Hidroituango, ¿crimen planificado?

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La vida y el sustento de las comunidades están amenazados por la improvisación del proyecto Hidroituango. Foto Joni Restrepo, Alianza de Medios Alternativos.

Carolina Tejada
@carolltejada 

“Mi casa se la llevó el río por la creciente que aconteció con la represa de Hidroituango, que desde que esta empresa entró, tenemos la vida destruida”, así relata su tragedia María del Rosario Castañeda, madre de familia quien habitaba en Puerto Valdivia y quien asegura que el río Cauca era parte de fuente de vida, su familia vivía del río, de ahí salía el agua para los cultivos de yuca y plátano y las frutas. Su conocimiento del territorio y como víctima de los atropellos de las Empresas Públicas de Medellín, dueña de la Hidroeléctrica HidroItuango, quienes mantienen la imagen del megaproyecto como parte del progreso que necesitaba la región, la llevó a la conclusión de que Hidroituando es la responsable de una violencia ambiental y cultural, y asegura: “nosotros nos consideramos más desplazados que en una violencia, tanto como la violencia del Aro en donde sacaban mucha gente por acá muerta. Aquí perdimos nuestra cultura, el territorio, el trabajo, la familia, los amigos, lo perdimos todo”.

Una tragedia sin precedentes

Así como existe la versión de María sobre su tragedia, existen miles más que en medio de sus relatos de vida señalan a las EPM, como una empresa criminal del medio ambiente y de la cultura de un territorio. Son más de mil familias de los municipios de Valdivia, Caucasia, Sabanalarga e Ituango, que están siendo afectadas sin que en el momento se escuchen soluciones a sus llamados, la sequía provocada del río dejó a estas familias sin su fuente hídrica, de empleo y muchas han tenido que abandonar el territorio para poder sobrevivir. Contrario a lo que afirmaban las mismas EPM, con esta decisión arbitraria e inconsulta del cierre de las compuertas de que no se transformaría la realidad de la región, dicha realidad sí está transformando la vocación ancestral, social y ambiental agrónoma, pesquera y barequera de la región, y sí convirtió a las comunidades aledañas al Mono, como cariñosamente le decían al río, en víctimas de vulneración de derechos humanos, individuales, colectivos y ambientales.

Ligado a este panorama, dentro de lo más preocupante aún, y como afirman muchos analistas ambientales: acabar con la vertiente del río, como fuente esencial de vida, no tiene revés.

La antesala que solo ha beneficiado a las EPM

En una rueda de presa promovida por la organización, Ríos Vivos de Antioquia, la cual se llevó a cabo a inicios de febrero, las mismas comunidades relatan la violencia vivida desde la época del entonces gobernador de Antioquia Álvaro Uribe Vélez entre los años de 1995 y 1998, como parte de lo que ellos mismos denominan como una violencia del despojo planificada, a fin de garantizar el camino libre para implementar dicho mega proyecto. El camino libre, se garantizó con el asesinato selectivo de líderes sociales, campesinos y habitantes de Ituango, que se oponían al proyecto, “y empezó la matanza del puerto pa’rriba, los muertos nos los pasaron por los noticieros”. Así lo expresa William de Jesús Gutiérrez, activista de Ríos Vivos, quien recuerda los hechos, cuando uno de los paramilitares de esa zona alías Cobra, llegó a intimidar la población. En ese entonces recuerda William, alias Cobra afirmaba: “venimos de parte del patrón, porque aquí se va a hacer un proyecto, y toca matarlos a todos pa’ dejar la zona desocupada”. Meses después ocurrió la masacre del Aro.

Según informes de las organizaciones defensoras de los derechos humanos, en 25 años hubo 73 masacres en esta zona del país. En el marco del proceso de llenado de la represa que se adelantaba el año pasado en el mes de octubre, las mismas organizaciones de DD.HH., le pedían a la Comisión Interamericana no permitir que se llenara la represa hasta que no se concluya la búsqueda de las personas desaparecidas que se reportaban en fosas comunes y que fueron víctimas de estos grupos paramilitares que tenían la tarea de “limpiar la zona”. Sin embargo, la EPM anunció que dicho proceso no se podía continuar debido a que la represa, por causas de la naturaleza ya se había llenado. Así mismo lo presentó la Viceministra de Justicia a la comunidad internacional, el proceso no continuó, y seguido a ello, a Ríos Vivos como organización que ha denunciado y apelado por las víctimas, le asesinaron varios líderes sociales en el transcurso del año.

Cuando el mismo Álvaro Uribe llegó a la Presidencia de la República impulsó el inicio de Hidroituango en los más de 30 kilómetros que comprometieron el proyecto. En el 2010, reconoció el avance de su gestión en generación energética. A inicios de este año y presentados los informes de la crisis en la construcción del mismo, el expresidente sigue defendiendo el proyecto y a las EPM.

Lo paradójico, es que pese a las acusaciones desde las mismas comunidades de ser él “El patrón” al cual se refería el paramilitar alias el Cobra, las investigaciones adelantadas para encontrar la verdad y hallar la justicia para las víctimas, no ha dado frutos. Nunca se ha aceptado la existencia, ni de la masacre del Aro, ni la responsabilidad en los otros acontecimientos de violencia en contra de los líderes sociales de la región.

Estas versiones de violencia son la antesala de ese desalojo planificado del que hablan las comunidades. Desalojo que hoy se multiplica con el cierre de las compuertas que dio vía a una masacre ambiental.

El dolor de las comunidades

“Yo primero fui desplazado por el conflicto armado, ahora me desplaza hidroituango”, afirma uno de los campesinos que trabajaba a la orilla del río. Al unísono las comunidades indígenas lamentaron la tragedia haciendo un llamado al país y al Gobierno nacional; parar los proyectos extractivitas que acaban con la vida en el país. Afirman que dichas políticas globales y sus megaproyectos, solo mercantilizan el agua bajo el pretexto del, “servicio público y bajo la idea manipuladora y demagógica del progreso que solo oculta el privilegio de unos pocos y la desigualdad para la mayoría de la población (…)”, afirma el movimiento indígena.

Las comunidades exigen que, se cancele inmediatamente el megaproyecto Hidroituango el cuál es un peligro permanente por su inviabilidad, se evacúe de manera controlada y segura el agua represada. Se realice un plan de búsqueda de personas dadas por desaparecidas en la zona de influencia del megaproyecto y se suspenda el llenado del mismo. Se atienda la emergencia humanitaria con sitios de albergue, alimentación y abrigo para las familias cuyos medios de vida dependen del Río Cauca. Se brinde tierras y proyectos productivos para las familias que perdieron sus modos de vida. Y por otra parte, se investigue y sancione a los responsables de esta tragedia social y ambiental.

En el marco de las jornadas de duelo por la tragedia ambiental, los cuidadores del río en medio de su tristeza y del llamado a la justicia, compusieron una canción; “(…) el amor del rio es como el de la madrecita, yo te prometo que nunca yo a ti te voy a olvidar, como olvidar esos tiempos llenos de felicidad. EPM nos desplaza y el río Cauca nos abraza, EPM nos desplaza y el río Cauca nos abraza”.

Ilustración de referencia. Foto internet.

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