En Tolima: “Al estilo nazi, eran como bestias”

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Uno de los heridos muestra el impacto que recibió de los policías. “Dispararon a diestra y siniestra sin medir las consecuencias”.

Nelson Lombana Silva

Los campesinos participantes del paro nacional de cafeteros ubicados en la ciudad de Ibagué (Tolima), barrio Boquerón, fueron salvajemente agredidos por la Fuerza Pública, especialmente el Esmad y la Policía. Decenas de bombas aturdidoras y gas lacrimógeno fueron lanzados sin discriminación contra niños, mujeres, jóvenes y ancianos, que luchan heroicamente por un precio razonable de la carga de café, contra el alto costo de los fertilizantes, la democratización de la Federación Nacional de Cafeteros y la no utilización de las tierras cafeteras para la megaminería de multinacionales y transnacionales.

Uno de los heridos muestra el impacto que recibió de los policías. “Dispararon a diestra y siniestra sin medir las consecuencias”.
Uno de los heridos muestra el impacto que recibió de los policías. “Dispararon a diestra y siniestra sin medir las consecuencias”.

La represión es extrema: Vienen golpeando, deteniendo y destruyéndoles los alimentos, sus ollas y sus cambuches. Al estilo nazi, bien parece un sitio de concentración, donde pretende la represión rendir a los labriegos a punta de hambre, gas lacrimógeno y bombas aturdidoras, entre otras razones porque no les están dejando entrar los alimentos provenientes de municipios distantes.

El campesino David Tafur del municipio de Rovira (Tolima), vereda El Palo, fue golpeado por un miembro del Esmad en diversas partes del cuerpo, especialmente en la nuca, según señalan compañeros campesinos, siendo remitido una hora después al hospital Federico Lleras Acosta, gracias a la presión de los labriegos porque la Policía se negó a prestar ese servicio humanitario. No hizo un solo esfuerzo para llamar con urgencia una ambulancia.

Una tractomula fue incinerada al parecer por la inteligencia militar disfrazada de campesina, luego vino la provocación de subir y bajar encaravanados decenas de agentes de policía y del Esmad, más tarde la misma Policía ubicada en el puente de la variante comenzó a lanzar piedra, casi somos víctimas de una de esas con el escolta y finalmente, vino la agresión directa con las mismas armas y con la misma sevicia de los días anteriores.

Atacaron a los campesinos hasta el barrio Miramar, distante del barrio Boquerón. Dispararon indiscriminadamente. Era terrible ver madres zurumbáticas salir de sus casas con niños de tres y cuatro años, ancianos desesperados por los efectos de esos gases. Parecía un infierno, un sitio de concentración, similares a los que usó Hitler para matar a los comunistas.

Sin autoridad civil

Un amplio sector de campesinos sostiene que en estos momentos no hay autoridad civil en el departamento, solamente hay autoridad militar y represiva. Es tanta la virulencia contra el campesino que algunos medios de comunicación se han atrevido a criticar el proceder del Esmad y la Policía, medios que tradicionalmente hacen parte del esquema alienante del establecimiento. Eso nos puede dar una mediana idea de lo que viene sucediendo en el Tolima y concretamente el barrio Boquerón.

Ruth Nieto, del Comité Permanente por los Derechos Humanos-Tolima, también agredida por los gases lacrimógenos y las bombas aturdidoras declaró: “Hubo un problema con la Policía antimotines, vino a disparar indiscriminadamente a la gente con toda la rabia del mundo, arrancando los cambuches que tienen los campesinos y fue para todo el mundo el disparo de gases lacrimógenos y bombas de aturdimiento. Me presenté gritándoles: Derechos Humanos, Derechos Humanos y me tiraron tres gases más encima. La gente de las casas cercanas se están quejando porque no tienen reparo en tirarles bombas aturdidoras y gases lacrimógenos, no respetando que allí hay niños, ancianos y lisiados”.

Benjamín, otro campesino de Chaparral, señaló: “Lo que pasa es muy sencillo, lo que pasa es que los negociadores que hay en Bogotá, el gobierno no les ha dado fuego, eso me da a pensar que la estrategia del presidente Santos es cansarnos, irnos eliminando poco a poco. El campesino está aburrido porque el gobierno se ha negado a tener comunicación con la comisión central que hemos designado”.

El fotógrafo Carlos Alberto Castaño Martínez, de la exposición fotográfica “Porque el lente y el ojo no mienten”, denunció: “Esta mañana los campesinos y la Policía llegaron a un acuerdo de que no los iban a atropellar. Ahorita, cuando se presentó este impase, la Policía y el Esmad entraron allí, les golpearon las ollas, les botaron la comida. Les regaron la comida. Tengo las fotos de primera mano sobre la forma como le botaron la comida acá y les dañaron las ollas. Me parece otra arbitrariedad. Ayer hicieron lo mismo. Esta mañana llegaron a un acuerdo de que se iba a respetar eso y no se respetó. Ahí está toda la comida botada. Los campesinos que iban a almorzar les botaron toda la comidita”