Decadencia imperial

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Luis Jairo Ramírez H.
@JairoRamirezH

Han entrado en la recta final las elecciones presidenciales de los EE.UU. que serán el 3 de noviembre en medio de una situación general marcada por una crisis sistémica del capitalismo financiero transnacional y, en lo interno, por las masivas movilizaciones que cuestionan profundamente la brutalidad policial y el racismo de Estado, así como las tensiones políticas entre las clases y los distintos sectores del establishment que surgen de la crisis económica, profundizada por la pandemia y la crisis sanitaria abierta a raíz de la política negacionista de Trump.

Estados Unidos supera los siete millones de contagios y las 200 mil muertes, siendo el país más golpeado por la pandemia en el mundo. Ninguno de los dos candidatos mostró tener una política para combatir realmente la propagación del virus, y ambos se oponen al Medicare for All, propuesta progresista de un plan de salud pública y universal.

La verdad del asunto es que Biden y Trump, y el sistema que representan, no ofrecen nada a los trabajadores y la sociedad norteamericana, excepto austeridad, muerte y miseria. Trump y los republicanos dieron miles de millones de dólares en rescates a las grandes empresas y sólo algunas migajas para la clase obrera, y cuando esas migajas se agotaron, se negaron a extenderlas.

En los temas importantes, muy poco separa a los dos candidatos. Ambos se oponen a reducir el presupuesto de la policía. Trump muestra su costado más derechista al negarse a condenar a los Proud Boys, un grupo violento de supremacistas blancos, que marchan vestidos con chalecos antibalas, uniformes y levantando sus rifles y banderas de Trump; pero Biden, por su parte, defiende fuertemente a la policía; ambos candidatos protegen el Estado racista y de “la violencia necesaria” para sostenerlo.

Ambos candidatos se pelean por ver quién puede ser el más duro con China. Trump ante todo ha sido un presidente anti-globalista, su guerra comercial con China comenzó para obligar a las transnacionales que operan con sus plataformas en ese país a regresar con sus inversiones a Estados Unidos o salir de China.

Al poder militar planetario, con alrededor de 850 bases militares desplegadas en los cinco continentes, se juntan los intereses comunes de Trump y Biden en la búsqueda de un golpe de Estado en Venezuela; a lo largo de toda su carrera política Biden ha desempeñado un papel activo en la configuración violenta de la política exterior norteamericana. Votó por las agresiones militares contra Irak y Afganistán, es un acérrimo defensor del sionismo israelí y apoyó el uso extensivo de drones militares en la administración Obama. Trump retira a EE.UU. unilateralmente del acuerdo nuclear con Irán y deshace lo caminado en las relaciones con Cuba.

¿Quién financia las campañas de Trump y Biden? Ambas campañas están siendo financiadas abiertamente por el poderoso complejo militar-industrial, magnates energéticos e inmobiliarios, del sector financiero y donaciones de las industrias de la construcción y la salud.

Una parte de la sociedad acusa a Trump de estar empeñado en un golpe de Estado durante la campaña electoral, lo cual genera incertidumbre en una posible transferencia pacífica del poder después de las elecciones.

Si bien hay intereses diferenciados sobre la globalización neoliberal, el paulatino desplome de la economía norteamericana y su debilitamiento en la escena de la geoestrategia mundial, las elecciones marcarán en alguna medida la suerte de la decadente potencia imperial.

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