Coronavirus como eutanasia

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Habitantes de Huwan.

Alberto Acevedo

El pasado miércoles 11 de marzo, la Organización Mundial de la Salud, OMS, hizo un esperado y al mismo tiempo temido anuncio: El coronavirus alcanzó el nivel de pandemia. Al momento del anuncio, el mundo ya registraba 118.000 casos de contagio en 114 países y 4.291 fallecidos. A este momento, las cifras han crecido exponencialmente.

El organismo rector de las políticas de salud pública, definió como epidemia “un surgimiento de casos humanos de enfermedades infecciosas y una propagación rápida de estos, que pueden llegar a causar la muerte”. La pandemia, entre tanto, significa una mayor zona de infección que en el caso de la epidemia, y la nueva enfermedad “traspasa las fronteras internacionales y generalmente afecta a un gran número de personas”.

“Pandemia no es una palabra para usar a la ligera o descuidadamente. Es una palabra que, si se usa incorrectamente, puede causar un miedo irracional o una aceptación injustificada de que la lucha ha terminado, lo que lleva a un sufrimiento y muerte innecesarias”, declaró el director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus.

Comenzó a ceder

El paso de epidemia a pandemia no significa que el Covid-19 se haya vuelto más peligroso, solo indica que aumentó el territorio afectado. “Describir la situación como una pandemia no cambia la evaluación de la OMS sobre la amenaza que representa el coronavirus”, dijo Ghebreyesus. “Todos los países aún pueden cambiar el curso de esta pandemia”, precisó.

Concomitante con el pronunciamiento de la OMS, China anunció que el pico más alto de contagio en ese país ya se alcanzó y la infección comenzó a ceder. El fin de la semana pasada, China incluso envió a parte de su personal médico a otros países para contribuir a la lucha contra la pandemia.

Algunos científicos han comenzado a pronunciarse en el sentido de que consideran exageradas las medidas que se han venido tomando, algunas de las cuales rayan en la paranoia. Se viene haciendo una apología del contagio. Desde que se extendió el coronavirus, no existe nada más como tema en los grandes medios de comunicación, ni en los foros políticos y los pronunciamientos oficiales. No hay infartos, ni dengue, ni cáncer, ni gripas, ni refugiados, ni bombardeos, ni desastres ambientales.

A las puertas de una recesión

El virus cae como anillo al dedo frente a muchas expresiones de crisis, en el sentido de que, bien manejado por los políticos, cuando no se quiere hablar de un tema que moleta, se distrae la atención hablando de otro. Es el caso colombiano, donde no se volvió a hablar de la parapolítica, ni de la corrupción, ni del Ñoño y su relación con la familia presidencial. Hasta el león Júpiter salió damnificado, pues no se volvieron a ocupar de él los noticieros.

El problema en este sentido es que la globalización ha transformado la relación entre los humanos y el virus, donde lo local es global y lo global es local y, sin embargo, no existe un sistema de salud apropiado. Con todo y eso, los países afectados deberán contener la epidemia en un tiempo relativamente breve si no quieren que el impacto se agrave con el paso del tiempo.

Que podría ser peor, si el virus se extiende a países pobres, o se generaliza en los ya afectados. Generalmente allí hay sistemas sanitarios débiles, una salud deficiente, afectada por la pobreza, el hacinamiento urbano, sistemas de aguas residuales defectuosos o inexistentes, negligencia de la industria farmacéutica, dietas alimentarias deficientes, entre otros factores adversos.

En la era de cyborg

El otro aspecto que se discute es el de los efectos de la pandemia en la economía global. El Fondo Monetario Internacional y la OCDE han coincidido en afirmar que el Covid-19 ha contribuido a frenar la economía, generando un menor crecimiento y un descenso de la producción, el comercio, el consumo, el turismo y el transporte. Todo apunta, dicen, a que estaríamos a las puertas de una nueva recesión mundial.

El coronavirus, además, ha puesto en evidencia, en un instante, nuestra vulnerabilidad. Destruye la ilusión humana de la inmortalidad. El homo con mascarilla es el símbolo de la nueva era, del siglo XXI, de la era del cyborg. ¡Qué ironía!

Pero también ha revelado la fragilidad de la economía, como ya se anotó arriba. Aunque analistas serios niegan esa relación inmediata. Eric Toussaint, por ejemplo, dice que la economía global ya estaba en crisis, preagónica, antes de que irrumpiera el coronavirus. No es el coronavirus y su expansión el causante de la caída de las bolsas. La epidemia fue el detonante. Si la gente se convence del nexo perverso entre caída de bolsas y coronavirus, los gobiernos y la banca mundial pueden lavarse las manos en cuanto a su responsabilidad en la crisis global. La caída de las cotizaciones en las bolsas de valores ya estaba anunciada antes de que apareciera la pandemia.

La crisis ya venía

La riqueza del denominado 1% aumentó en forma exagerada en las últimas décadas, pues se basa en el crecimiento de los activos financieros improductivos, que se dispararon. Este sector decidió comenzar a vender sus acciones, pensando en que toda fiesta tiene su final. Y se adelantaron a vender acciones antes que sufrir pérdidas mayores.

De otra parte, en los últimos años, en grandes economías como las de Alemania, Japón, Francia e Italia, la producción industrial se detuvo, o creció por debajo de las metas propuestas. Como en el caso de la industria del automóvil, con una importante caída en las ventas. La producción global dejó de crecer en 2019 en buena parte de Europa, mientras en el mundo, la población ve como sus ingresos reales disminuyen.

La pandemia del coronavirus tiene muchas caras. Grupos ecologistas señalan que la debacle en la producción industrial beneficia la conservación del medio ambiente, pues ha disminuido en forma significativa la emisión de gases de efecto invernadero.

Incluso, alguien, con picardía, señala que la pandemia, con sus picos de mortalidad, centrados en ancianos y enfermos inmunodeficientes, parece diseñada por Christine Lagarde, la antigua directora del FMI, que para el 2012 proponía el retraso en la edad de jubilación y el desmonte de las prestaciones sociales “ante el riesgo de que la gente viva más de lo esperado”. Ahora el coronavirus, parta satisfacción de estos personajes, nos ofrece una selección natural de la especie, calcando la amenaza bíblica del apocalipsis. Es la pandemia como eutanasia, para resolver la crisis global del capitalismo…

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