¿El fin de la izquierda?

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Gabriel Becerra
@Gabocolombia76 

En Semana.com Ariel Ávila ya se adelantó a señalar a la Lista de la Decencia de dar un “golpe mortal” a la izquierda, por inscribir una lista de coalición entre UP, MAIS, ASI, Colombia Humana y la Opción es Clara, omitiendo informar el portazo que recibieron estos movimientos por parte de las directivas del PDA y la Alianza Verde para conformar una sola lista entre todos, que no tuviera problemas con el umbral y pudiera aspirar a una gran bancada alternativa.

Si bien es cierto, la lista unitaria al Senado no fue posible por estos sectarismos y vetos, no precisamente de los “radicales”, y la izquierda y sectores progresistas se encuentran dispersos no en tres, sino en cuatro listas: PDA, Lista de la Decencia, FARC y Alianza Verde, pareciera muy apresurado anticiparse a señalar culpables, y muy oportunista, estigmatizar la Lista de la Decencia, llamando  a un supuesto voto útil.

Reducir la izquierda, incluso en el campo electoral, al PDA en particular, que en los últimos años progresivamente se ha venido achicando, impide reconocer su diversidad y la complejidad de su proceso de reagrupamiento en curso. La izquierda como campo ideológico, político, electoral y social es en Colombia y el mundo contemporáneo mucho más plural que la simplificación entre “vieja y comunista” y “nueva” y “posmaterial”. Un análisis de los procesos políticos latinoamericanos de los últimos 20 años, permiten reconocer su riqueza y diversidad, y ampliar esa mirada estrecha que algunos comentaristas por desconocimiento o interés político han querido concluir.

Ahora que Colombia avanza en la superación del conflicto armado y se profundiza la crisis política y ética de las élites y partidos tradicionales, se abre una oportunidad excepcional para un proyecto democrático, modernizador y progresista en el cual la izquierda puede cumplir un papel de liderazgo. La Lista de la Decencia expresa un esfuerzo legítimo por reagrupar fuerzas ante la imposibilidad de una mayor convergencia, y no precisamente un obstáculo para dividir. Elegir sus voceros sería un aporte a una bancada para la paz y un impulso renovador para la misma izquierda.

Por ahora, ante el error de no llegar a acuerdos para listas unitarias que ponen en riesgo la superación del umbral, el peor camino para todos es el de dedicarse a los señalamientos mutuos que profundicen las heridas, en cambio de conquistar a nuevos electores. El 11 de marzo con los resultados la realidad impondrá su veredicto: la izquierda logra garantizar una bancada representativa en el congreso y se dedica a fortalecer una candidatura presidencial unitaria con otros sectores democráticos, capaz de competir a la alianza de las derechas, o definitivamente, una vez más, inclusive con los votos suficientes pero dispersos en varias listas, deja otra constancia histórica de lo que no se debe hacer.

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