El país y la economía van mal

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En la periferia de grandes ciudades colombianas crecen las invasiones que reflejan el aumento de la miseria. Foto J.C.H.

Mientras algunos economistas sostienen que la economía va mal pero el país va bien, el Gobierno por primera vez reconoció la posibilidad de una crisis de hondas proporciones por el Fenómeno del Niño, las lluvias y los precios del petróleo.

En la periferia de grandes ciudades colombianas crecen las invasiones que reflejan el aumento de la miseria. Foto J.C.H.
En la periferia de grandes ciudades colombianas crecen las invasiones que reflejan el aumento de la miseria. Foto J.C.H.

Editorial del Semanario VOZ

El manido argumento burgués en Colombia, que la economía va mal pero el país va muy bien, ha sido la burla del gobierno de turno para justificar las erráticas y equivocadas políticas sociales en favor del gran capital nacional y transnacional. Se podría decir mejor, que la economía y el país van mal, mientras a la oligarquía le va muy bien.

Después de años de escuchar al presidente Santos y a los burócratas funcionarios gubernamentales, que el país va muy bien, cuando faltan menos de sesenta días para que termine 2015, por fin comienzan a admitir que hay una crisis social de vastas proporciones. La responsabilidad de la misma se la endilga el Gobierno Nacional a la baja de los precios del petróleo y al fenómeno del Niño que está haciendo estragos con la lluvia y con la sequía, que se turnan de acuerdo con los cambios en la atmósfera. Pero no dice nada sobre la indolencia oficial frente a los problemas sociales y al drama de la población por la creciente pobreza que no disminuye como lo aseguran las fuentes oficiales.

El Gobierno, por ejemplo, se ha negado a aceptar el pliego de la Cumbre Agraria, que plantea salidas a los problemas del campo. Incumplió, los compromisos con el pasado paro nacional, situación que deja abocado al país a otro paro nacional agrario y popular. El ministro y los funcionarios del Ministerio de Agricultura hablan y hablan, pero atienden a los latifundistas y ganaderos que cuentan con subsidios del sistema nacional de la mermelada, el mismo que tiene condenado y huyendo de la prisión al ex ministro Luis Felipe Arias, alias Uribito.

Por primera vez, la fuente oficial admitió que las cifras del crecimiento de la economía no se van a cumplir. Según el Dane, octubre cerró con un aumento de precios al consumidor en 0.68 por ciento. Con esta cifra, influida en octubre por el incremento en los precios de los alimentos, coloca la inflación anual, a diciembre próximo, cerca al 6 por ciento.

Para octubre, de conformidad con los datos del Dane, el comportamiento de los precios fue el siguiente y significan la principal causa de la inflación: Alimentos 1.38; vivienda 0.59; otros gastos 0.50; vestuarios 0.47; transporte 0.36; salud 0.34; educación 0.06; Comunicaciones 0.05. La inflación acumulada en los últimos 12 meses es de 5.89 por ciento y la variación a los precios del consumidor fue de 0.68 por ciento.

Este ritmo de crecimiento inflacionario, generará para el próximo año alzas en arriendos, educación y vivienda. Será inevitable pese a la maniobra de la Junta Directiva del Banco de la República de aumentar las tasas de interés en favor del capital financiero.

La inflación desbordó el aumento del salario mínimo y general del presente año, que fue pactado por el Gobierno y los empresarios con el respaldo de algunos dirigentes sindicales esquiroles. Sin embargo, el flamante ministro de Trabajo, ex sindicalista Luis Eduardo Garzón, haciendo caso omiso de la inflación y de la crisis social, ya está proponiendo para el próximo año un aumento de menos del 4 por ciento del mínimo, que mide los incrementos salariales en los sectores privado y público.

Hay bastante incertidumbre para el próximo año. Todo indica que las cifras de crecimiento se reducirán y la inflación aumentará. Es la opinión de la Junta Directiva del Banco de la República.

Las centrales no pueden pactar en las negociaciones del mes de diciembre un aumento salarial por debajo de la inflación. No puede haber concesiones a empresarios y al Gobierno. Tiene que haber un salario digno que signifique realmente un golpe a la pobreza y contribuya a las necesidades básicas de los trabajadores y del pueblo. De lo contrario, el movimiento sindical tiene que estar en estado de alerta para emprender la movilización de los trabajadores con el fin de enfrentar la agresión del capital. En defensa del trabajo por un salario digno y para frenar la agresión neoliberal contra los derechos sindicales y populares.