Francia: El sindicalismo contra la reforma

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El primer ministro francés Manuel Valls considera que no debe retirarse el proyecto de reforma porque es “vital” para la economía del país. En esta valoración se identifican con el ministro la patronal en general, el partido conservador, el republicano y el sector centrista del Partido Socialista.

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El contenido de la reforma tiene algunas disposiciones que ya existen en la legislación laboral española, especialmente lo relacionado con la reducción de la indemnización por despidos injustos. El monto de la indemnización por despido injusto al personal con más de 20 años de antigüedad se reduciría en un 40 por ciento, pasando de 27 meses de indemnización a 15 meses. Se abre la posibilidad de flexibilizar la jornada de trabajo que actualmente es de 35 horas semanales. La reforma laboral contiene una trampa que reduciría la fuerza de las organizaciones sindicales, es el artículo que pretende que los acuerdos entre el sindicato y el empresariado estén por encima de los acuerdos sectoriales.

El primer ministro francés Manuel Valls considera que no debe retirarse el proyecto de reforma porque es “vital” para la economía del país. En esta valoración se identifican con el ministro la patronal en general, el partido conservador, el republicano y el sector centrista del Partido Socialista. El apoyo del empresariado es incondicional y radical. Tiene agendado un diálogo con Hollande, pero ya ha hecho saber que no está de acuerdo con cambios significativos en el proyecto “que va en buena dirección”. Que el proyecto de reforma laboral es altamente positivo para el empresariado, lo expresa claramente la denominación del documento: “nuevas libertades y nuevas proyecciones para las empresas y activos”. Más claro ni un clarín.

La oposición al proyecto gubernamental lo representa el movimiento sindical y especialmente la Confederación General del Trabajo, CGT. Philippe Martínez su vocero considera que el gobierno el fin que persigue es precarizar la situación de los trabajadores, como ya lo han hecho otros gobiernos del continente. Por tanto, el rechazo al proyecto es total y aparte de las movilizaciones actuales, preparan una movilización y una huelga general el día 28 de abril, cuando se proponen superar el millón doscientos mil ciudadanos que movilizaron el 31 de marzo. El momento político es interesante y presenta característica favorables para los trabajadores y estudiantes. Mientras la protesta crece día a día el gobierno tiene una extrema debilidad, la aceptación de François Hollande es sólo del 17 por ciento.