El verdadero desastre

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La tumba de Antígona

Renata Cabrales

La ultraderecha colombiana constituye el verdadero desastre natural que padece nuestro país. Natural porque hasta muchos religiosos, además uribistas, cuya política de guerra y muerte impera, le hacen creer a sus incautos adeptos que su ideología está por encima de la paz, natural porque sus seguidores hacen uso de la doble moral religiosa para imponer y naturalizar la injusticia, la discriminación y la violencia en nombre de un ser superior. Y es natural que quienes han protagonizado actos de corrupción e injusticia, incluso quienes han pagado condenas por asesinatos salgan a las calles a marchar en contra de la corrupción, porque están cansados del gobierno “comunista” de Santos. Y los ingenuos, de forma natural, creen que es cierto que vivimos en un país “castrochavista”, y por eso, un 50,2% de los votantes por el plebiscito para el proceso de paz optaron por el No.

Todo lo anterior es natural en un país dirigido desde siempre por la oligarquía ultraderechista cuyo único fin ha sido perseguir y eliminar todo lo que le huela a comunismo, a justicia social, a derechos humanos. Así pues, estigmatizar y asesinar a la oposición ha sido un acto natural.

Pero lo que no es natural y ojalá no sigamos permitiendo semejante engaño, es que sucedan desastres como el de Mocoa, y ya son 500 municipios de Colombia los que están en alerta por avalanchas según el Ideam (Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales). Según su director, para evitar tragedias como las de Mocoa, “la labor de prevención es la más importante y hay que tomar medidas estructurales frente a las alertas que se pronuncian.

En El Espectador, Néstor Franco, director de la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR), dijo: “en la mayoría de ocasiones, fenómenos ambientales como el ocurrido en Mocoa responden a la deforestación de las rondas de las fuentes hídricas y de los ecosistemas de alta montaña que campesinos e industriales hacen con fines de asentamiento de la población, ganadería o siembra de cultivos. Las malas prácticas sumadas a la intensificación de las lluvias en esta temporada del año que aumenta el caudal de las corrientes de agua, generan situaciones de riesgo para las comunidades”.

La CAR, hizo un llamado reiterativo a las comunidades para que eviten seguir deforestando.

La negligencia hacia el cuidado del medio ambiente y los ecosistemas, y la corrupción que hay detrás de los recursos económicos que se distribuyen en las regiones, constituyen el verdadero desastre que se ha convertido en natural debido a la gran mayoría de las y los colombianos que nunca piensa a la hora de elegir y reelegir a los corruptos que los gobiernan; sin saber que la indiferencia nos hace cómplices de todo tipo de desastres que puedan padecer las personas más vulnerables.

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