Dos tesis sobre el feminismo

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Una mirada feminista.

El feminismo no debe ser un uso exclusivo de mujeres, reunidas a modo de pandilla, sino que el feminismo, para decirlo con Rancière, es un ejercicio o una forma de resistencia practicada por anónimos, o sea por cualquiera.

Una mirada feminista.
Una mirada feminista.

Víctor Valdivieso

Lo valioso de la teoría feminista contemporánea es que pone en cuestión las nociones de igualdad y de diferencia a secas, o como se entienden en sentido liberal, es decir, como cuestiones meramente normativas, o sea mediadas por lo institucional. Normativamente, todos somos iguales ante la ley; en la cotidianidad, somos una sociedad profundamente desigual. Por su parte, la diferencia normativa, lejos de reconocer la alteridad, lo que promueve es la segregación social, sexual, de “género”, de raza, etcétera. En cambio, quizá para un pensamiento de izquierda, la igualdad sea un asunto de verificación práctica, donde realmente se diluyan las desigualdades humanas. A su vez, la diferencia, para un pensamiento de izquierda, quizá tenga que ver con el reconocimiento del otro en clave de inclusión. Si esto es así, entonces, ¿qué tipo de igualdad y de diferencia es la que se invoca en el feminismo? ¿Igualdad y diferencia normativas e institucionales o de izquierda?

En mi consideración, hay manifestaciones feministas que se inclinan por esas nociones de igualdad y diferencia normativas e institucionales. Es más, una perspectiva “feminista” neoliberal sugiere que con una buena dosis de emprendimiento y mentalidad positiva, las mujeres pueden dirigir multinacionales; devenir patronas, presidentas, etc. Con esto, no estoy cuestionando la capacidad de liderazgo de las mujeres, sino, mejor, cuestiono ese discurso de igualdad de género neoliberal que deja intactos los distintos niveles de explotación y opresión humana. La consigna de ese feminismo sería: ¡Mujeres y hombres unidos por la explotación! Pareciera, entonces, que para esas mujeres el feminismo implica un tipo de igualdad de géneros sumidos por el éxito del capitalismo.

Esto último me lleva a afirmar que el feminismo no debería abrazar la noción de mujer en abstracto, como una suerte de realismo platónico, o sea como un concepto que existe en sí por fuera del tiempo y del espacio.

Distintos modos de feminismo

El asunto es que aunque parezca un contrasentido, existen distintos modos de feminismo. No me refiero a grupos ni a organizaciones; sino a diversos discursos, usos, prácticas y tácticas políticas en el feminismo. Esas diversas manifestaciones del feminismo, según mi perspectiva, responden a las diversas ideologías. Si esto es así, entonces un feminismo ubicado en una realidad de sentido marxista o de izquierda debería delimitar o llenar de contenido su discurso, su práctica y su táctica política y colegirla con una perspectiva de izquierda.

Un feminismo de izquierda, sin intención de limitarlo o ponerle barandillas como diría Arendt, invocaría, además de la noción de igualdad y diferencia en perspectiva de izquierda, dos valoraciones más, a saber: la noción de explotación o marginalidad -de “clase”- y la noción de emancipación. Eso quiere decir que un feminismo de izquierda debería incorporar en sus formas de resistencias una perspectiva de igualdad que no se circunscriba solamente a lo institucional, sino que implique un ejercicio de verificación real y cotidiano de esa igualdad; una perspectiva de reconocimiento de la diferencia que no tienda al particularismo y a la segregación, sino a la inclusión; que resista a cualquier forma de explotación, sin colegir en abstracto la noción de mujer, y que afirme una perspectiva emancipadora, que como señala Jacques Ranciére, tiene que ver con el proceso que implica la verificación de la igualdad -real- de cualquier ser hablante con otro, o la escena que interpela al orden establecido, adivinando nuevas formas iguales de relaciones sociales. En otras palabras, el feminismo de izquierda apela a la igualdad y a la diversidad; lucha contra cualquier forma de explotación y no solamente lucha por la dignidad de la mujer -en abstracto-; y esas luchas se juegan estratégicamente en la lógica de la emancipación humana y la trasformación social.

El sujeto del feminismo

¿Un feminismo sin femeninas? ¿No es esto otra forma de exclusión? No, digo simplemente que el feminismo debería asumir seriamente la ruptura del género binario para diluir esas diferencias particulares entre hombre y mujer. Esto, lejos de excluir, incluiría también a los hombres en la lógica del feminismo. Pero además –y esto para mí es lo importante- incluiría otras formas de ser humano.

En efecto, habría que creerle a Judith Butler cuando sugiere que al dividir al ser humano en esas dos categorías esencialistas del género, impide reconocer las múltiples, variadas y no normativas manifestaciones sexuales. Por poner un ejemplo, ¿Por qué una lesbiana debe llamarse mujer u hombre? O mejor ¿Qué es un Transexual para la perspectiva binaria? En mi opinión, quizá la compañera lesbiana y el Trans no quieran situarse ni asumirse como mujer u hombre, sino quizá hayan devenido otra cosa. Incluso en algo indefinible. Decir esto implica o bien señalar que hay muchos géneros, y no dos como se cree, o bien decir que estamos en una situación postgenérica. Yo me inclinaría más por la segunda opción, puesto que podemos romper con esa imposición sin traumatismos ¿Por qué no creer en que es posible, ahora mismo, en Colombia hablar de una situación postgénero? Quizá las reflexiones de Donna Haraway sobre la cuestión Cyborg o las enseñanzas de Rosi Braidotti sobre la cuestión Nómada permitan hacernos entender que una cuestión binaria desconoce la potencia de lo que puede un cuerpo imbuido en una realidad tecnológica y social que trasciende la noción esencial y normativa de lo que es el ser humano.

Simone de Beauvoir sostenía que no se nace mujer sino se llega a serlo, entonces no tenemos un género adscrito ontológicamente sino que o bien tenemos uno que se nos ha impuesto o bien hemos elegido tener uno ¿pero qué pasaría si decidimos renunciar al género? ¿Qué pasaría si renunciamos a decir que somos Hombres o Mujeres? Como quiera que sea, el asunto es que hay gays, lesbianas, bisexuales, asexuados, transexuales, intersexuales, pansexuales, heterosexuales, ciborgs, etc. Todas esas manifestaciones, y las no contadas, podrían agruparse y elevar solidaridades en una perspectiva feminista. Si hablamos de la cuestión postgénero, implica que cualquiera pueda ser feminista o hacer feminismo, en caso de que el feminismo sea asumir un rol performativo, como diría Butler. Cualquiera podría hacer un feminismo. Aunque claro, uno de izquierda, que invoque todas las categorías señaladas, y las que faltan por señalar. Decir eso conlleva a pensar que el feminismo no debe ser un uso exclusivo de mujeres, reunidas a modo de pandilla, sino que el feminismo, para decirlo con Rancière, es un ejercicio o una forma de resistencia practicada por anónimos, o sea por cualquiera.