Cumbre en el Vaticano por pederastia

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Aspecto de la protesta de víctimas de la pederastia de la Iglesia.

Alberto Acevedo

En una cumbre, calificada como histórica, entre los días 21 al 24 de febrero pasado, en el Vaticano, y presidida por el sumo pontífice de la Iglesia católica, el papa Francisco, sesionó un encuentro de obispos, que reunió al menos a 200 prelados y teólogos, entre ellos 114 representantes de las conferencias episcopales, con el fin de debatir sobre las secuelas de los crímenes de pederastia y abuso sexual por parte de la iglesia en el mundo.

A lo largo de las distintas sesiones del encuentro, se vivieron momentos dramáticos, no solo porque es la primera vez que la iglesia se reúne para debatir este tema a tan alto nivel, sino porque se permitió que las víctimas, de distintos países, rindieran testimonio de su drama.

En las horas previas al evento, se distribuyó una investigación de la organización Ending Clery Abuse, ECA, que asegura que en el mundo ascienden a más de 100.000 las víctimas de abuso sexual por parte de prelados de la iglesia, y que los abusos no cesan. Cada año se suman más testimonios y el reclamo de justicia es más apremiante. Los investigadores aseguran que el número de víctimas puede ser muy superior, si se tiene en cuenta que apenas en unos doce países se llevan estadísticas de los abusos de la iglesia.

Los reportes se multiplican

Por países, se sabe que en Estados Unidos, el año pasado se denunció a unos 300 sacerdotes que a lo largo de siete décadas abusaron contra unas mil personas. Autoridades policiales de ese país indican que entre 1950 y 1987, se presentaron unas 17.000 denuncias de personas que dicen haber sido abusadas por unos 6.400 clérigos.

En Australia se reportan 4.447 víctimas de abuso sexual por parte de sacerdotes. En Irlanda, en 10 años de investigación, se recopilaron más de 25.000 casos de menores abusados por parte de 400 religiosos. En Holanda se han señalado a unos 800 presuntos autores de este delito. Casos similares se han registrado en Polonia, Brasil, Francia, Malta, Canadá, Bélgica y Austria.

En América Latina, el caso más relevante es el de Chile, donde se han conocido los testimonios de 178 víctimas, entre ellas 79 menores de edad. Se conocen al menos 167 clérigos imputados, entre ellos siete obispos. Las autoridades aseguran que 96 sacerdotes ya rindieron indagatoria.

Nuevas reacciones

Al cierre de esta edición la agencia AFP reveló que el cardenal australiano George Pell, número tres en la jerarquía vaticana y secretario de Economía de la Santa Sede fue imputado y detenido por abuso sexual contra dos menores de edad y se convirtió en el más alto jerarca acusado de pederastia. Las autoridades judiciales de Melbourne anunciaron una condena a diez años de prisión contra el prelado.

En el marco de la reunión en el Vaticano, Fortunato Mallimaci, doctor en Sociología de la Escuela de Altos Estudios de Ciencias Sociales de París, dijo que “el tema del abuso está carcomiendo la credibilidad de las iglesias en el mundo entero y genera muchos problemas en el sentido que los sacerdotes dan a su misión sagrada”.

Por su parte el cardenal alemán Reinhard Marx exigió la eliminación del secreto pontificio. El secreto no permite revelar la identidad del agresor, lo que puede interpretarse como un encubrimiento por parte de las autoridades, que va en detrimento de los derechos de los perjudicados, puntualizó el purpurado alemán.

La Conferencia del Vaticano constató, en palabras de Marx, que los documentos que pudieran arrojar luz sobre la identidad de los perpetradores, han sido ocultados o destruidos y los procedimientos judiciales, cancelados o anulados. Esto pudiera pasar en países como Colombia, con una iglesia conservadora, cerrada, donde las denuncias por abusos sexuales solo trascienden en las conversaciones particulares, especialmente entre seminaristas y alumnos de colegios regentados por la iglesia.

Las víctimas tuvieron la oportunidad de expresar públicamente sus requerimientos. La iglesia debe ser garante de la seguridad de los jóvenes, y ante la primera denuncia, deben expulsar al sacerdote, acudir ante la autoridad civil, acompañar a la víctima y promover la continuidad de la denuncia, indicaron sus voceros.

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