¿Giro a la derecha?

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Sergio de Zubiría Samper

Se pretende construir una matriz mediática de opinión pública que postula como inexorable el giro del mundo hacia la derecha. Los avances del Brexit, Trump, Le Pen, el plebiscito colombiano del 2 de octubre, etc., son mostrados como síntomas incuestionables de este destino inevitable. Hasta algunos titulares de prensa pronostican el cierre definitivo del “ciclo” de los gobiernos progresistas y de izquierda en Latinoamérica. Y en Colombia los adversarios de la paz quieren promover el inmovilismo a través del supuesto triunfo anunciado de la coalición de centro-derecha.

La respuesta a esta ofensiva ideológica es urgente y no puede perder el horizonte de ciertos postulados filosóficos de la tradición dialéctica. El primero de ellos es la constatación que no existen procesos sociales mecánicos e inexorables. Mientras exista un margen de libertad humana son los seres humanos los que hacen la historia condicionados por ciertas circunstancias. El segundo postulado es la necesidad constante de develar las contradicciones de todo proceso político. No existe ninguna situación humana, política y social, que no esté colmada de contradicciones fundamentales. La tercera premisa es afirmar como en el campo de la historia se pueden avizorar tendencias, inclinaciones o preferencias, pero nunca “leyes absolutas”. La historia social poco se parece a una fórmula matemática.

Un análisis matizado y en clave de contradicción de la situación política nos muestra claves más complejas de interpretación. En primer lugar, los movimientos anti-sistema de izquierda y derecha se han multiplicado en el mundo en la última década. En el caso europeo, los movimientos de oposición de derecha son fuertes en Francia (Frente Nacional), Países Bajos (Partidos para la Libertad), Austria (Partido de la Libertad), Suecia (Partido del Pueblo), Dinamarca (Partido del Pueblo), Finlandia (Filandeses Verdaderos), Gran Bretaña (Partido de la Independencia); en España (Podemos), Grecia (Syriza), Irlanda (Sinn Fein) y Portugal (Coalición Democrática Unitaria), son movimientos importantes de izquierda al orden social vigente. En segundo lugar, ciertos avances de la ultraderecha son expresión al mismo tiempo del fracaso de la globalización neoliberal y una respuesta conservadora a la profunda y prolongada crisis del capitalismo. La fase actual de acumulación capitalista no goza de buena salud. En tercer lugar, las posibilidades de desatar el descontento neoliberal por vías anti-capitalistas no está y nunca estará cerrado. Muchas de estas potencialidades dependen de interpretar adecuadamente las aspiraciones de los pueblos, el incremento de la lucha social, los niveles de organización, el debate ideológico, las respuestas comunicativas y culturales, sin perder nunca la imaginación creadora en el campo de lo político.

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