Guerra y paz

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José Ramón Llanos

Una vez más el país y los ciudadanos, se aferran a la posibilidad de que Colombia inicie y consolide el sendero que permita recorrer un período de paz y prosperidad. La mayor parte de nuestra historia ha discurrido entre guerra y zozobras. El siglo XIX, discurrió entre los conocidos 20 conflictos de liberales y conservadores, hicimos el tránsito del siglo XIX al XX con la llamada Guerra de los mil días. Pasamos de este siglo al actual con las guerrillas de las FARC-EP, el  ELN y el EPL.

Estas guerrillas tenían la finalidad de deponer los gobierno y regímenes liberales y conservadores, que detentando el poder, lo usufructuaban exclusivamente para defender sus intereses y para entregar los recursos naturales, minas y petróleo al servicio del imperialismo inglés y norteamericano,

Desde el siglo XIX los gamonales despojaron de sus tierras a los indígenas y se apoderaron de los baldíos para conformar sus grandes latifundios: recuerden que el 0.4% de los latifundistas poseen el 46% del total de la tierra rural. Según el Censo Agropecuario de 2017, en las regiones de minifundios, el 20% de sus habitantes son analfabetas. O sea que los gobiernos de los partidos tradicionales han usufructuado el poder político casi exclusivamente para su beneficio.

Las próximas elecciones de mayo-junio presentan la posibilidad de que un candidato no perteneciente a la ya manida clase gobernante llegue a la presidencia, con un programa que defienda la paz y su implementación y además, con audaz componente social, ya ejecutado y probado por el candidato Gustavo Petro, durante el ejercicio de su alcaldía en Bogotá. Precisamente este hecho valida y da seguridad a los miles de electores, que las promesas de la Colombia Humana se cumplirán. Este programa solo aterra a quienes consideran que sus dinastías fueron creadas por Dios para apoderarse de las riquezas nacionales para su exclusivo beneficio. Les aterra que Petro cumpla con el compromiso del relevo y superación de las quince familias que nos han gobernado hace 200 años.

Sabemos que algunos pretenderán con trampas y subterfugios impedir la presidencia de Gustavo Petro. Otros, los más violentos, los que deshonraron las Fuerzas Militares, sometiéndolas a las acciones criminales de los paramilitares, que recuerden que al can no lo emasculan dos veces. Cualquier intento de recurrir a esos genocidas, puede encontrar la masiva y efectiva respuesta popular. Precisamente en estos días rememoramos la respuesta violenta pero desorganizada del pueblo frente al magnicidio de Jorge Eliécer Gaitán. La paz está en manos de Petro y en la sensatez de la oligarquía.

Petro tiene la sagrada misión de gobernar para la inmensa mayoría del pueblo. Con tu voto contribuye al triunfo de los excluidos y de la real democracia en Colombia.

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