Golpe a política intervencionista norteamericana: La renuncia de PPK

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Kuczynski dejó el poder, abrumado por los escándalos de corrupción.

La salida del mandatario peruano, envuelto en varios escándalos de corrupción y la toma del mando por su anterior vicepresidente, no garantizan un período de tranquilidad política en el Perú

Alberto Acevedo

Con la renuncia del presidente del Perú, Pedro Pablo Kuczynski no solo se evidencia un fenómeno de absoluta corrupción en las altas esferas del poder en el país inca, sino que de alguna manera resiente también la política injerencista de los Estados Unidos en la región, especialmente contra la Venezuela bolivariana, que ha cumplido 15 años de asedio por parte de Washington.

Kuczynski, quien renunció el pasado 21 de marzo, se había convertido en el más fiel aliado, junto a Juan Manuel Santos, de la política anti venezolana, agenciada por la Casa Blanca, y trabajaba para impedir que el presidente Nicolás Maduro asistiera a la próxima Cumbre de las Américas, prevista para los días 13 y 14 de abril en la capital peruana.

El exmandatario había expresado su intención  de que los países del denominado ‘Grupo de Lima’ cerraran filas para evitar la presencia del presidente venezolano en la cita regional. Ahora, las fuerzas de la derecha conservadora del continente quedan más debilitadas para imponer cualquier tipo de restricción a la participación en la Cumbre de las Américas. Entre tanto, comienzan a levantarse voces en el continente, que reclaman el aplazamiento indefinido de esta Cumbre, que en manos de sus organizadores se ha convertido en plataforma contra los gobiernos progresistas de la región.

Caudal político por la borda

La reciente designación de Mike Pompeo, exjefe de la CIA, como responsable del manejo de la política exterior de los Estados Unidos, presume el recrudecimiento de las hostilidades contra Venezuela, Cuba y demás gobiernos que en el continente no se pliegan a los dictados de Washington. Pompeo, además, es íntimo amigo del senador Marco Rubio, probado enemigo de la revolución cubana.

En el caso reciente del Perú, estos planes se resienten con la salida de la presidencia de Kuczynski. Este, como han divulgado otros medios de prensa, presentó su renuncia el 21 de marzo pasado, después de que se evidenciaron varios escándalos de corrupción y de compra de votos de legisladores. Pero esta renuncia ya estaba cantada, desde el 24 de diciembre del año pasado, cuando en una decisión escandalosa concedió un indulto al expresidente Alberto Fujimori, acusado de crímenes de guerra y genocidio.

Recordemos que Kuczynski edificó su campaña electoral con  un discurso en el que prometió que jamás concedería un indulto o a un criminal de guerra. Y al violar esta promesa, echó por la borda su caudal político. Lo de Fujimori fue una transacción con uno de los hijos de este, para fraccionar una mayoría parlamentaria que quiso adelantarle un juico por corrupción por haber recibido dineros de Odebrecht.

Gobierno débil

Pero ahora, la publicación de unos videos en los que precisamente el hijo de Fujimori aparece, a nombre del oficialismo comprando el voto de varios parlamentarios, colmó la copa de los escándalos y el exmandatario no tuvo más remedio que presentar su renuncia.

El pasado 23 de marzo, asumió como presidente en funciones, Martin Vizcarra, vicepresidente de la nación y embajador en Canadá. Vizcarra había sido vinculado al servicio diplomático, para eludir un escándalo por corrupción que quiso adelantarle el bloque de oposición. Vizcarra además no tiene el respaldo de un  partido político ni una bancada parlamentaria propia.

El nuevo gobernante, al posesionarse, propuso un “nuevo pacto social” en la nación peruana. Pero considerando la corrupción, que en el caso de Odebrecht también vincula a los líderes de la oposición parlamentaria, parecería más bien un pacto social entre mafias.

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