El movimiento estudiantil resurge

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Protesta en la Plaza de Bolívar de Bogotá, de la ACEU, principal organización de estudiantes universitarios del país.

La lucha estudiantil está a la orden del día para plantar cara a una contraofensiva neoliberal que se viene implementando desde las oficinas del Ministerio de Educación Nacional, a saber, el acuerdo 2034, que es la misma reforma a la ley 30 tramitada con la careta de política pública.

Protesta en la Plaza de Bolívar de Bogotá, de la ACEU, principal organización de estudiantes universitarios del país.
Protesta en la Plaza de Bolívar de Bogotá, de la ACEU, principal organización de estudiantes universitarios del país.

Sebastián Forero

El movimiento estudiantil colombiano se dio cita una vez más en las calles, el pasado 16 de octubre, colmando de alegría y resistencia las ciudades ante los impávidos rostros de los transeúntes que vigilantes se preguntaban las razones de la manifestación.

Fueron más de 12 mil estudiantes de las universidades públicas y privadas quienes se encargaron de comunicarle a la gente que el movimiento estudiantil resurge y que, a pesar de las onerosas iniciativas gubernamentales, la lucha estudiantil está a la orden del día para plantar cara a una contraofensiva neoliberal que se viene implementando desde las oficinas del Ministerio de Educación Nacional, a saber, el acuerdo 2034, o mal llamado “Acuerdo por lo Superior”, que es la misma reforma a la ley 30 tramitada con la careta de política pública.

Por la solución del déficit presupuestal

No solo es el rechazo generalizado a esta iniciativa lo que ha generado la inconformidad del estudiantado, de los profesores y algunos rectores. La educación superior pública colombiana desde hace un buen tiempo tiene un diagnóstico de muerte súbita; son más de 12 billones de pesos que el Estado colombiano adeuda a las universidades públicas, que con el pasar del tiempo aumenta ante los ojos indiferentes de los gobiernos de turno.

Esto ha obligado a las universidades a asumir, con recursos propios, gastos que corresponden al gobierno central, elevando las matrículas, ofreciendo servicios educativos de alto costo -el precio de los posgrados es un ejemplo- y asumiendo gastos de funcionamiento. Todo esto en perjuicio de la calidad de la educación, generando un deterioro de la infraestructura de las universidades que a su vez se encuentran hacinadas y al borde del colapso.

De este modo, la exigencia es muy clara: los estudiantes reclaman voluntad política del gobierno y, como dicen por ahí, que se meta la mano al bolsillo e inyecte a la base presupuestal un billón de pesos más a las universidades públicas para el próximo periodo, y solucione a través de un plan de pago el déficit estructural.

Por el respeto a la autonomía y la democracia

Así mismo, los líderes de la MANE han señalado que la universidad colombiana padece de una crisis de derechos humanos. Hoy, dirigentes de diversas universidades del país se encuentran bajo amenazas del paramilitarismo aún rampante e impune, que se suman a una cadena de hostigamientos al pensamiento crítico y a las distintas luchas que se están llevando a cabo por el movimiento social y popular en el país.

Solo por mencionar, el caso de la Universidad Tecnológica de Pereira donde sus dirigentes han tenido inclusive que desplazarse y suspender sus actividades dentro del movimiento estudiantil para proteger su vida. Adicionalmente, los atentados a la libertad de cátedra como la reciente destitución del profesor Miguel Ángel Beltrán por parte de la Procuraduría General de la Nación, encabezada por el tristemente célebre procurador Alejandro Ordóñez, son una muestra más de la sistemática violación de la autonomía y la democracia en los claustros universitarios.

La MANE y su necesaria recomposición

La MANE vuelve a la calle, con un saldo pendiente con el pueblo colombiano. Urge de este proceso, que ha sido un ejemplo para los sectores sociales no solo en Colombia sino en América Latina, hacer una evaluación autocrítica de los errores y traspiés cometidos en el pasado para generar un verdadero bloque estudiantil fortalecido, capaz de imponer su propia agenda y de avanzar hacia ese proyecto tan anhelado: el de un nuevo modelo de educación para un país con soberanía, democracia y paz.

Este bloque no solo debe ser de contención, resistiendo las políticas antipopulares del gobierno, sino aquel que trace la senda de la nueva educación, en un proceso que se construya desde lo local, desde la base de cada una de las universidades, comprendiendo sus particularidades, siempre con el estandarte de la unidad al frente, unidad que no se diluya en las grandes organizaciones estudiantiles sino que se trata de la unidad plena del estudiantado colombiano junto a profesores y trabajadores.

Por tal razón, debe ser un gran encuentro nacional estudiantil, convocado con la mayor prontitud, el que permita debatir el futuro de la MANE y sus tareas en este nuevo momento político, que permita volver a generar una articulación seria y democrática en su seno, que se plantee una táctica y una estrategia en el corto, mediano y largo plazo, y que no pierda de vista el horizonte de la conformación de una organización estudiantil unitaria. ¡A trabajar! ¡No perdamos el impulso!