El desperdicio se mantiene

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Obreros de la construcción.

Carlos Fernández*

Al finalizar el trimestre junio-agosto del presente año, el 43% de la fuerza de trabajo ocupada del país estaba conformado por los llamados en las estadísticas oficiales «trabajadores por cuenta propia». Estos son los trabajadores que dependen de un negocio propio, formal o informal, para subsistir y que no contratan personal adicional o sólo lo hacen temporalmente. Pueden utilizar fuerza de trabajo familiar o no familiar sin remuneración. La informalidad los caracteriza. Si a ellos les sumamos los trabajadores del servicio doméstico, los trabajadores familiares sin remuneración, los trabajadores sin remuneración en negocios de otras personas y los peones y jornaleros, el conjunto de estos trabajadores representó, en el trimestre junio-agosto, un promedio del 54% de la fuerza de trabajo.

En otro lado de la clasificación de la fuerza de trabajo, están los obreros y empleados del sector privado y del gobierno que, en conjunto, representaron en la fecha señalada el 42% de la fuerza de trabajo. Entre ellos se encuentran diversos niveles de informalidad, toda vez que hay muchos capitalistas que no respetan la legislación laboral y el propio gobierno, nacional o territorial, no escapa a prácticas de tercerización del trabajo que son el mejor trampolín para la informalidad.

Nos queda por reseñar al grupo denominado «patrones o empleadores» que representaron el 4% del total de la fuerza de trabajo ocupada registrada en la última estadística del DANE. Aquí se agrupan los grandes, medianos y hasta pequeños capitalistas que representan.

En total, los sondeos oficiales registran un fuerza de trabajo ocupada de 22 millones 465 mil personas, de la que, como hemos visto, el 42% representa lo que podríamos llamar el proletariado más o menos formal en tanto que, dentro del 54% de trabajadores por cuenta propia, empleados domésticos y sin remuneración, se encuentra una amplia masa de semi-proletarios en proceso de proletarización completa, la cual no se alcanza plenamente dada la funcionalidad del sector informal para los intereses del sistema capitalista que nos rige.

¿Dónde están los trabajadores ocupados?

Del total de personas ocupadas, el 27% (más de 6 millones) estaban ocupadas en el sector de comercio, hoteles y restaurantes, sector que se caracteriza por unas elevadas estacionalidad e informalidad. En segundo lugar, se encuentra el sector de servicios comunales, sociales y personales con el 20% del total de personas ocupadas (más de 4 millones 400 mil personas). Los sectores directamente productivos (agricultura e industria manufacturera) ocuparon el tercer y cuarto puestos con el 17% y el 11%, respectivamente. Aunque la agricultura viene presentando un crecimiento más o menos sostenido desde hace algunos meses, por el momento sólo está recuperando los niveles de empleo que tuvo durante el trimestre octubre-diciembre de 2015.

La somera descripción anterior presenta una nítida fotografía de la estructura económica colombiana: altos niveles de informalidad, empleo en el que el rebusque juega un destacado papel, prioridad de los sectores que ayudan a la circulación de las mercancías pero no a la creación de valor propio. La política económica de las cuatro últimas administraciones (dos de Uribe y dos de Santos) se orientaron a fomentar los sectores extractivos y, cuando llegó la destorcida de los precios del petróleo, se hizo evidente que no se había aprovechado la bonanza de los precios altos. Los niveles alcanzados y esperados en materia de crecimiento del producto nacional son la consecuencia de una inserción en el mercado mundial sometida a orientaciones e imposiciones que vienen de afuera y que no consultan el interés nacional.

El drama es aún mayor si tenemos en cuenta que 4 millones, 780 mil trabajadores están desempleados o subempleados, lo que significa que al despedicio de fuerza de trabajo que genera el modelo económico hay que sumarle el desperdicio que significa la permanencia de un ejército de reserva del 19% de la población económicamente activa, cuya sola existencia presiona los salarios a la baja y afecta al conjunto de la población trabajadora.

* Investigador del CEIS.

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