El clóset

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Jair Bolsonaro.

Jaime Cedano Roldán
@Cedano85

Nunca nos imaginamos, o no nos atrevimos, o nos dio miedo pensar, que pudiera llegar un momento en que se atrevieran a salir del armario y se mostraran tal como son; que no ocultaran sus intenciones ni sus odios irracionales, ni sus amores impresentables. Pero ahí están. En Italia el primer ministro Salvini grita, insulta y expulsa inmigrantes y refugiados. La Lepen se toma la foto con el italiano y unen fuerzas para las próximas elecciones europeas. Desde Hungría el gobierno aplaude. Y muestran sus banderas, sus esvásticas y sus puños desafiantes en las calles de Berlín, de Viena o de Estocolmo. En España reúnen sus huestes en Vistalegre, que era hasta ahora un símbolo del nacimiento de la llamada nueva izquierda. Pero también intentan romper manifestaciones y golpean inmigrantes en el metro de Madrid y a homosexuales en las noches de Lavapiés.

Pero con Jair Boalsonaro el destape es a lo grande, que de Brasil estamos hablando. Hasta ahora los nostálgicos de las dictaduras habían sido cobardes y timoratos. Cuando se ha buscado que criminales como el dictador Franco paguen por sus crímenes han dicho que no hay que escarbar en las heridas, que hay que pasar página. Pero ha llegado un político que hasta ahora era una caricatura que solo provocaba risas y se ha convertido en un referente y si no se produce un milagro será presidente de Brasil. Nadie se había atrevido a reivindicar de frente una dictadura. Hablamos de candidatos presidenciales. Y menos lamentarse porque esa dictadura no haya asesinado más gente, ni vaya a reivindicar la tortura, ni a decir todas las barbaridades que dice. La llegada de Bolsonaro es parte de un proceso universal de destape de la extrema derecha neofascista.  Quizás no encuentren todas las pistas. Las bases sociales son diferentes aunque los impulsores o quienes les utilizan si son exponentes del mismo capital financiero, especulativo y ligado a los negocios ilícitos ya sean drogas o de armas. Llama la atención la similitud de la propaganda de Bolsonaro con la utilizada por el uribismo en el plebiscito, en las presidenciales y hasta en el referendo contra la corrupción. En Europa la base social del fascismo es en buena medida sectores obreros golpeados por las políticas neoliberales. En América Latina, además de ciertas élites y desencantados son excluidos de toda la vida y que en el caso de Brasil recibieron muchas ayudas en tiempos de cambio y de bonanzas.

Pero los fascistas no tienen las victorias aseguradas. El antifascismo también está tomando fuerza. Derrotando pequeñeces, sectarismos y proyectos personalistas, caudillistas y miradas de corto alcance.

Voces autorizadas señalan los errores y la poca autocrítica en el PT. Seguro es así. Ahora toca detener al monstruo. El PT merece una nueva oportunidad para que pueda rectificarse.

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