Después de Siria, ¿Venezuela?

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Jefe del Comando Sur de la Armada de los Estados Unidos, almirante Kurt W. Tidd.

Alberto Acevedo

En lo que va corrido del presente siglo, no se había visto un país latinoamericano que haya sido objeto de un cerco económico, político y diplomático tan agresivo y desestabilizador, como el que soporta el gobierno bolivariano de Venezuela, encabezado por Nicolás Maduro.

En condiciones diferentes, solo es comparable el criminal bloqueo económico a Cuba, que se prolonga por más de medio siglo, o la situación que en los años 70, soportó el gobierno de la Unidad Popular en Chile, cuando también la reacción internacional y la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos, se coaligaron hasta producir el sangriento golpe militar que derrocó al gobierno socialista de Salvador Allende.

Hoy hay factores nacionales e internacionales que conspiran contra el proyecto de la Revolución del siglo XXI con la que soñó Hugo Chávez. Una habilidosa estrategia diplomática de la Casa Blanca en Washington y las presiones diplomáticas y las amenazas del Departamento de Estado, han conseguido que un número de unos 20 países latinoamericanos, provoquen la intervención de la OEA, en un pretendido “examen”, de la situación de Venezuela, que se convierte en agenda intervencionista en los asuntos internos de ese país.

La tarea que se trazan es conseguir en el organismo internacional una mayoría de votos necesaria para aplicar la denominada “carta democrática”, un mecanismo de intervención abierta que permita alcanzar los objetivos que se ha planteado la derecha golpista venezolana de derrocar al gobierno de Maduro, bajo el pretexto de que se ha producido una ‘ruptura constitucional’, que hay una ‘crisis humanitaria’ y que el mandato del gobierno bolivariano ha evolucionado hacia una ‘dictadura’.

Los conspiradores

En este planteamiento hay un trastrueque de valores, lo que es blanco se hace aparecer como negro, y viceversa. Es la derecha venezolana, agrupada en la llamada Mesa de Unidad, MUD, la que ha violentado los cánones constitucionales. Son ellos los que llaman al golpe, quienes han pretendido desconocer la legitimidad de un gobierno producto del voto soberano en las urnas, quienes provocan asonadas, muertes, incendios. Y que la gran prensa los presenta ante el mundo como ‘demócratas’, como patriotas, cuando son unos bandidos.

El secretario general de la OEA, Luis Almagro, ha jugado un papel decisivo en la campaña contra Venezuela y su gobierno constitucional, y en un libreto diseñado por el Departamento de Estado de los Estados Unidos, mediante chantajes, presiones o gabelas, han conseguido alinear, en esa empresa siniestra, a un grupo de gobiernos latinoamericanos, entre ellos el de Juan Manuel Santos.

En esa dirección, y dado que las asonadas callejeras no han logrado crear el clima de desestabilización necesario para darle el golpe de gracia al presidente Maduro, ni las decisiones conspirativas de la Asamblea Nacional, en manos de la derecha golpista, y tampoco, hasta ahora, se han conseguido los votos suficientes para que la OEA avale los planes intervencionistas de Washington, algunos analistas temen que, en el clima de guerra en que se debate la política exterior norteamericana, el señor Trump esté pensando en una intervención militar abierta contra Venezuela.

La tormenta perfecta

Hace poco, el jefe del Comando Sur de la Armada de los Estados Unidos, almirante Kurt W. Tidd, en un informe presentado ante la Comisión de Servicios Militares del Senado de los Estados Unidos, aseguró que “la crisis en Venezuela podría obligar a una respuesta regional”, pues “la inestabilidad en Venezuela afecta a toda la región”, y que esa inestabilidad es debida a “a la escasez generalizada de medicamentos y el empeoramiento de la situación económica”, que ha generado “una creciente crisis humanitaria, que podría obligar a una respuesta regional”.

Cuando el jefe del Comando Sur se refiere a una “respuesta regional”, seguramente hace alusión a los compromisos que en 2012 asumió el entonces Secretario de Defensa, León Panetta, con Colombia, Brasil, Chile, Honduras y Panamá, durante una gira por América Latina. En cada uno de estos países estableció acuerdos con las fuerzas armadas, para entrenar y dar suministros a una fuerza de tarea formada por estos países, que en caso de conflicto regional actuaria conjuntamente con Estados Unidos.

En este caso, como en los operativos de la OTAN o en los conflictos del Medio Oriente, sería una “coalición internacional” la atacante y no los Estados Unidos.

Solidaridad

Los violentos sucesos de la semana santa, en los que grupos terroristas incendiaron locales, provocaron bloqueos de avenidas y choques con la fuerza pública, con elevado saldo de heridos, es una operación que abona el terreno para la intervención extranjera. Incluso se habla de una segunda etapa de “La salida”, como se denominó a un plan golpista que se intentó ejecutar en 2012, bajo la dirección del señor Henrique Capriles.

La visita de los señores Álvaro Uribe Vélez y Andrés Pastrana, al presidente Donald Trump en Washington, con una agenda donde se debatió el tema de Venezuela, introduce un  peligroso elemento que confirma un alineamiento de la derecha internacional contra la revolución bolivariana. La respuesta popular a esos planes, sin lugar a dudas, es elevar la solidaridad militante con el proceso de transformaciones sociales que inauguró Chávez y hoy continúa Nicolás Maduro.

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