“Insistamos en lo que nos une y prescindamos de los que nos separa”

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Camilo Torres, acuarela del maestro Calarcá.

El pasado 3 de febrero, el sacerdote, sociólogo, líder político y guerrillero colombiano, Camilo Torres Restrepo, hubiese cumplido 90 años. Es una fecha que no debe pasar desapercibida pues es la oportunidad de recordar y de homenajear a una de las figuras políticas más relevantes del siglo XX en Colombia

Roberto Amorebieta
@amorebieta7 

Hoy Camilo, si bien es abanderado en especial por sectores políticos denominados fraternalmente “camilistas”, es un personaje que no solo agrupó a todas las fuerzas progresistas y de izquierda en su momento, sino que dejó un legado que debe ser reivindicado por todos los demócratas de Colombia y de América Latina.

Camilo nació en un hogar de clase media alta bogotano y además de hacerse sacerdote, estudió sociología en la Universidad Católica de Lovaina, en Bélgica, y obtuvo su título con una tesis denominada “Una aproximación estadística a la realidad socioeconómica de Bogotá”, donde ya exhibía no solo su enorme talento como investigador social sino su compromiso con las clases populares. En 1960, con apenas 31 años, junto a los maestros Orlando Fals Borda, Eduardo Umaña Luna y María Cristina Salazar fundó la Facultad de Sociología de la Universidad Nacional, primera facultad de este tipo en América Latina, que se constituyó no solo en un espacio privilegiado para la investigación crítica sobre la sociedad colombiana sino en un frente de vanguardia de las luchas estudiantiles del decenio de 1960. Hoy, el auditorio de la Facultad de Sociología, así como el de la Facultad de Derecho, llevan el nombre de Camilo en homenaje a su memoria.

El Frente Unido

Camilo fue un hombre adelantado a su tiempo. En una época en que las disputas ideológicas dividían a la izquierda en Colombia y en todo el mundo por cuenta del rigorismo y pureza que pretendían encarnar las distintas facciones, Camilo llamó a la unidad a través de la constitución del Frente Unido del Pueblo, tal vez el primer intento exitoso por agrupar a la izquierda colombiana. Sus célebres proclamas a los cristianos, a los comunistas, a los militares, a los “no alineados” (quienes no se inscribían en ningún grupo político), a los sindicalistas, a los campesinos, a las mujeres, a los estudiantes, a los desempleados, a los presos políticos, al Frente Unido, a la oligarquía y a los colombianos, permitieron advertir su profundo conocimiento de la realidad nacional y su convicción de que sin la unidad, los cambios sociales que el país sigue reclamando serían imposibles.

El año de 1965 fue decisivo en la vida de Camilo. Es el año del Frente Unido del Pueblo. Ese año Camilo publicó algunas de sus obras más importantes desde el punto de vista político y de movilización como “Por qué no voy a elecciones”, primer editorial del periódico “Frente Unido”, que se distribuía profusamente en universidades, campos, centros de trabajo y grupos de estudio, convirtiéndose en una herramienta fundamental en el esfuerzo de unir a toda la izquierda. Miles de jóvenes se lanzaron entusiastas por todo el país a distribuir los ejemplares del periódico, del cual se conservan aún hoy algunos ejemplares que son guardados por sus poseedores como reliquias.

Teología de la liberación

El sentido cristiano de Camilo no se agotaba en el ejercicio de su sacerdocio. Como uno de los precursores de lo que luego se llamaría la Teología de la Liberación, Camilo advirtió que la religiosidad no podía limitarse solo al ámbito espiritual sino que debía convertirse en una fuerza que motivara a los cristianos a luchar por un mundo más justo. De nada servía liberarse del pecado, diría Camilo, si no nos liberamos también de la opresión, del hambre y de la ignorancia. Es una forma revolucionaria de entender la espiritualidad. Camilo construyó una doctrina cristiana donde lo más importante no era rezar, hacer sacrificios o ir a misa, sino contribuir a la justicia, ponerse del lado de los débiles y transformar la realidad socioeconómica. Para él, el amor no se expresaba con palabras. El amor debía ser eficaz, es decir, debía traducirse en actos concretos de solidaridad y generosidad. Hoy, en tiempos de egoísmo narcisista y de individualismo competitivo, esa consigna mantiene su vigencia más que nunca.

La experiencia del Frente Unido no fue solo la posibilidad real de que las clases populares se unieran para cambiar el país. También fue la evidencia dolorosa de que los caminos institucionales estaban agotados en Colombia. Camilo fue víctima de encarcelamientos, persecuciones, amenazas, seguimientos y sabotajes a sus manifestaciones. Por ello, Camilo advirtió que la lucha democrática no tenía futuro en aquel momento y así decidió marchar al ELN. Pocos meses después, como se sabe, el 15 de febrero de 1966, fue muerto por el ejército en Patio Cemento, Santander.

El amor eficaz

Camilo ha sido objeto de múltiples homenajes alrededor del mundo. Su nombre lo lleva hoy, entre otros, el teatro principal de la Universidad de Antioquia, el edificio principal de la UIS, las plazas principales de la UPTC en Tunja y de la Universidad Pedagógica en Bogotá, el auditorio de la ESAP, una residencia estudiantil en la Universidad de Lovaina, un albergue estudiantil en Michoacán (México), colegios en Medellín y Barrancabermeja, así como barrios en Bogotá, Curumaní (Cesar), Dosquebradas y Popayán.

No obstante, el mejor homenaje que podemos hacer hoy a Camilo, además de releer sus obras, es practicar el amor eficaz. Es ejercer en nuestra vida cotidiana la solidaridad, la generosidad y la indignación ante la injustica. Pero es también insistir en lo que nos une y prescindir de lo que nos separa: “Comunistas y cristianos no discutimos sobre si el alma es mortal o inmortal porque estamos todos de acuerdo en que la miseria sí es mortal”, decía Camilo. Es trabajar por la unidad de los sectores populares, democráticos y de izquierda. Es luchar sin descanso por un país donde todos quepamos.

El ocultamiento del paradero del cuerpo de Camilo fue una estrategia orquestada por el ejército para impedir que su tumba se convirtiera en un lugar de culto. Pero fallaron. Porque Camilo no es una tumba, ni un auditorio, ni una plaza. Camilo es trabajo, es esfuerzo, es lucha. Camilo, como uno de los más importantes aportes de Colombia a la historia latinoamericana, es hoy un ejemplo vivo para todos quienes creemos que otro mundo y otro país sí son posibles.

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