¿Existe la clase obrera en el siglo XXI?

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Trabajadores de multinacional de comunicaciones, en Bogotá.

Miguel León

Una de las tendencias imperantes hoy en el análisis de la sociedad es la afirmación de que estamos en una época donde el capitalismo se ha transformado fundamentalmente, pues ha abandonado la producción industrial para concentrarse en la economía de servicios, en parte gracias al desarrollo exponencial de la informática. Por tanto, la clase obrera, tal como la conocimos a lo largo de los siglos XIX y XX, ya no existe.

A partir de estas ideas se declara la muerte del marxismo: en la medida que la clase obrera ha desaparecido, las críticas de Marx no tienen validez ni utilidad para el mundo contemporáneo, el de la era de la información con su economía de servicios.

Este tipo de afirmaciones pasa por alto el análisis de datos concretos sobre la organización social productiva, simplifica la obra del pensador alemán y oculta su potencia como herramienta crítica para pensar y transformar la realidad. Y trata de ignorar que en la medida en que la explotación es inherente a la organización social actual, los planteamientos de Marx mantienen plena vigencia.

Más allá de las coyunturas

Lo cierto es que el trabajo de Marx trasciende los análisis coyunturales, y hace énfasis en el estudio de las relaciones sociales. Marx explica que el ser humano, para sobrevivir y reproducirse, toma de la naturaleza los medios de vida necesarios para asegurar su existencia, y debe a la vez transformar eso que toma de la naturaleza para producir sus medios de vida. Esto es posible gracias al trabajo, actividad que se realiza en sociedad.

De esta forma, los cambios que se han presentado a lo largo de la historia se explican a partir de la forma en como los seres humanos se han organizado para relacionarse con el entorno y entre ellos mismos, para producir sus medios de vida, satisfacer sus necesidades y lograr reproducirse como especie. Conforme las organizaciones sociales se hacían más complejas, apareció la división social del trabajo, expresada inicialmente en la dicotomía campo/ciudad, y con su desarrollo, la estructuración de la sociedad en clases sociales, basada en la explotación del trabajo excedentario de la mayoría de la población, por una minoría que basa su poder en el control de los medios de producción.

Buena parte de las grandes transformaciones que ha experimentado la humanidad se deben a los cambios en la organización social, en las formas de explotación y apropiación del trabajo excedentario, y en las formas de control de los medios de producción. Pero hasta la actualidad, un aspecto de la organización social se ha mantenido incólume: la explotación de las clases trabajadoras.

Estos lineamientos fueron establecidos por Marx desde la década de 1840 en trabajos como La ideología alemana o La miseria de la filosofía. Pero fue en 1848 en El manifiesto del Partido Comunista donde estos lineamientos, para la compresión de la historia de la humanidad, fueron expuestos sintéticamente, planteando también las particularidades del capitalismo como organización social.

Los asalariados modernos

Las dos principales clases de esta sociedad son la burguesía y el proletariado. La burguesía surgió de la sociedad feudal, en el ámbito del comercio y la producción de manufacturas en los talleres artesanales. Se constituyen en dueños de los medios de producción en cuanto logran desplazar el régimen político que mantenía la nobleza, y pueden así disolver las relaciones producción feudales imponiendo el régimen de libre concurrencia. La explotación a través de la propiedad privada de los medios de producción, que pasa a controlar la burguesía y los cuales concentra cada vez más en cuanto afianza su poder, se da por medio del trabajo asalariado.

Por otro lado, el proletariado, la clase productiva del capitalismo, surge conforme se va configurando la burguesía. Estos dependen de los medios de producción que controla la burguesía. El proletario no posee ningún tipo de propiedad que le permita ganarse la vida, por lo que su existencia depende del salario.  La particularidad del capitalismo radica entonces en la explotación de los trabajadores por medio del salario.

En 1888, Engels va a agregar una nota de pie a la edición inglesa del El manifiesto donde aclara que por proletarios se entiende a la “clase de trabajadores asalariados modernos, que privados de los medios de producción propios, se ven obligados a vender su fuerza de trabajo para poder existir”. Esta aclaración es de suma importancia, pues Engels la introduce luego de que Marx en El capital, publicado en 1867, ha postulado su teoría del valor, lo que le ha permitido explicar detalladamente la manera en cómo el salario es la herramienta que usa la burguesía para explotar al proletariado.

En otras palabras, el estatus de proletario no está ligado exclusivamente al trabajo industrial. Las características del proletariado son establecidas por Marx a partir de un análisis social más profundo que remite a las relaciones sociales de producción: el lugar del trabajador en la estructura productiva, distributiva y de servicios, su relación con los medios de producción, las formas de explotación en que se ve inserto, etc. Las preguntas serían entonces si hoy en nuestra sociedad se han transformado esencialmente las relaciones sociales como para haber dejado atrás toda forma de explotación, o apropiación del trabajo excedentario; si las relaciones de producción capitalistas, basadas en el trabajo asalariado han sido sustituidas por nuevas y diferentes relaciones de producción.

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