Fidel, grande entre los grandes

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El poeta cubano y director de Casa de las Américas, Roberto Fernández Retamar; Gladys; y el poeta Jose Luis Diaz-Granados; saludan al comandante en Jefe Fidel Castro.

¿Qué relámpago mágico, qué conjunción astral, qué prodigio de la naturaleza hicieron posible la encarnación de esa humanidad particular aquella noche huracanada?

El poeta cubano y director de Casa de las Américas, Roberto Fernández Retamar; Gladys; y el poeta Jose Luis Diaz-Granados; saludan al comandante en Jefe Fidel Castro.

José Luis Díaz-Granados

Dentro de cien, doscientos, quinientos o mil años, el siglo XX se conocerá como un siglo fundacional.

Por primera vez, en miles de años y centurias, los indomables corceles se acabaron como símbolo militar y vehículos de combate: vinieron los tanques de guerra. El hombre voló por primera vez, y no solo voló la geografía terrestre sino que conquistó los espacios insondables comenzando por la hazaña sin igual de Yuri Gagarin. Einstein fue más allá de Newton con la teoría de la relatividad. Nació una dimensión estética absolutamente novedosa: el cine, con Chaplin y Eisenstein.

El arte conoció insospechadas dimensiones manadas del inconsciente y del genio del ser humano: el cubismo con Picasso, Matisse, Leger; el flujo desordenado de la conciencia convertido en maravillosas palabras, con Joyce, Proust, Kafka, Hemingway y nuestro portentoso mago verbal, Gabriel García Márquez. Y otras dimensiones inauguraron nuevas formas del goce espiritual con la música de Strawinsky, Prokofiev y Shostakovich, el teatro Bolshoi, el ballet de Alicia Alonso y la arquitectura del comunista Óscar Niemeyer. Y la poesía alcanzó las más altas cumbres en la búsqueda de significados a las sombras con Maiakovsky, Eliot, Paul Eluard, Pablo Neruda y Nicolás Guillén.

Y con el triunfo de la Gran Revolución Socialista de Octubre en Rusia, bajo el liderazgo extraordinario del camarada Vladimir Ilich Lenin y la conquista del poder para los sóviets, hubo un momento estelar en la humanidad ­—independientemente de su duración o de sus contradicciones— y fue que, por primera vez en la historia, por encima del pueblo no hubo nadie que lo explotara y lo oprimiera.

La cuna de Fidel

Y en la cima de lo auténticamente fundacional, un 13 de agosto de 1926, nació en Birán, al oriente de Cuba, la isla infinita, Fidel Castro Ruz. ¿Qué relámpago mágico, qué conjunción astral, qué prodigio de la naturaleza hicieron posible la encarnación de esa humanidad particular aquella noche huracanada? Porque vino a este mundo un hombre extraordinario, un líder nato, una energía descomunal, cubana, indoamericana, hispana, afrocaribe, nuestramericana, un héroe ciclópeo que en la vida real ha resistido y derrotado todas las avalanchas sísmicas que sus todopoderosos enemigos han inventado para destruirlo.

Este hombre no es equiparable a ningún héroe de la antigüedad, sino todo lo contrario: los más grandes líderes, guerreros, estadistas y políticos de ayer y del presente, y me atrevo a predecir que del futuro, han de parangonarse con este comandante invicto que llegó a la cima de sus 90 años de existencia, sin que ningún arañazo enemigo hubiera podido rozarlo, sin que una sola de sus centenares de opiniones visionarias haya fallado a lo largo de seis décadas, sin que haya cedido un milímetro de su pensamiento ni de su accionar ideológico y político.

Fidel lideró la Revolución Cubana, el más singular acontecimiento político, social y cultural de los siglos XX y XXI, que además de haber redimido a su pueblo —un pueblo rebosante de heroísmo, dignidad, resistencia y solidaridad—, dirigió con ejemplar valor la primera derrota del imperialismo en América Latina, y lo salvó de todas las aberraciones de la opresión y de la explotación. La Revolución triunfante en 1959 ha significado por encima de todo, la acción de amor más noble y ecuánime de todos los tiempos.

Un proyecto colosal

Fidel, junto al Che, Raúl, Camilo, Celia, Vilma, Melba, Haydée, Almeida, y junto a tantas y a tantos millares de mujeres y hombres heroicos y valerosos, ha conducido un proyecto colosal, liberador de conciencias y de despotismos, liberador de naciones colonizadas en África, Asia y América Latina. Gigante Fidel, colosal Fidel, visionario Fidel, estratega, lúcido estadista, visionario, triunfador nato, invencible, bolivariano, martiano, marxista, comunista y patriota de Nuestra América.

Solo me resta expresar sobre esta oceánica e inconmensurable personalidad —única e irrepetible, recurso natural no renovable, pero a la vez multiplicado en todos los cubanos y cubanas, y en los luchadores de todos los países por la emancipación de sus pueblos—, que somos millones y millones los seres de este mundo que estamos en perenne deuda con su acción y su gesta heroica, pero además, por la oportunidad de habernos dado educación, conocimientos, salud y las necesidades básicas resueltas en la isla querida y fraterna de nuestros corazones, por su acogida, por su ejemplo permanente de lealtad a sus ideas libertarias, por su palabra esperanzadora y por su alegría de vivir que es nuestra alegría de vivir en la lucha, en la solidaridad y en la seguridad de que un mundo mejor es posible.