El fantasma de las multinacionales y transnacionales en el Tolima (VII)

0

Así viene comprando a líderes débiles y pocos éticos la transnacional Anglogold Ashanti. Seguramente el plan de ordenamiento territorial estará a sus anchas, desconociendo las normas técnicas y científicas. Es el poder demoníaco del poder corrupto del capitalismo que solo se combate con la unidad

anglogold-2

Nelson Lombana Silva

No hay causa sin efecto, ni efecto sin causa. En el caso de las multinacionales y transnacionales en Colombia, especialmente en el Tolima, por supuesto que no es la excepción. En consecuencia, se hace necesario estudiar meticulosamente el impacto de éstas en esta parte del planeta, teniendo como eje central la causa-efecto.

El Tolima tradicionalmente ha sido agropecuario. El municipio de Cajamarca -por ejemplo– es considerado la despensa agrícola de Colombia. Los cultivos de arracacha, maíz, fríjol, alverja, papa, hortalizas, café, etc., les dieron identidad a esta comarca de casi 20 mil habitantes. Allí hay tolimenses, pero también huilenses, cundinamarqueses, boyacenses, antioqueños, caldenses, etc. Una maravillosa diversidad que la transnacional Anglogold Ashanti viene opacando en todos los renglones posibles en forma acelerada y preocupante para quienes siempre están dispuestos a levantar la bandera de la paz, la concordia y la convivencia.

Desde que comenzó a correr el rumor de la minería a gran escala en la zona, la población se fue polarizando en dos bandos bien definidos: los partidarios y los no partidarios de la transnacional en la región. Esta contradicción se ha ido incrementando peligrosamente, lo cual viene acabando con la tranquilidad de otrora, el remanso de paz que caracterizaba a este municipio. El ambiente ahora es denso y tenso. La polarización se hace realidad, sobre todo en la medida en que dicha transnacional invierte sumas exageradas en publicidad engañosa y el pueblo va despertando de ese letargo para asumir una posición crítica y consecuente con el medio ambiente.

La primera preocupación son los derechos humanos, también la libre autodeterminación de las comunidades a decidir su propio destino, sobre todo su vocación tradicional a la agricultura y la ganadería. De un solo machetazo Anglogold Ashanti quiere acabar con esta tradición e imponer a rajatabla la vocación minera. Pretende, de forma infame por cierto, cambiar todo de la noche a la mañana, sin consultar a las comunidades, que sería lo más elemental en una sociedad democrática.

Estamos ante una monstruosidad sin precedentes en la historia del Tolima, descontando por supuesto la forma bárbara como los españoles se apoderaron de estas ubérrimas tierras tolimenses. Ellos lo hicieron a sangre y fuego. Es decir: no convenciendo al contrario, sino eliminándolo física y espiritualmente.

Pareciera que la historia se repitiera, ahora con mayor felonía, utilizando medios mediáticos para alienar e impedir que el campesino asuma una conciencia de clase clara y se disponga a defender no solo el presente sino el futuro de todos. Por lo tanto, el impacto alcanza distintas áreas del conocimiento: social, económico, político, ambiental, cultural, e ideológico.

Se podrían llenar cuartillas numerosas explicando detalladamente los efectos que genera la presencia imperialista de las multinacionales y transnacionales en la vasta región del Tolima. Sin embargo, simplemente diríamos que son más los aspectos negativos que positivos que generarían estas multinacionales y transnacionales. La ecuación sencilla lo dice todo: “el rico más rico y el pobre más pobre”.

De 2003 a 2011, Anglogold Ashanti invirtió la astronómica suma de 350 millones de dólares y entre 2012 y 2014, 450 millones más de dólares, la gran mayoría en publicidad, en talleres alienantes, trasladando periodistas a Brasil, sobre todo a los directores y propietarios de los medios de incomunicación e influenciando en los asuntos internos del municipio de Cajamarca (Tolima).

El presupuesto de este municipio en 2010 fue de $11.123 millones. En ese año Anglogold Ashanti malgastó $6.059 millones comprando conciencias, apalancándose allí en forma ilegal a punta de dinero.

Hábilmente esta transnacional ha ido creando negocios, generando vínculos económicos con algunos sectores pudientes de la comunidad, con el fin de tener una especie de mampara o apoyo ante la indignación popular que se viene dando cuenta poco a poco del terrible engaño y de las graves consecuencias que generaría la explotación de la mina La Colosa.

