Editorial Crítica: monopolización y censura

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Alejandro Cifuentes

La editorial Crítica es conocida por haber puesto en manos de los lectores hispanoparlantes obras claves de las ciencias sociales del siglo XX, difundiendo el trabajo de autores como Eric Hobsbawm, Pierre Vilar, Noam Chomsky, E. P. Thompson, entre otros. Y además, este sello barcelonés también publicó autores clásicos del pensamiento crítico como Marx, Engels y Gramsci.

Sin embargo, aunque hoy Crítica siga siendo presentada al público como un proyecto independiente de difusión de cultura alternativa, se ha dedicado en los últimos años a la comercialización de “best-sellers” de baja calidad. Este giro en las políticas editoriales de Crítica se inició cuando el Grupo Editorial Planeta -poderoso emporio mediático español- compró al sello barcelonés mediante movidas bursátiles.

Así, este caso nos demuestra que en la actualidad la comercialización de la cultura es una forma sutil, pero poderosa, de censura.

La lucha editorial en los últimos años del franquismo

Crítica fue fundada por Gonzalo Pontón, quien se había iniciado en el mundo editorial a mediados de la década de 1960 trabajando en Ariel, un sello que durante los últimos años de la dictadura de Francisco Franco había intentado desafiar la censura impuesta desde 1939.

Ariel apareció en 1942, dedicada a la publicación de ensayos académicos de medicina, economía y filosofía de tinte liberal que no hacían parte de la lista negra del régimen. Pero en 1963 se integró Joan Reventós, quien inició un revolcón en el consejo editorial de Ariel al incluir en este a personajes como el historiador Josep Fontana y al filósofo marxista Manuel Sacristán. El mismo Reventós, abogado catalán que provenía de una familia republicana, a finales de la década de 1940 se integró al Movimiento Socialista de Cataluña, organización que resistía al franquismo desde la clandestinidad.

El trabajo en Ariel fue muy importante para Pontón, pues allí se inició en la militancia política, pues por contactos establecidos con miembros del consejo editorial se unió al Partido Socialista Unificado de Cataluña (PSUC), de estirpe comunista. Y en 1967 tomó parte en el intento fallido de publicar clandestinamente Historia de España del francés Pierre Vilar, título prohibido por el régimen.

Crítica, una editorial con vocación revolucionaria

Aún en Ariel, Pontón pensaba en darle vida a una editorial con vocación revolucionaria, proyecto que puso en marcha en 1976, cuando fundó la editorial Crítica. Esta contó con el apoyo fundamental del curtido editor Juan Grijalbo, un activo militante republicano exiliado en México, país en donde había fundado una editorial que llevaba su apellido y con la cual había publicado obras de la tradición marxista.

Algunas de las primeras publicaciones exitosas de Crítica fueron las memorias del presidente de la Segunda República, Manuel Azaña y un ensayo de Santiago Carrillo sobre el eurocomunismo. También editó una colección de 40 volúmenes de las obras de Marx y Engels bajo la dirección de Manuel Sacristán. La difusión de estas y otras obras hizo famosa a Crítica en el medio académico español, y en los círculos intelectuales se convirtió en símbolo del periodo de transición.

¿Uniones estratégicas?

Crítica funcionó hasta la década de 1990 bajo el amparo de la editorial Grijalbo. En 1991 Grijalbo fue adquirida por Mondadori, el monopolio mediático de Silvio Berlusconi. Así Crítica, como sello de Grijalbo, pasó a ser controlada por Mondadori.

En 1998, Pontón, por diferencias con los italianos sobre la dirección de la editorial, decidió adquirir las acciones de Crítica y aliarse con el Grupo Planeta. Pero la alianza fue más una absorción, pues Planeta adquirió poco más de las acciones de Crítica, quedando como socio mayoritario y e imponiendo su voluntad sobre el sello de Pontón.

El Grupo Planeta se originó en la editorial Planeta, creada en 1949 por José Manuel Lara Hernández, soldado franquista que luchó contra la República.1 Durante los años de la dictadura Planeta floreció bajo la dictadura, pero su éxito radicó en su capacidad de adaptarse a los cambios durante la transición. Planeta fortaleció sus lazos con el Partido Popular (PP), organización política heredera del franquismo. El hijo de Lara Hernández, José Manuel Lara Bosch, pasó a dirigir el Grupo en 2003. Lara Bosch tuvo una estrecha relación con José María Aznar, presidente de España entre 1996 y 2004, quien le dio ventajas a Planeta que le permitieron ampliar sus negocios.2

Pontón siguió frente a Crítica hasta el 2009, cuando Planeta, arguyendo que había cumplido ya la edad de retiro, decidió jubilarlo. Pontón luchó contra la decisión en tribunales, intentó comprar las acciones de la editorial, pero no logró recuperar su editorial.

Por un tiempo Crítica continuó publicando bajo los criterios de su fundador, pues este había dejado ya listos varios títulos para ser lanzados. Pero en los últimos años Crítica ha dejado atrás la edición de libros de autores alternativos y críticos, para difundir trabajos de ciencias sociales aparentemente innovadores, pero en realidad poco rigurosos y funcionales al sistema. Así lo demuestran las publicaciones que con motivo del centenario de la Revolución Rusa han promocionado. Por ejemplo El tren de Lenin, libro carente de fuentes que pretende demostrar que Lenin no era más que un bárbaro sediento de sangre. Es también el caso de La Venganza de los ciervos, investigación del historiador Julián Casanova que pretende reinterpretar los “cruentos” acontecimientos de octubre de 1917… financiado por el magnate George Soros.

1 Fernández Moya, María. “José Manuel Lara Hernández (El Pedroso, Sevilla, 1914 – Barcelona, 2003)”, disponible en http://www.aehe.es/wp-content/uploads/2017/04/Lara-Fernandez-abril.pdf (consultado el 3 de septiembre de 2917).

2 Labio Bernal, Aurora. Comunicación, periodismo y control informativo. Estados Unidos, Europa y España. Barcelona: Anthropos Editorial, 2006, pp. 126-127.

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