Cumbre G-20: La crisis interimperialista sigue profundizándose

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Dimensión de las vigorosas protestas de organizaciones sociales contra la política neoliberal del G-20.

Continuar imponiendo el libre mercado y emprender una lucha contra el calentamiento global para la expansión del capital y su supervivencia, fueron ejes de la reunión de Hamburgo

Alberto Acevedo

La cumbre del llamado Grupo de los 20 (países más industrializados del planeta), reunidos en la ciudad de Hamburgo, Alemania, los pasados 7 y 8 de julio, puso en evidencia la profundidad de las contradicciones interimperialistas. En efecto, primaron los desacuerdos, como se los llamó en los grandes medios de comunicación, especialmente en torno al liderazgo mundial en los años venideros, el problema del deterioro ambiental a causa del cambio climático, y los conflictos en Corea del Norte, Siria y Ucrania, entre los más sobresalientes.

Pero también puso de relieve la reunión en el puerto alemán, del creciente rechazo popular de amplios sectores populares en el mundo, a las políticas neoliberales y de ajuste económico, que golpean a los pueblos, como se evidenció en las multitudinarias manifestaciones, bloqueos de calles y choques con la policía, durante los dos días de sesiones del evento de los líderes de los países capitalistas.

Tema destacado de la agenda fue la necesidad de adoptar compromisos más audaces en torno a la lucha contra el calentamiento global. Desde el comienzo de la reunión, se puso de presente el choque entre el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, que rechaza los acuerdos de París en esta materia, y el resto de los asistentes.

La soledad de Trump

El mandatario norteamericano, pese a ser el representante de la mayor potencia industrializada, quedó virtualmente aislado, en lo que constituye un hecho sin precedentes en este tipo de foros, que definen la política económica mundial. Las potencias occidentales, con Alemania a la cabeza, le dijeron a Trump que no les gusta su política en materia de cambio climático, y que por su parte harán los esfuerzos necesarios para contener el deterioro medio ambiental.

No obstante, hay una diferencia entre lo que reclama la comunidad científica, y lo que se proponen los países industrializados, que es luchar contra el calentamiento global para facilitar la expansión del capital y su supervivencia universal.

Los medios de comunicación coinciden en señalar que en torno a la lucha global contra el terrorismo, sí hubo consenso por parte de los asistentes al foro de Hamburgo. La idea de los gobernantes es meter en cintura los grupos yihadistas, que ellos, y en particular la CIA norteamericana, crearon, armaron y consintieron en su lucha contra la Unión Soviética, y contra gobiernos progresistas que no se plegaron a sus intereses, como sucede hoy con Siria.

Repartiéndose el mundo

Otro eje temático del G-20 es la posibilidad de superar desavenencias para continuar expandiendo el libre mercado, repartiéndose el mundo en nuevas esferas de influencia, como Siria, Yemen, Ucrania, Irak, Corea y amplias regiones de Asia, África y el océano Pacífico.

Usualmente, reuniones como las cumbres del G-20, poco resuelven en términos económicos y sociales, pero actualizan la correlación de fuerzas del capitalismo sobre el orden mundial. Integrado por 19 países, más la Unión Europea, el Grupo de los 20 tiene por objeto declarado estimular el desarrollo económico del planeta y apuntalar la generación de empleo.

Sin embargo, en las últimas dos décadas, la economía mundial se ha caracterizado por conatos de crisis financieras en forma reiterada, por la caída de los bancos y la depreciación de las principales monedas, como el dólar y el euro. A lo que se suman, el desempleo creciente, el desmonte de las garantías sociales de los trabajadores y la desaparición del Estado de Bienestar proclamado por la Revolución Francesa.

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