Entrevista sobre la Checoslovaquia de 1968

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Movilización en las calles de la capital checoslovaca, conocida en la historia como la ‘Primavera de Praga’

Esta polémica conversación sobre la primera autocrítica del socialismo leninista truncada en Checoslovaquia por la invasión de agosto de 1968 es una pequeña muestra del razonar lúcido, crítico y comprometido del filósofo marxista español Manuel Sacristán

Manuel Sacristán

1978. Esta entrevista se debió de publicar en el órgano de las JJCC, Jove Guàrdia, pero no sé en qué número. No tengo las preguntas. (Nota de Manuel Sacristán)

A LA PRIMERA PREGUNTA. – En una conversación breve no podemos reunir ni la información imprescindible. De todos modos, aunque no sea más que para sugerir las cosas principales que hay que tener en cuenta, vamos a recordar algunos hechos y algunas fechas. El Partido Comunista había llegado al poder en Checoslovaquia dentro de una coalición democrática que había obtenido el 86% de los votos en las elecciones del 30 de mayo de 1948. Desde el final de la II Guerra Mundial en 1945, la vida política checa, como la de todos los demás países del actual bloque oriental, estaba bajo la influencia del gobierno y del ejército de la URSS, que había liberado el territorio. Pero la situación checoslovaca se distinguía de las de otros países del Este por el hecho de que checos y eslovacos (sobre todo éstos) resistieron eficazmente a los nazis e incluso culminaron su resistencia con una insurrección. Por cierto que Alexander Dubcek, el que luego sería secretario general del Partido Comunista Checo en el intento de renovación de 1968, combatió en esa insurrección y fue herido dos veces. Por otra parte, Checoslovaquia se diferenciaba también de otros países del este europeo por el hecho de que el PCCH era un partido importante, cosa comprensible en un país moderno industrializado, y por el hecho de que los checos, al revés que los polacos, los húngaros o los alemanes, por ejemplo, son (o eran) bastante rusófilos tradicionalmente.

Pero esas características diferenciadoras del PCCH no le evitaron el camino autoritario y burocrático recorrido por el partido ruso en un ambiente tan distinto. El partido impuso la dictadura de sus funcionarios, en vez de hacer posible la del proletariado. Y también cumplió con lo que parece el requisito imprescindible del modo de gobernar estalinista: la eliminación de los veteranos. El 3 de diciembre de 1952, al final de un proceso espectacular, el gobierno asesinó legalmente al núcleo dirigente histórico del partido, encabezado por el secretario general Rudolf Slansky.

A partir de 1950 aproximadamente, el país tiene un crecimiento económico importante desde el punto de vista cuantitativo, pero con un defecto serio: su aportación a otros países del bloque no industrializados antes de la II Guerra Mundial (que eran casi todos los demás) fue desproporcionada para un país tan pequeño como Checoslovaquia. Eso, y también ciertas circunstancias técnicas, impidieron conseguir una inversión suficiente y adecuada para un desarrollo de las fuerzas productivas que no fuera simplemente demográfico y cuantitativo, sino que incluyera lo que algunos científicos checos de 1967-1968 llamaron “crecimiento intensivo” o “cualitativo”: elevación cultural y científica, mejora de la vida cotidiana, etc.

Es probable que la dificultad económica y social consecuencia de esa situación fuera el marco o fundamento que hizo posible la inquietud social, política y cultural que , luego de varios episodios bajo la dirección estalinista de A. Novotny, se abrió paso definitivamente en el pleno del Comité Central del PCCH de diciembre de 1967.

A LA SEGUNDA PREGUNTA. – Como he apuntado al contestar a la pregunta anterior, los cambios alcanzan el plano político en el pleno del CC de diciembre de 1967, y se habían ido imponiendo en el partido durante los dos años anteriores. El principal mérito político del partido checo consiste en haber sido capaz de convertirse en instrumento eficaz de la voluntad popular mayoritaria. Los plenos de enero y (sobre todo) abril de 1968 consolidaron la revolución política checoslovaca hasta el punto de que para desarraigarla hizo falta una intervención militar.

En cuanto a los rasgos característicos de la revolución política checoslovaca de 1968, los dos principales son en mi opinión la devolución de la libertad política a la gente y la recuperación de la veracidad por el PC, lo que le permitió una autocrítica auténtica del régimen burocrático, así como plantear sinceramente la situación de la teoría política socialista a la vista de las luces y las sombras de la experiencia empezada en 1917 en Rusia. Por ejemplo, el PCCH no vaciló en reconocer que en el sistema burocrático “los instrumentos de la lucha de clases se dirigen contra los trabajadores” en ocasiones (Programa de Acción del PCCH). Y, como ejemplo de lo segundo, se puede leer un paso del informe de Dubcek al pleno de abril en el que, después de atribuir al partido el acierto de haber dado “vía libre a este proceso y haberse puesto a la cabeza del mismo“, reconoce que “la dirección del partido no tenía ni podía tener un plan preciso y concreto acerca del modo de proceder”.

