrazados de ovejas hay que abrirles los ojos. Son contrarrevolucionarios, porque ni siquiera se podrían calificar de socialdemócratas.

Entonces cuando los comunistas dicen que hay que estudiar la obra de Fidel y dimensionar su vigencia en América Latina y en el mundo del siglo XXI, estos intelectualoides salen con el cuento de que estamos rindiendo culto a la personalidad y que eso es contrario al pensamiento marxista-leninista. ¡Vaya caballeros de la ciencia oculta!

En realidad esos “intelectuales” o “intelectualoides” son charlatanes que hay que desenmascarar por cuanto su tarea vergonzosa es la de tergiversar el marxismo-leninismo, cuya esencia fundamental es la teoría y la práctica en permanente unidad dialéctica. Para ellos, resulta pasado de moda hablar de confrontar el régimen capitalista. Suena feo. Suena ortodoxo. Dinosaurio. Hay que hablar de concertación, conciliación, mejorar el lenguaje, actualizarlo y hacerlo más florido.

Mejor dicho: Cada vez menos ofensivo al enemigo de clase. Alguna vez le oí decir a un personaje de ese calado que en ninguna parte del mundo hoy había socialismo, solamente existía una idea, pero que de ahí no se pasaba. Según esta “eminencia gris” no hay socialismo, lo que hay es la idea solamente de socialismo. Para él no hay socialismo en Cuba, por ejemplo.

A estas propuestas reaccionarias hay que salirle al paso con argumentación y la fuerza formidable de la ciencia y de la verdad que nos ofrece el marxismo-leninismo. Resulta por demás grosera subvalorar despectivamente la lucha del comandante Fidel Castro y negar olímpicamente la vigencia de la lucha de clases. La obra de Fidel no es del pasado, es del presente y del futuro. El 2017 será el año para recrear su obra y dimensionar su aporte para fortalecer la lucha de clases contra esta rancia oligarquía y criminal imperialismo.

Intelectual es aquel que dice y hace, da ejemplo y siempre está dispuesto a ser el primero en la trinchera y el último en recibir alguna dádiva. El que actúa con este pensamiento pero al revés es un vulgar charlatán de pacotilla. No es intelectual, es intelectualoide.