En diciembre llegaría la segunda ola

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Ante la negligencia gubernamental, el negocio de las EPS y la incapacidad del sistema de salud para el control del coronavirus, el autocuidado se convierte en la única posibilidad de frenar la expansión del virus. La desigualdad económica es el principal obstáculo ya que obliga a salir a buscar el sustento

Juan Carlos Hurtado Fonseca
@Aurelianolatino

En mayo se inició el periodo de pandemia denominado “nueva normalidad”, y desde diversos sectores políticos y la propia comunidad médica y científica se advertía de los peligros porque no se habían tomado las medidas adecuadas para enfrentar la crisis sanitaria. En este, de manera paulatina, varios sectores económicos fueron regresando a sus labores, hasta que en septiembre casi todos, quienes lograron conservar sus empleos, habían vuelto a trabajar.

Ahora, con alrededor de 47 millones de infectados y 1.208.000 muertos en todo el mundo, según la Universidad John Hopkins de los Estados Unidos; y con 1.093.256 casos confirmados y 31.670 fallecidos en Colombia, según el Instituto Nacional de Salud, INS; datos del pasado 2 de noviembre, la segunda ola de covid-19 que azota a Europa y con la posibilidad de una segunda en el país dentro de dos meses, se buscan medidas que logren aminorar los daños.

Hay que anotar que las políticas tomadas para contener la expansión del virus dependen de la fiabilidad o la certeza de las cifras, en cuanto al comportamiento de la pandemia y a los daños de la covid-19. Y es en ese aspecto donde ha habido fallas, pues la incompetencia del sistema de salud no ha permitido la toma de muestras a una población mucho más amplia.

Es decir, no se conoce la realidad en cuanto infectados ya que algunos asintomáticos nunca se enteraron de haber sido portadores, lo que no permitió la creación de cercos epidemiológicos para controlar la expansión. Asimismo, se ha denunciado la posibilidad de casos letales que no se registraron.

La Federación Médica Colombiana, FMC, hace semanas había denunciado un subregistro de un 26% en los datos de las víctimas de covid-19, entregados por el INS y el Departamento Administrativo Nacional de Estadística, DANE.

No obstante, en las últimas semanas hubo un aumento de pruebas por parte del INS que permitió ver un rápido ascenso de infectados y fallecidos. Con la toma diaria de 50 mil muestras en promedio se han podido tener cifras que reflejan mejor la realidad y que avizoran un segundo pico, posiblemente en las festividades de final de año, aunque persiste un subregistro, como asegura el doctor Sergio Isaza, presidente de la FMC.

Crisis anunciada

La actual situación de crisis sanitaria había sido advertida y desde diferentes organizaciones sociales y de la comunidad científica se habían hecho propuestas que aminorarían los daños. La gran mayoría fueron rechazadas por el Gobierno nacional, sobre todo, las relacionadas con subsidios a millones de familias con una renta básica y a las nóminas de pequeñas empresas para garantizar el sostenimiento en una estricta cuarentena. Para el médico Isaza, no haber acatado esas y otras recomendaciones repercutirá a posteriori en la gente.

“El Gobierno ha sido desordenado y solo ha hecho caso a lo que diga la empresa privada y las EPS, podemos esperar llegar a una situación caótica con muchos muertos evitables”, indica el presidente de la Federación.

Al sumar los errores gubernamentales para enfrentar la pandemia, el mantenimiento inadecuado de las actividades económicas y la indisciplina social, hay mucha incertidumbre en lo que puede pasar en los meses venideros. “Que el Gobierno no vaya a decir que es por la indisciplina que el contagio aumenta, no ha habido el suficiente control ni medidas adecuadas. Esperemos que en diciembre no vaya a ser terrible, pero sí se ve que se incrementará”, agrega Isaza.

A corregir errores

A la intranquilidad se adiciona que se han descubierto cambios en el comportamiento del virus y casos en los que personas se han reinfectado luego de apenas dos meses de haberlo sufrido: “Hay que considerar el aspecto de la sindemia, que es tener en cuenta la pandemia, pero articulada a los determinantes sociales y a la existencia de otras enfermedades prevalentes, a las condiciones socioeconómicas o de pobreza de las comunidades más vulnerables. Mientras eso no se trate como parte integral del tratamiento de la pandemia, los resultados van a ser muy pobres”, explica Sergio Isaza.

Y es este punto en el que mayor falla ha habido en el país, lo que ha permitido el crecimiento exponencial de la enfermedad.

Sobre confinamientos sectorizados, el presidente de la FMC expresa que se deben hacer con las particularidades de cada comunidad, región o sector, aunque lo que sí se debe hacer es un confinamiento estricto por 14 días de todos quienes viajen entre ciudades y entre países.

Ver el comportamiento de la pandemia, del virus y las medidas a tomar en otros países que ya enfrentan una segunda ola y que han tomado acciones acertadas y desacertadas para enfrentarlo, permite diseñar unas propias para estar preparados para la anunciada segunda ola.

En ese sentido, el infectólogo Carlos Pérez, dijo en entrevista al diario El Espectador, que lo que actualmente sucede en Europa es lo que aquí puede suceder en un par de meses: “En Europa el comportamiento social en el verano, la apertura de bares, las medidas de reactivación económica y las aglomeraciones son las responsables de la crítica situación actual. En países de esta región, incluida Colombia, las responsables del incremento de casos son la situación económica y la asimetría social, porque para la gente pobre morir por coronavirus es una probabilidad, pero morir de hambre es una certeza”.

Falta mucho dinero

Por su parte, la epidemióloga Maribel Arrieta, integrante de la junta directiva del Colegio Médico de Bogotá, comenta que era de esperar que se aumentaran los contagios cuando se fuera estableciendo un regreso a las actividades laborales. Explica que, sin confinar la población, la pandemia se debe enfrentar de acuerdo con las particularidades de cada país, de cada región.

“Lo que se debe hacer es un testeo o rastreo masivo para aislar a los infectados y a sus contactos, y a todos los asintomáticos, lo que requiere una gran inversión económica. Es decir, hacer cercos epidemiológicos. Aunque hay que tener en cuenta que de acuerdo con lo que conocemos hasta el momento en los asintomáticos la prueba tiene una sensibilidad del 33%, es decir, esa es la posibilidad de obtener un resultado fidedigno. No estamos totalmente desarmados ante la enfermedad, pero no tenemos todas las herramientas para combatirla”, expone la doctora Arrieta.

Además, del desconocimiento de la enfermedad y de los errores gubernamentales para enfrentar su expansión, está la escasez de medicamentos para el tratamiento producida por su alta demanda mundial.

Así las cosas, el control eficaz de la pandemia requiere una inversión económica alta porque exige un diagnóstico que incluya a muchas más personas, con muchas más pruebas, cercos epidemiológicos, más políticas de prevención, ampliación de laboratorios, la atención inmediata y aislamiento de los sintomáticos.

Lo anterior produce más incertidumbre cuando es evidente que el Gobierno no entrega los dineros directamente a las clínicas, sino a los negociantes de la salud: las EPS, que no han sido diligentes en la atención a pacientes o a quienes solicitan pruebas. Es decir, la salud pública en manos de mercaderes, el verdadero problema.

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