Género: un prejuicio social que no nombra o del binarismo como categoría mandada a recoger

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Manuel Velandia

Manuel Antonio Velandia Mora
@manuelvelandiam

Desde hace casi una década tengo el cabello azul y ahora lo tengo más largo que nunca, ello ha significado que en repetidas oportunidades se dirijan a mí como “señora”. Esto en realidad no me preocupa, creo firmemente en el derecho a no ser cisgénero y doy gran importancia a las luchas activistas contra dinámicas a la patologización, categorización y exclusión de las diversidades corporales y de género.

Esto por supuesto me lleva a reflexionar, sobre qué significa eso que llamamos género. Si me preguntaran qué es el género, yo diría que es una explicación que hacemos de la otra persona a partir de nuestros propios prejuicios. Mi propuesta dista de lo que el diccionario de la RAE, Real Academia de la lengua española define: Género, Del lat. genus, -ĕris. Masculino. Conjunto de seres que tienen uno o varios caracteres comunes. / Grupo al que pertenecen los seres humanos de cada sexo, entendido este desde un punto de vista sociocultural en lugar de exclusivamente biológico.

Aun cuando la gente cree que el concepto género ha existido desde siempre, fue en 1947 cuando el norteamericano John Money, (a quien tuvimos en Medellín invitado por la Sociedad Colombiana de sexología) inventó el término “género”, diferenciándolo del tradicional <sexo> para nombrar la pertenencia de un individuo a un grupo culturalmente reconocido como <masculino> o <femenino>”. El término inicialmente fue propio de los campos de la psicología y la sexología norteamericana, y que pronto se convirtió en un derrotero que logra la transformación del sexo y sus explicaciones hasta convertirse en un instrumento de gestión política de las vivencias de los géneros y los cuerpos.

El género es una categoría que a priori asignamos a les demás. El problema, que no es de la ciencia, pero sí de la vida cotidiana, no sólo es que las personas generalmente asignan un género a las demás personas, sino que además comprenden que su explicación sobre esa persona es la realidad. Usualmente, consideran que somos objetivas en sus análisis y asignaciones, y no logran darse cuenta que la explicación sobre el género es una construcción desde la subjetividad.

Las Tupamaras by MVelandiaM

La categoría de género es un concepto inestable y ecosistémico, propio de un tiempo, de una cultura, de una sociedad, de un tiempo determinados. Lo que es masculino aquí no necesariamente lo es allí. Lo que fue masculino hace algún tiempo puede pensarse como femenino en otro tiempo. El deber ser del género es una repetición constante, pero en la práctica como toda repetición su vivencia es dinámica y por tanto cambiante. En consecuencia, el género es performativo, es un ritual, una coreografía, un discurso, una emoción, pero nunca una expresión natural y tampoco una constante cultural en el discurso de las sexualidades.

No hay un determinismo biológico, nuestro destino no está determinado por nuestra anatomía. Cuando se piensa en género se suele sumarle al concepto una serie de categorías biológicas binarias soportadas en que sólo es posible ser el macho o la hembra de la especie. Ya hemos hablado previamente en otros artículos de que los sexos no son dos, sino que hay un sin número de intersexualidades. Por lo tanto, no puede haber dos géneros.

El binarismo es el soporte básico de la construcción que explica el género. Las personas no necesariamente se tienen que identificar con un género y considerar que este es correspondiente a un sexo; es decir, que a los machos les corresponde el género masculino y a las hembras les corresponde el género femenino.

El género es una tradición. Hemos sido criados desde una perspectiva macha, misógina, falocéntrica, en la que “lo normal” es un modelo relacional heteropatriarcal y, en consecuencia, se espera una vivencia del “deber ser”, marcada por la heteronormatividad.

Vivencias no binarias. No es algo nuevo que los seres humanos no vivan en esa correspondencia binaria, a lo largo de la historia algunas personas no se identifican como cisgénero, así este término se ha de este siglo; es decir, como aquellas en las que coinciden el sexo asignado con la asignación de género que les dieron al nacer. Asignaciones que sólo serían posibles para las personas intersexuales.

El género está signado por un imaginario heterocentrista que por igual es naturalista y biologicista, cuya lógica es dicotómica. Esta lógica es excluyente, en ella el ser parece estar obligado a ser y adscribirse a “A” o “B”, negando la existencia de lo que ocurre entre los dos extremos. Cabe aquí señalar que entonces existe una gran multiplicidad de posiciones.

