El ideal comunista vinculado a las luchas sociales

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Movilización social.

Álvaro Oviedo

El ideal comunista vinculado a las luchas sociales, precede a Marx y Engels, al menos en tres siglos, si nos circunscribimos a tiempos relativamente recientes. Toca ponerlo de presente debido a que la propaganda anticomunista atribuye a estos pensadores la invención de las clases, las luchas de clases y el comunismo. Para presentarlos como los responsables de la ruptura de la pretendida armonía social, y de atentar contra la sacrosanta propiedad privada sobre los medios de producción, base hoy de la llamada libertad de empresa.

Ya en 1525 cuando se desarrollaba la llamada gran guerra campesina en Alemania, en Turingia, Tomás Münzer predicaba entre los pobres de las ciudades doctrinas comunistas de raigambre religiosa, había nacido en 1490 y fue encarcelado por sus predicas en 1525. En pleno auge de los descubrimientos geográficos y del inicio del proceso colonizador, que tuvo como consecuencia traer a estas tierras hoy denominadas Américas, ideas foráneas, según expresión de Eduardo Galeano, como la de la propiedad privada como base para la producción.

De 1534 al 35 se da el gobierno de los anabaptistas de Múnster. Juan Mathyszoon, panadero de Haarlem y Juan Bockholdt, sastre de Leyden son reconocidos ambos como comunistas religiosos. En Inglaterra, en 1649, en la represión al movimiento de los niveladores por Cromwell, se destacan los cavadores o “verdaderos niveladores” que denuncian la propiedad privada del suelo y se apoderan de algunas tierras abandonadas para cultivarlas colectivamente, en interés general.

En 1762 Voltaire publica un extracto del testamento de Juan Meslier (1664-1729), cura párroco francés y comunista, donde éste aboga por la propiedad colectiva como base de la sociedad. En 1755 Morelly en su Código de las leyes de la naturaleza propone la abolición de la propiedad privada, y un año más tarde en Los principios de Legislación de Mably (1709-1785) se plantea la incompatibilidad de la igualdad con el régimen de propiedad privada, en el que el autor ve la raíz de los males. Prácticamente en vísperas de la revolución industrial en Inglaterra.

En 1796 se da la Conspiración de los igualitarios, o de los iguales, acaudillada por Babeuf, Darthé y Bounarroti, de ideología comunista. Babeauf y Darthé son ejecutados. En 1812 Roberto Owen publica su obra Nueva concepción de la sociedad, donde sostiene la idea comunista1.

Y no han nacido aún Carlos Marx (1818) ni Federico Engels (1820). Cuando se da el alzamiento de los tejedores de Lyon, y se registra gran agitación obrera en Inglaterra el uno tiene 13 años y el otro 11. Incluso cuando se forma en París la Liga de los Justicieros, en 1836, por Carlos Shapper, Enrique Bauer y Guillermo Weitling, que devendría en la Liga de los Comunistas, los dos, Marx y Engels, eran unos muchachos. El mismo Shapper y Bauer en 1839 fundan la Asociación de Cultura Alemana, denominada luego Asociación Comunista de Cultura Obrera. Como lo vimos en un número anterior de VOZ, Marx y Engels son invitados a unirse a la Liga de los Justicieros o de los justos, que luego tomaría el nombre de comunista y de la cual ellos serían los redactores de su programa, el Manifiesto Comunista.

En la alocución de febrero de 1847 de la liga de los justicieros2 se plantean tres preguntas para la discusión, en preparación de su congreso: ¿Qué es el comunismo y qué pretenden los comunistas? ¿Qué es el socialismo y que pretenden los socialistas? Y ¿De qué modo puede instaurarse el comunismo lo mas rápida y fácilmente posible?

E introducen la discusión afirmando que el comunismo es un sistema según el cual la tierra debe ser propiedad común de todos los hombres, y todo el mundo debe trabajar, “producir”, con arreglo a sus capacidades y disfrutar, “consumir”, con arreglo a sus fuerzas, y concluyen afirmando que los comunistas pretenden echar por tierra la organización social del pasado y levantar sobre sus ruinas una nueva. Mientras que el socialismo deriva su nombre de la palabra latina socialis, o sea lo que afecta a la sociedad, estudia la organización de la sociedad, pero no erige ningún sistema nuevo, y agregan, los comunistas no quieren perder su tiempo en apuntalar el viejo edificio y concentran todos sus esfuerzos en levantar otro nuevo”.

Así se planteaban las cosas, en la Liga de los Justicieros cuando invitan a Marx y a Engels a formar parte de la organización, participar en las discusiones de los dos congresos para definir su programa, que terminan ellos redactando, conforme a los principios de la teoría que habían elaborado, en sus fundamentos, y a cuyo desarrollo y precisión habrían de dedicar sus vidas.

Los ideales comunistas tenían una trayectoria, y aparecían dentro del conjunto del movimiento obrero como el sector más radical, que buscaba cambios de fondo en la sociedad, para utilizar una expresión de la misma alocución citada, “no mantener en pie bajo una forma más endulzada la esclavitud del trabajo”. A ese sector se suman los fundadores de la filosofía de la praxis, y abren la lucha de ideas para darle un fundamento teórico, surgido de la investigación y la crítica de las máximas adquisiciones del pensamiento europeo de la época, como guía para la acción transformadora radical de la sociedad. Ese es su aporte, no la de inventarse las categorías de comunismo, clase, o lucha de clases.

Ellos mismos lo señalan, pensadores anteriores hablaron de clases y de lucha de clases. Lo que aportan a la teoría de las clases es el saber que las clases son la forma de existencia de las sociedades complejas, que estas clases están en lucha debido a la diferencia de intereses, que estos son antagónicos entre las clases fundamentales, que esa lucha de clases conduce a la dominación del proletariado, y mediante ella a la abolición de las mismas y por ende de sus luchas. A la construcción de una sociedad donde se garantice, al individuo y a la sociedad en su conjunto la satisfacción de sus necesidades, diversas, y crecientes, como base para el desarrollo pleno del ser humano.

1 “Tabla cronológica de los acontecimientos más señalados en la historia del movimiento socialista y obrero desde 1500 hasta 1848”, pp.513-518, en C. Marx y F Engels, Biografía del Manifiesto Comunista, editorial México, S.A., 1949.

2 ídem, pp.370-372. 

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