Un hermoso canto a la persuasión

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Juan Guillermo Ramírez

“El erotismo, para el puritanismo es, sobre todo, el incandescente inalcanzable: piernas y senos cubiertos. La sugestión no se hace de lo real sino del sueño: así, un pajarito, una hoja olvidada, una cascada, una puesta de sol y hasta una tempestad, siempre simbolizaron el lirismo o la tragedia del acto en su momento crucial”.
Glauber Rocha

Al interior de la cinematografía mundial, Hungría se consolidó como una de las más importantes de la Europa del Este. Entre los años 1935-1942, el cine húngaro estuvo dominado por las operetas de cíngaros y barones, con las intrigas mundanas, las comedias superficiales, sus fines utilitaristas que manipulaban las imágenes como vehículos propagandísticos para fines políticos. La censura y las exigencias comerciales plasmaban el eterno acoso a los cinematografistas.

A partir de 1948 y con la nacionalización del cine magiar, la preocupación temática ya no será la de la intriga, el registro de la vida campesina o el grito de cólera contra la guerra. Ahora el interés tendrá que ver con el realismo poético, el neorrealismo, las aventuras de los héroes populares, los documentales, los dramas sociales y pasionales, las comedias satíricas, el cine intimista. En 1963 se da el nacimiento del movimiento de renovación, conocido como Grupo Experimental Estudio Bela Balázs cuyo interés giraba en torno a la recreación formal del lenguaje y al rechazo a las convenciones dramatúrgicas de moda. Y es en 1966 cuando el florecimiento del cine adquiere nombre con Istvan Gall y su Remolinos y con Miklós Jancsó y su Cantata y Los sin esperanza. En el cine húngaro no suele haber una escuela o movimiento, aparte de lo que se ha dado en llamar la Escuela Documentalista, que mezcla el documental y la ficción.

Miklós Jancsó nace el 27 de septiembre de 1921 en Vac y muere el 31 de enero de 2014 en Budapest. Estudia derecho, etnología e historia del arte en la Universidad Kolozvar y en la Academia de Teatro y Cine de Bucarest. Realiza noticieros, cortometrajes de ficción y documentales.

Jancsó habló así de Vicios privados, virtudes públicas: Casi todas mis películas tienen que ver con la historia de mi país o con su prehistoria. Si no se conoce la historia de Hungría es imposible darse cuenta de lo que sucede en el filme. Presento muchas canciones de la época, incluso hay una secuencia en que un húngaro se pone a cantar antes de morir, si no se sabe lo que significa esa canción, se pierde significado. Se trata de películas que están ligadas a la existencia de Hungría, y ese sería su defecto. Nuestras películas son completamente húngaras. Su verdadero interés se centra en la llamada ‘sicología de la creación’. Es difícil definir qué viene primero y qué viene después en este campo. No me gusta llamar a mi profesión ‘arte’, porque en ella hay más técnica que expresión artística, al menos de lo que se ha venido llamando técnica desde la Edad Media. El cine está más cerca a lo que era la pintura en el medioevo que a lo que es la literatura hoy. El cine es menos autónomo que la literatura, de modo que lo único que habría que tratar sería la técnica. El resultado de la técnica es el estilo.

La vida es un rito, sus películas son rituales, se basan en la repetición que es el mecanismo de la vida, del tiempo y del destino, es el origen dado por el nacimiento del mundo, es el eterno retorno de lo mismo, como diría Nietzsche.

Bajo la incertidumbre del rodaje, cuando el guion se va completando durante la filmación, bajo la ambigüedad de los hechos, bajo la sombra de toda certeza posible, Jancsó advierte en esta atmósfera, los elementos que la historia olvida y que serán los temas tratados en sus películas. Según él, el espectador no es sensible a este tipo de trabajo rítmico visual ya que se encuentra influenciado por Hollywood y la televisión. Nuestro juego nunca es popular y hoy lo es cada vez menos. Hubo un momento en que nos era más fácil producir nuestras películas: hoy comienza a suceder en Hungría lo que ya sucede en todo el mundo: lo único que cuenta es la comodidad del individuo.

Jancsó realiza cuatro películas en Italia que él mismo divide en tres grupos: 1) La pacifista: análisis en torno al terrorismo. 2) Roma quiere otro Cesar y La técnica y el rito: películas que trabajan el poder desde un punto de vista abstracto. 3) Vicios privados, virtudes públicas: registra la decadencia y caída de los Habsburgo. Introduce la ironía dentro de la historia cuando está referida al poder, pero con elementos tragicómicos que no están presentes en otras películas, pero sí en el teatro que él mismo ha dirigido.

En Vicios privados, virtudes públicas se mezclan el teatro y el ballet. El tiempo de la historia se encuentra disperso en el espacio. No es cine, no es película: es ‘teatro en el paisaje’, es la unidad entre el tiempo y el lugar. En esta obra, lo que cuenta no es el profesionalismo de los actores sino su personalidad, su presencia. Se considera a Jancsó como un ‘esteticista’ del cine, debido a que su estilo visual está determinado por los recursos formales y que, en Vicios privados, virtudes públicas se evidencian: el uso del plano secuencia –la cámara de cine registra sin hacer cortes para cambiar de posición-, el movimiento circular de la cámara, el manejo del grupo actoral y el atardecer como constante del tiempo.

La música que utiliza Jancsó en esta película, la folclórica, es una de las más sentimentales y más adaptadas de la poesía popular, con ella se va a la búsqueda del clasicismo basado en las Danzas que se estructuran en los rondós y sus composiciones musicales. Acompañada de un tono bucólico y de fábula, Vicios privados, virtudes públicas se abre develando la lucha contra el poder político y simultáneamente patriarcal, para un enfrentamiento a la represión del placer erótico. Los personajes se desnudan en una ronda de baile, despejándose de las vestiduras que los identifican socialmente y se confunden en un movimiento de embriaguez que elimina diferencias y funde y confunde en un cuerpo entregado al placer.

Tomás Pérez Turrent, teórico del cine dijo, como si se estuviera refiriendo a Jancsó que el nuevo cine ha roto con la dramaturgia, con la construcción de personajes, de acuerdo con leyes sicologistas, con el tipo tradicional de dirección de actores. En lugar de descansar en estructuras, leyes o esquemas caducos, el nuevo cine tiende a estar más cerca de la vida y a rendir en su integridad un acontecimiento o un fenómeno determinado de la realidad, con toda su complejidad, sin seguir un camino, sino asumiendo las desviaciones, todo lo que parece alejar el filme del motivo dramático principal, dejándose llevar por las digresiones, explotando los límites genéricos tradicionales. Todo ello parece dar al cine un aspecto caótico y difícil, pero en realidad le confiere una riqueza y una libertad, una libertad que se extiende hasta el espectador, después de haber roto con sus hábitos”.

Y esto lo logra, de alguna manera Miklós Jancsó con sus Vicios privados, virtudes públicas. Una película que no explica, expone.