Gran homenaje póstumo a Nicolás Suescún

0
88
En la mesa que presidió el evento, de izquierda a derecha, Julio Lamboglia, Álvaro Castillo, Ricardo Sánchez, José Luis Díaz-Granados, Jóse Ramón Llanos y Jaime Caycedo.

Armando L. Acosta

El día 19 de mayo en el recinto del Instituto León Tolstoi, convocados por la Corporación Colectivo de Artistas, Luis Vidales y el Departamento de Artes y Cultura del Partido Comunista Colombiano se le rindió un homenaje póstumo a Nicolás Suescún, poeta, narrador, ensayista, diseñador y notable traductor bogotano. Los intelectuales Ricardo Sánchez, José Luis Díaz-Granados, Jaime Caycedo, Julio Lamboglia, Álvaro Castillo y José Ramón Llanos, bajo la coordinación de Edgar Montañez, en sus intervenciones destacaron la obra poética, narrativa, el compromiso social y la personalidad del autor del libro Bag-Bag.

El acto comenzó con la lectura de una carta del poeta Fernando Rendón, leída por el cineasta Edgar Montañez. El texto destacaba la elevada condición humana, su solidaridad y auténtico compromiso con la causa de los pueblos indígenas y afrodescendientes. “Te recordamos, anotaba la carta, Nicolás, sereno, generoso, vigilante. Nuestra resistencia compartida, te queremos y evocamos con amor abrazamos con el más profundo sentimiento de hermandad. En esta hora en que ya no estás con nosotros aparentemente, pero en la que estás más que nunca en nuestros pensamientos al lado de nuestra resistencia compartida, te saludo a tí, a Margarita y a todos los concurrentes a esta reunión a tu memoria para reconocer tu paso pausado en este mundo a través de este país en que luchaste al lado nuestro y de millones de colombianos por una paz profunda y definitiva de Colombia. Los docentes Ricardo Sánchez y José Ramón Llanos, hicieron un análisis de la novela -considerada por algunos críticos y lectores antinovela-, Los cuadernos de N, destacaron la originalidad de su estructura, la utilización de refranes, anécdotas, citas de intelectuales destacados para desarrollar el tema de la obra. Señalaron también el acelerado deterioro del personaje N, como una expresión de las condiciones sociales imperantes en el país. “El señor N es todo y es nada. Es un personaje bien definido.” Este libro, afirma Ricardo Sánchez, trata de discursos fragmentados, sobre la individualidad de estos tiempos. Es un libro sabio sobre la vida. El campo literario de N es pura literatura, en toda su dimensión. N es fatalista porque la vida, la sociedad, la ciudad, las calles, su gente su mundo interior son fatalistas… N es un escritor, un sujeto capaz de narrar su existencia, despojo de vanidades, con narrador múltiple, mirada crítica de lo social… Un libro pese a todo lleno de esperanzas”.

Álvaro Castillo disertó sobre la novela Opiana, la cual calificó como “un libro escrito con delicadeza de orfebre y de artista. Una pequeña joya de artesano. Un libro que puede ser leído en voz alta y saborear cada una de sus palabras. En esta novela Nicolás Suescún logró lo que siempre buscó: la belleza en medio de la vida cotidiana. Esa que habitamos todos los días…”.

Julio Lamboglia después de destacar la permanente presencia del autor de El último escalón en las actividades del Partido Comunista y su compromiso con la causa popular, leyó poemas de Nicolás Suescún y poemas de su libro en proceso de edición.

Finalmente, José Luis Díaz-Granados, hizo una emocionada evocación de Nicolás y de la fraternal amistad que lo unió a “ese poeta extraordinario” El autor de Los papeles del infierno, remozó recuerdos de sus vaivenes juveniles por las calles y sitios de la ciudad, describió tan bellamente la urbe que sus palabras parecían pinceladas construyendo una acuarela: “Yo tenía catorce años y él 22, tengo muy fresco en la mente el recuerdo de su figura física, amable, siempre sonriente que cercaba su timidez, un ser siempre radiante, bueno, regocijado… Desde esos tiempos remotos era un emblema de nuestros tiempos permanentes. Cuando conocí a Nicolás Suescún, andariego como yo, por la séptima, por los recovecos inequívocos del centro de Bogotá, por el Chapinero que comenzaba en el Café Linares, la carrera trece hasta desembocar en la calle sesenta”.

Jaime Caycedo, en breves palabras expresó el poco trato que tuvo personalmente con Nicolás, debido a sus compromisos políticos, pero reconoció la calidad de su obra y su identidad con la lucha política.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

*