El llamado

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Álvaro Uribe y Paloma Valencia en rueda de prensa. Foto twitter.

Zabier Hernández Buelvas

La Corte Suprema de Justicia, juez natural de expresidentes, ha llamado a uno que aún se cree presidente y que actualmente es senador. Después de más de 20 años de corrupción, delincuencia, criminalidad institucional y política ligada al paramilitarismo y el narcotráfico, miles de familias víctimas de este indagado, esperan que termine la impunidad y se conozca la verdad.

El llamado a indagatoria, no es cualquier hecho en la vida política y social. Son los ecos de la paz, son las señales del cambio, es en definitiva, un nuevo momento de la vida política e institucional colombiana. Los últimos audios de la voz entrecortada de este oscuro personaje dejan ver el miedo a ser descubierto plenamente ante el país como el más sangriento y astuto criminal de todos los tiempos.

La Corte Suprema de Justicia ha sido una de las instituciones más atacadas y vilipendiadas por el partido del senador. Con la orientación de este tenebroso personaje, las Cortes han sido interceptadas ilegalmente en la actividad de sus salas plenas y en la vida privada de magistrados y magistradas. En especial la Corte Suprema de Justicia ha sido tildada de corrupta y hasta de guerrillera por parte de este personaje. Pero le llegó el turno de responder y no de cualquier manera, el llamado conlleva una serie de consecuencias que la sociedad colombiana espera que sean benéficas para el bien de la justicia y así recuperar, en gran parte, la credibilidad perdida por tanta impunidad.

El hecho de que el llamado a indagatoria del expresidente y ahora senador, se haya hecho dos semanas antes de las elecciones regionales y locales del 27 de octubre de 2019, ha sido interpretado como una señal de que la indagatoria no solo es penal, como en efecto debe ser por la magnitud de los crímenes cometidos, sino también política.

Una justicia que ha sido politizada no solo en su composición bipartidista, sino en los contenidos de sus fallos, tendrá que tener en cuenta que el señor de los caballos prepara una celada a la democracia local colombiana, intentando imponer sus candidatos y candidatas a través de gobiernos afines a la política de guerra, doblegar los espíritus de paz y reconciliación que han caracterizado las dinámicas político electorales territoriales y de paso completar un gran eslabón en la cadena de poder que tiene su cabeza en la presidencia y una parte del parlamento.

Señores y señoras magistradas, el país no quiere sorpresas ni impunidades. De todas formas, el 8 de octubre, día del guerrillero heroico, acompañaremos el llamado a indagatoria con la movilización, como mensaje ciudadano de paz, justicia y democracia.

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