Crisis económica y guerra comercial

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Trump y Xi Jinping. Los protagonistas de la guerra comercial.

José Ramón Llanos

Para entender cabalmente la guerra comercial desatada por Donald Trump, fundamentalmente contra China y contra México y la Unión Europea, debemos tener en cuenta las consideraciones teóricas de Carlos Marx y Lenin al caracterizar el sistema capitalista, como la formación económico social, condenada a desaparecer en un proceso de crisis repetidas hasta culminar en la crisis general e irreversible. Hoy algunos economistas y analistas de la geopolítica reconocen la caracterización que hace Marx del capitalismo. Incluso Patrick Artus, economista jefe del banco francés Natixis, reconoce que la situación que vive el capitalismo ya había sido prevista por Carlos Marx.

Vale la pena tener en cuenta la visión que tiene Patrick Artus de la política  de Trump y los riesgos que se derivan de ella:

“Los movimientos violentos de la administración Donald Trump nos colocan en una dimensión sólo explicable con la letra del socialismo. La estrategia América Primero del gran pensador moderno del capitalismo sin rumbo (Trump) conducen al planeta a la guerra comercial, en un conflicto saturado de importantes implicaciones militares, desequilibrios y contradicciones entre los actores protagónicos sistémicos, como se ha visto de sobra en la reunión de neoliberales en Davos y en la reunión estratégica y militar de Munich en el mes de febrero de 2018”.

Debemos también tener en cuenta los intereses del sector de clase que representa Trump, en la industria de las armas y los beneficios que reciben de mantener y aun acrecentar las tensiones existentes entre los Estados Unidos y China y Rusia. También es necesario identificar la desacerelación que vive el capitalismo, hasta el punto que a pesar de que todavía no se recupera totalmente de la crisis comenzada en el 2018 y ya se vislumbra otra crisis en el horizonte económico.

Los pasos de la guerra comercial

El problema comenzó con una bufonada de Trump: “las guerras comerciales llegan a ser cosas buenas y fáciles de ganar”. Posteriormente el Departamento de Estado anunció la imposición de aranceles del 25% a importaciones chinas por valor de 50 mil millones de dólares “que contienen tecnologías industrialmente significativas”.

La respuesta china no se hizo esperar: “nuestra respuesta será contundente e inmediata. Por eso a partir del mes de julio del presente año, los chinos gravaron 545 artículos estadounidenses por valor de 34.000 millones de dólares, los artículos gravados, autos, productos agrícolas y piscícolas. El punto débil de Trump en esta guerra desatada por él son los productos agrícolas, tanto es así que ya hay radicales críticas de portavoces del sector agrícola: John Heisdorffer de la Asociación Estadounidense de Soya, reiteró su “gran preocupación sobre el potencial de China para tomar represalias contra la soya estadounidense, ya que es el mayor comprador y consume casi un tercio de la producción nacional por valor de 14.000 millones de dólares anuales”.

Debemos destacar que la producción agrícola se da en los estados que le pusieron un número significativo de votos a Trump. La proximidad de las elecciones de noviembre en Estados Unidos, debido a los riesgos económicos que corren los productores de soya y manzana pueden causarle una derrota electoral parlamentaria.

Se radicaliza la guerra comercial

China, en vista que Trump incrementó el número artículos sobre los cuales impuso mayores aranceles, declaró: “China se ve obligada a responder al unilateralismo y al proteccionismo comerciales de los Estados Unidos, y no tiene más remedio que responder con sus propios aranceles”.

Estas declaraciones respondían al hecho de que el presidente Donald Trump había escalado la guerra comercial ya que el mandatario norteamericano a partir del 24 de septiembre determinó nuevos aranceles por un valor estimado de 200.000 millones sobre 6.000 artículos chinos.

Los riesgos de esta contienda

El gobierno asiático respondió gravando nuevos artículos por un valor de 60 mil millones de dólares. La estrategia china apunta a los blancos electorales de Trump, por eso entre los artículos gravados se encuentra el gas licuado producido en los estados que fundamentaron su triunfo electoral.

El aspecto que más preocupa a los analistas de la geopolítica de la actual contienda arancelaria, no es la cuestión económica, sino las objetivos ocultos de la lucha por determinar la hegemonía del poder mundial, al respecto leamos lo que conceptúa Ambrose Evan Pritchard del Daily Telegraph: “Esta guerra arancelaria poco tiene que ver con el comercio, se trata de una lucha por el poder, para determinar cuál de las potencias hegemónicas dominará la tecnología y dirigirá el mundo en el siglo XXI”. La historia de las guerras comerciales de siglo XX nos indican que los Estados Unidos, perderán esta contienda, como dice Paul Krugman; “Trump una vez más está escupiendo hacia arriba”. Pero ese no es el problema esencial, la incógnita que le interesa a los pueblos y que tiene gran significación histórica es: Estas guerras comerciales qué tanto pueden ser aprovechadas por los pueblos que padecen la explotación capitalista, para lograr su definitiva liberación e iniciar la marcha para construir una sociedad sin clases.

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