Hasta aquí el sueño mundialista de la selección Colombia de fútbol

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A pesar que la selección colombiana no brilló como en otras tardes y fue bastante insegura en la marca y en los pases, vendió cara su derrota. Luchó hasta el último segundo, acorralando de alguna manera a la pentacampeona que sigue su recorrido hacia la gloria sin merecimientos futbolísticos.

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Nelson Lombana Silva

En un partido deslucido, con mucha falta e imprecisión en el tradicional toque de balón, la selección Colombia de fútbol le dijo adiós al mundial de 2014. Hasta aquí el maravilloso sueño mundialista del deporte más popular en el planeta Tierra. El fútbol es un juego y a su vez, un negocio suculento de unos cuantos, que en el caso particular de Colombia llegó a su fin.

A pesar que la selección colombiana no brilló como en otras tardes y fue bastante insegura en la marca y en los pases, vendió cara su derrota. Luchó hasta el último segundo, acorralando de alguna manera a la pentacampeona que sigue su recorrido hacia la gloria sin merecimientos futbolísticos. La selección Brasil de 2014 no es la selección Brasil que estamos acostumbrados a ver, una selección llena de astros que trata el balón con sutileza y lo hace circular por la cancha como verdadera sinfonía, elucubrando siempre jugadas y pases magistrales. En esta oportunidad no hay nada de eso. Se vio un verdadero bartoleo como equipo de pueblo.

Colombia avanzó en la arena internacional y comenzó a mostrar una aptitud y actitud distinta, a romper mitos de inferioridad y complejidad. Con todos sus emocionantes errores enfrentó a la selección Brasil y la puso en calzas prietas. Así lo dice el mismo marcador: 2-1.

El árbitro dejó muchas dudas. No fue garantía como todo el mundo lo esperaba. Durante el primer tiempo y parte del segundo dejó la sensación que las tarjetas se le habían quedado en el camerino. Al parecer tenía que haber expulsado al arquero de Brasil, pero no lo hizo. Hubo pérdida deliberada de tiempo, con la frecuente presencia de varios balones en el terreno de juego. Le anuló un gol a Colombia bastante dudoso y pitó una falta que dio origen al tiro libre del equipo local.

Todo eso hace parte de la mafia del fútbol. No es gratuito lo dicho por Carlos Marx de que todo lo prostituye, lo corrompe el capitalismo, y por supuesto, el fútbol no es la excepción. En el capitalismo, generalmente no gana el mejor, gana el que le convenga al establecimiento, al régimen dominante. Como en las elecciones, el pueblo vota pero no elige.

De todas maneras, la vida continúa. Sigue Colombia con su aguda problemática socioeconómica y política, sigue la lucha por la unidad y la resistencia de las masas y continúan las perspectivas de la cristalización del proceso de paz que se viene construyendo en la isla de la Libertad (Cuba) entre las fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, Ejército del Pueblo, FARC-EP y el gobierno nacional de Juan Manuel Santos Calderón.

En un país en paz, con verdadero rostro humano, florecerán muchos James Rodríguez o David Ospina en distintas regiones de la patria. Habrá posibilidad de construir campos deportivos y se cortará la desgracia de tantos deportistas tener que entrenar con hambre y con dineros sucios y de dudosa procedencia. He ahí la relación deporte con la paz. No son hechos aislados. Uno con el otro tiene estrecha relación.

El mundial continuará su desarrollo. Lo preocupante es que el fútbol explosivo, alegre, sutil y profundo mostrado por el combinado nacional ya no estará presente. Predominará el fútbol neoliberal. Es decir, mercantil, en donde predominará el interés económico sobre el espectáculo. “El fin justifica los medios”, diría Nicolás Maquiavelo.

Hay que felicitar a toda la selección y su grupo técnico. Nos hicieron soñar y de qué manera. El fútbol tiene mucho de surrealismo mágico, mucho de fantasía y mucho de crudo realismo. Se perdió con dignidad. ¡Que viva el fútbol! ¡Que viva la selección Colombia! ¡Que viva la unidad de los pueblos alrededor del deporte! ¡Que viva la paz con justicia social!