La inevitable falta de una perspectiva sólida y plausible obliga a intentar resolver los problemas experimentalmente, por así decirlo, en el gran laboratorio social de todo un pueblo. No hará falta subrayar los riesgos de una situación así. Sin embargo, tampoco se puede pasar por alto lo que se ganaba con ella: el final del optimismo hipócrita propio de la propaganda de todo poder despótico.

A LA TERCERA. – Con la salvedad de que me parece que habría que distinguir entre las opiniones de los autores que citas, creo muy interesante esta cuestión. La coincidencia fue posible porque el miedo a la verdad, a la manifestación de la realidad, es uno de los sentimientos más extendidos entre los sectarios, igual si son de derechas que si son de izquierdas. Y en Checoslovaquia estuvo a punto de verse sin afeites y desnudo el resultado “real” de veinte años de despotismo practicado invocando el falso nombre del proletariado.

Existía sin duda el riesgo de ofensiva burguesa, con sus cabezas de puente en el seno de los mismos órganos dirigentes del estado y del partido. Pero no disimular esa posibilidad, sino resistir a ella y vencerla, era la condición obligada para pasar del autoritarismo burocrático a un régimen de transición socialista.

Hay que recordar que los comunistas checos habían previsto casi medio año antes de la invasión (que ocurrió el 21 de agosto de 1968) cuál iba a ser el pretexto de la acción militar contra ellos, si es que llegaban a emprenderla sus enemigos. Así se lee en el Programa de Acción: “Nuestro partido ha proclamado también que si una tal amenaza se presentara (la amenaza de una restauración capitalista. M. S.) utilizaría todos los medios con el fin de defender el sistema socialista. Eso quiere decir que nosotros mismos vemos la posibilidad de tal peligro. Comprendemos que ello no puede dejar indiferentes a los partidos hermanos de los países socialistas. Sin embargo, nosotros no vemos razones válidas que permitan calificar la situación actual de nuestro país de contrarrevolucionaria, afirmar que las bases del régimen socialista están amenazadas.”

También me gustaría recordar a propósito de esto unas palabras de Dubcek en el pleno de abril: “Nuestro sistema político no retrocederá a un parlamentarismo puro y simple. La democracia socialista no es una copia del parlamentarismo, típico de la democracia formal. Se trata de aumentar la independencia real de las organizaciones sociales, la representación de los intereses diversos, de convertir los órganos representativos del estado, hasta la Asamblea Nacional, en el lugar, la sede en que efectivamente se formen las decisiones políticas del estado”.

A LA CUARTA. – Sí, varios partidos comunistas, principalmente de la Europa occidental, experimentaron por la invasión de Checoslovaquia una aceleración de algunas de sus tendencias. Queda por ver si esa evolución los convertirá finalmente en agrupaciones reformistas socialdemócratas, o bien si desembocará en un nuevo planteamiento revolucionario. Se puede decir que, por ahora, la crisis de los partidos comunistas se desarrolla bajo hegemonía de sus derechas extremas, a menudo en coincidencia con la socialdemocracia y otras veces en pugna sólo táctica con ellas, sin diferencias programáticas ni sociales.

A LA QUINTA.- A la primera parte de la pregunta no puedo contestar: me falta seguridad para hacerlo, incluso información suficiente. En cuanto a la segunda, creo que los disidentes son en su mayoría reaccionarios, lo que no quita ni pone verdad a lo que dicen, como es natural, aunque sí permite barruntar lo que sería su triunfo, por lo demás inverosímil.

En cuanto a la minoría de disidentes comunistas, creo que en las JJCC deberíais familiarizaros no sólo con los nombres que citas, sino también con las ideas del ruso Roy Medvedev y del alemán Rudolf Bahro, autor, hoy en la cárcel, de un volumen (La alternativa. Crítica del socialismo real. ) que es quizá la publicación más importante de la resistencia comunista a los autoritarismos del este de Europa.

Publicado originalmente por El Viejo Topo. URL: https://www.elviejotopo.com/topoexpress/entrevista-sobre-la-checoslovaquia-de-1968/ 

9 Comentarios

  1. Sin preguntas, estas respuestas crean mas sombras que luces. Echarle la culpa al «Stalinismo» en la época del «Jruschovismo-Brezhnevismo» es una salida facil para la falta de argumentos concretos.

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