El Estado falsario

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Guerrilleros trabajando en la ZVTN. Foto: Hernán Camacho.

Notas al sol

Zabier Hernández Buelvas

“La mentira es la lengua oficial del Estado, los demás son dialectos” afirma el escritor y dibujante español Andrés Rábago García, más conocido como “El Roto”.

El incumplimiento en los pequeños retos que han exigido la adecuación de las Zonas Veredales de Transición y Normalización ZVTN, ha vuelto a poner de presente la esencia mitómana del Estado Colombiano, caso este, en el cual, la mentira asume formas hiperbólicas realmente fantásticas. Las afirmaciones del Comisionado de Paz Sergio Jaramillo, sobre las supuestas exigencias de algunos comandantes guerrilleros pidiendo jacuzzi y zonas de spa en los campamentos, son realmente ridículas y es un método poco serio para afrontar las irresponsabilidades, la corrupción y la negligencia con que han manejado este proceso.

Ante el gran avance de una amplia franja de la sociedad, que por encima del manejo maniqueo del monopolio informático colombiano, ha comprendido cabalmente quienes incumplen y quienes han respetado la palabra empeñada, la respuesta del Estado, del Gobierno y sus funcionarios es la mentira y la falsedad.

Se agrega la noticia falsa, el rumor dirigido a dividir y a desprestigiar. La falsa muerte de Rodrigo Londoño Echeverry en Cuba es parte de la estrategia mediática para debilitar a las FARC-EP, en ascenso por su firmeza y convicción en el proceso de paz. Esta falsa muerte recuerda las innumerables muertes de Manuel Marulanda Vélez y de Fidel Castro.

La estrategia falsaria no solo se desarrolla en el Estado, sino también en sectores que tergiversan la esencia de los problemas, mostrando el fenómeno como la causa. Que la corrupción es el problema central del país, que bajarles el salario a los congresistas va a solucionar el problema de la inequidad o de la salud en Colombia o que la paz y los grandes cambios se pueden realizar con la condición de aislar a las FARC-EP y a los comunistas, son otra forma de mentirle al pueblo y a la postre terminan siendo la misma lógica del Estado, del gobierno y de los corruptos. Bajarle el salario a un congresista o condenar a los corruptos es bueno y necesario, pero creer que eso soluciona los problemas de este país, es populismo y electoralismo puro.

La tergiversación del Estado y de los gobiernos ha sido histórica y es un arma de guerra y de control político, acordémonos de la tesis de que “en Colombia no había conflicto”, o de aquella que caracterizó a los desplazados casi como “turistas” o “inmigrantes” o de aquella, que todo “fue a mis espaldas”, o la del “ese tal paro no existe”, o que con la firma de la paz, “Colombia se volvería gay”, o la tal “ideología de género” o “en Colombia no hay paramilitarismo”.

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