Con el peregrino cuento de “responsabilidad social corporativa”, la transnacional viene armando todo un tinglado de protección, que viene generando un grave impacto. Se podrían destacar tres problemas claves por estas supuestas “generosas inversiones”: 1. Tales “inversiones” están dividiendo a la comunidad. Los que reciben hablan bien de la empresa imperialista. Los que no reciben critican pero a su vez son hostigados por no regalarse a favor del capitalismo transnacionalizado. Al respecto dice el abogado Emilio Toro: “La empresa está traficando con las necesidades de la gente, está comprando las conciencias de los cajamarcunos”[1. La Colosa: Una muerte anunciada. Informe alternativo acerca del proyecto de minería de oro de Anglogold Ashanti en Cajamarca, Tolima, Colombia. Universidad del Tolima. Página consultada 135.].

2. Los proyectos que ofrece la transnacional por este concepto no son sostenibles, carecen de mecanismos de rendición de cuentas. Es decir, la ayuda puede cesar en cualquier momento sin dar explicaciones. Eso indica que es un simple “carameleo” mientras el campesino deja explotar la mina; después, como dice el dicho: “si te veo no te conozco”. Para la muestra un botón: en 2013, los trabajadores al regresar de sus vacaciones fueron despedidos casi en su totalidad sin dar ninguna explicación válida.

3. El fin de estos proyectos son fundamentalmente para comprar la conciencia de los campesinos, no para mejorar sus condiciones de vida. Hacer que los campesinos maquinalmente repitan la mentira más grande: que los objetivos y las políticas de la transnacional Anglogold Ashanti son ecológicos y amigables con la agricultura. Por ejemplo, la transnacional tiene proyectadas campañas de reciclaje y reforestación, simplemente para dar la idea de la supuesta benevolencia hacia el medio ambiente. Infame y desproporcionada mentira que hay denunciar con decisión y coraje.

El proceso de cooptación es aberrante. El concejo municipal –por ejemplo– no ha sido la excepción. En las elecciones de octubre de 2011, su composición cambió significativamente. En ese período ocho de once concejales no estaban de acuerdo. El consenso generalizado era: “La empresa llegó con mentiras, nunca nos informaron lo que era el proyecto”[2. Ibíd. Página consultada 137.].

En la actualidad, nueve concejales ven la minería como algo inevitable (¿comprados? ¿Qué de raro tiene?, dice la canción). “No se puede desconocer la presencia de la minería en el municipio. En el plan de desarrollo de 2012, el componente minero ha sido incluido como el primer eje de desarrollo con el objetivo de reconocer la riqueza minera del subsuelo como una realidad”, dice el presidente de la corporación edilicia, Erwin Valencia.

La mayoría de concejales están a favor de la transnacional, no tienen el menor atisbo ético de traicionar la confianza de la comunidad depositada en ellos. Han sido algunos agasajados con viajes a otros países y muchas más prebendas. Así, con la boca llena, el concejal Erwin Valencia dice sin fundamento científico que los impactos ambientales con los que se acusa a la minería de oro a cielo no son ciertos.

“Según se informa, más de la mitad de los concejales actuales han tenido vínculos económicos directos o indirectos con la empresa minera, nexos que implicarían un conflicto de intereses. El concejal Julio Cerquera, por ejemplo, de acuerdo con su propia declaración, tiene a su hija trabajando para una empresa contratista de Anglogold Ashanti. El concejal Jaider Martínez estuvo trabajando como periodista en un programa de televisión de la empresa. Además, el concejal Jorge Parra tiene familiares que trabajan directamente e indirectamente con la empresa minera, y ha tenido anteriormente negocios con ésta”[3. Ibíd. Página consultada 139.].

El dinero corrompe. Bien dijo Carlos Marx: “El capitalismo vino al mundo chorreando sangre y todo por todos sus poros desde los pies hasta la cabeza”. ¿Qué independencia y autonomía tienen estos concejales para defender los intereses sagrados de la comunidad? ¿Cuál es su formación ética e intelectual para asumir un desafío de esta naturaleza?

Cínicamente el concejal Erwin Valencia dice: “Ante la falta de recursos del concejo, esta mesa directiva decidió solicitar apoyo a Anglogold Ashanti Colombia para que se transmitieran las sesiones de la corporación; petición que fue aceptada sin reparos por la empresa como un aporte a la democracia local”[4. Ibíd. Página consultada 139.]. ¡Qué aporte a la democracia local de Cajamarca (Tolima)!

Así viene comprando a líderes débiles y pocos éticos la transnacional Anglogold Ashanti. Seguramente el plan de ordenamiento territorial estará a sus anchas, desconociendo las normas técnicas y científicas. Es el poder demoníaco del poder corrupto del capitalismo que solo se combate con la unidad, organización y movilización de las masas. En esa tarea hay organizaciones ambientalistas, sociales, sindicales, populares y políticas, entre ellas el Partido Comunista Colombiano.

Continuará…