Diálogo entre las dos Coreas: Una jugada olímpica

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Los jefes de las delegaciones de Corea del Sur izquierda y su homólogo de Corea del Norte, estrechan sus manos efusivamente durante las conversaciones de enero.

Alberto Acevedo

La decisión de las autoridades de Corea del Sur de aceptar la participación de una delegación deportiva de Corea del Norte en los Juegos Olímpicos de Invierno, que se realizarán entre el 19 y el 25 de febrero próximos, tiene un altísimo significado en la decisión de los dos gobiernos de contribuir a un clima de distensión y de acercamiento a soluciones, que podrían contribuir a edificar una política de amistad y de colaboración mutua y a eliminar un foco de tensión que amenazó en el pasado reciente con desatar un conflicto nuclear de impredecibles proporciones.

El acuerdo, que permite que una delegación deportiva norcoreana cruce la frontera y participe en un escenario muy cercano a la zona desmilitarizada limítrofe, resultó ser pretexto para abordar una compleja agenda de acercamientos en torno a soluciones de consenso.

Prometedora agenda

De esta manera, en unas conversaciones a alto nivel, que se prolongaron por espacio de 12 horas, se consiguió iniciar formalmente una ronda de conversaciones entre las dos Coreas, que la parte del Sur suspenda unas maniobras militares conjuntas con Estados Unidos, previstas para la primera semana de febrero, que se reanuden conversaciones permanentes a través de un “teléfono rojo”, entre los mandos militares de las dos naciones, que se hable de la posibilidad de un reencuentro entre familias separadas por la frontera y por la guerra, la posibilidad de iniciar a mediano plazo conversaciones en torno al programa nuclear de la parte Norte, e incluso un encuentro entre los dos mandatarios, entre otros aspectos.

En su mensaje de año nuevo a la nación, transmitido el primero de enero por los canales estatales de televisión, el presidente Kim Yong-un, de Corea del Norte, insinuó el interés de su país de participar con una delegación deportiva en los Juegos Olímpicos de Invierno. No transcurrieron  muchas horas para que el mandatario del Sur, Moon Jae-in, respondiera positivamente a esta petición.

La histórica reunión, a nivel ministerial, en que se acordó la participación de la delegación deportiva y se dieron otros pasos en torno a un eventual programa de cooperación bilateral, se dio el pasado 9 de enero en la aldea de Panmunjom, ubicada dentro de la zona desmilitarizada, en realidad una de las más militarizadas del mundo.

Frialdad gringa

En buena medida, el paso dado por los dos gobiernos, fue posible gracias al cambio de gobierno que se dio en Corea del Sur el pasado mes de marzo, cuando llegó a la presidencia Moon Jae-in, de tendencia liberal, que desde un primer momento expresó su interés en entablar conversaciones con Pyongyang.

Esta posición de diálogo le ha causado desavenencias con la administración de Donald Trump en Estados Unidos, que alguna vez lo calificó de “mendigo”, por estar “implorando” un acercamiento con un régimen, considerado “enemigo” por Washington. Esta vez, el mandatario norteamericano reaccionó con frialdad ante la nueva ronda de conversaciones, y de no muy buena gana avaló los acercamientos, después de que Rusia y China saludaron los diálogos.

Pese a que el único desacuerdo en las conversaciones del 9 de enero fue la afirmación de Corea del Norte de que no va a renunciar a su programa nuclear defensivo, el mandatario de Corea del Sur dijo que la reunión representa “una oportunidad innovadora para mejorar las relaciones”. Fue necesario que su colega del norte, Kim Yong-un, le hubiera tendido una rama de olivo, como lo hizo en su mensaje del primero de enero.

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