El género es dinámico, porque los géneros NO son dos: la “masculinidad” y “la feminidad” (perspectiva binaria del “deber ser”). El género es cualquier punto en un continuo cuyos extremos, que son la “masculinidad” y “la feminidad”, son móviles. Las masculinidades y las feminidades NO son estáticas sino ecosistémicas: propias de un tiempo, de una cultura, de una sociedad y de unas relaciones sociales, pero especialmente es una construcción particular.

De acuerdo a la reconocida activista Trans Kim Pérez (2011): “las identidades de sexogénero agrupan o disgregan a las personas en nebulosas, de límites indefinidos, formadas por un «más o menos (…) Hay por tanto un conjunto difuso de «hombres», formado por personas de identidad «más o menos» masculina, otro de «mujeres», en el que se agrupan personas «más o menos» femeninas, otro de «intersex»”.

El cuerpo no es normal. En la lógica binaria se escapa el amplio espectro de la diversidad de los cuerpos intersexuales, y, por supuesto también, el de los cuerpos “normales”. Esta “normalidad” que se asigna desde antes de nacer y se corrobora, generalmente, en el nacimiento, se ve trastocada en el ejercicio de la vivencia de cuerpos cuya explicación y vivencia se considera abyecta y monstruosa y en consecuencia es estigmatizada, negando la posibilidad de la existencia de personas transcuerpo y/o transgénero que amenazan la lógica de la frontera como límite. La persistente ruptura de tales fronteras rearticula los límites haciéndolos sutiles y re-significando el espacio corporal, su vivencia y la emoción que ella genera.

El género y el cuerpo son matices que cambian desde las ópticas de la vivencia, la explicación y la emoción que generan. Al ser un punto en un continuo, el sujeto, la sujeta, le sujete puede optar en qué lugar de ese continuo desea ubicarse, creando la posibilidad de movilidad al interior del propio continuo.

El género puede ser fluido. Algunas personas deciden vivir por fuera del binarismo de género, no asumen necesario identificarse ni con lo masculino ni con lo femenino. Se presentan a sí mismas como no binarias y se definen como de género fluido. También se le conoce al género fluido como género creativo o género neutro. Para elles es claro que la identidad de género de una persona no depende de sus genitales.

Dichas personas relatan que en algunos momentos se identifican como mujer o femeninas, otras como hombre o masculinas, y que incluso tienen etapas en la que no se identifican con ningún género. Elles son conscientes que el género es una etiqueta de quitar y de poner, y algunes incluso consideran que NO es necesario tener una etiqueta, aun cuando para afirmarlo se etiquetan como personas agénero, cuya experiencia es simplemente estar siendo sin tener que rotularse, adscribirse a un grupo, limitarse en sus opciones.

Desde las lógicas más contemporáneas del género, el binarismo fue inventado para poder colocarnos y dividirnos en casillas. Su interés es no aferrarse a las categorías que han pensado otros para ellos, ellas y elles. Esta lógica no binaria nos ha llevado un cambio social cada vez más acelerado y a una transformación de las relaciones en el encuentro consigo misme y les demás.

El género como información legal en Colombia. En los documentos de identidad en Colombia, y general en todo el mundo a las personas se les asigna un sexo, y en el documento se anota un género. En ese país la corrección el sexo-género documentos de identidad es un derecho del que goza toda persona colombiana, pero es un mecanismo que fue creado especialmente para las personas transgénero, derecho que fue posible gracias a la sentencia t- 063 de 2015 de la corte constitucional y que dio paso a la creación del decreto 1227 de 2015. La corrección del sexo-género al que podían aspirar las personas transgéneros debía hacerse ante un juez por medio de proceso de jurisdicción voluntaria al cual se tenía que aportar exámenes psicólogos y realizarse una operación de reasignación de sexo, lo que resultaba costoso e invasivo para la persona. pero con la creación del decreto 1227 de 2015 esa condición se eliminó. En la actualidad toda persona mayor de edad puede solicitar la corrección de su componente sexo-género en registro civil y demás documentos ante un notario allegando solamente cédula de ciudadanía, el registro civil y una declaración juramentada donde manifieste que desea hacer el cambio.

En Suecia, se resolvió la situación creando el género neutro; en la versión del diccionario de la Academia sueca, editada en 2015, se incluyó un nuevo género, hen, para las personas que no quieren identificarse con el femenino (ella: hon) ni el masculino (él: han). La academia de la lengua española por supuesto se ha negado a pensar en esta situación.

El problema no es de lo que afecta o no afecta el diccionario, el hecho real es que esto está sucediendo y que a pesar de los derechos de las personas de los sectores LGTBI y de las diversidades de géneros y cuerpos es necesario crear y apropiar un lenguaje incluyente, en el que todes quepamos.

 

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