Coronavirus de baja intensidad

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Afiche aparecido en algunas vitrinas de Madrid. El personaje, archiconocido, está dotado de tapabocas y celular, por si acaso.

Hay pandemias reales que causan más muertes al año que las registradas hasta ahora por el coronavirus. El Sida en África, la contaminación del aire en los grandes centros urbanos, la mala calidad del agua para el consumo humano, son infinitamente más letales

Ricardo Arenales

En la última semana se dispararon las noticias sobre los peligros del coronavirus. La Organización Mundial de la Salud, OMS, elevó el nivel de alerta en el mundo, y eso contribuyó a multiplicar los temores generalizados. Las bolsas de valores se precipitaron al suelo, el precio internacional del petróleo se desplomó, el dólar se disparó, el turismo colapsó, y la economía mundial empezó a temblar.

Una serie de prestidigitadores de la política y la economía, secundados por grandes titulares de la prensa mundial, hablan del apocalipsis. El virus llegó a América Latina, con casos registrados en México, Brasil y Perú. El gobierno colombiano, consecuente con los temores generalizados, declaró una especie de alerta moderada.

“La serie de focos (de contaminación) que ocurren en todo el mundo es una señal de que los casos están avanzando y lo que vamos a tener aquí es una pandemia”, advierte Ian Mackay, especialista en virus de la Universidad de Queensland, en Australia. Al referirse al aumento de los casos en Irán, Grecia, Corea del Sur e Italia, el director general de la OMS, Tedros Ghebreyesus, dice que el tiempo para frenar la propagación del virus “se está acabando”.

Al borde de una recesión

No ha faltado quién se atreva a hacer el ejercicio de comparar el ritmo de propagación del virus con el argumento de la película Día de la Independencia, con Will Smith, en la que, tras un ataque alienígena, es destruido medio planeta, incluido el Capitolio de los Estados Unidos.

La Organización Mundial del Comercio, OMC, vaticinó que el crecimiento del volumen del comercio global seguirá debilitándose en 2020, porque a las afectaciones anteriores ya diagnosticadas, se agrega el efecto del coronavirus. En su informe El barómetro del comercio de bienes, divulgado el 17 de febrero, la OMC dice que el volumen del comercio mundial se detuvo en 95.5, inferior a la lectura anterior de 96.6, ambas cifras por debajo del punto de referencia de 100, que utiliza la medición.

Analistas como Germán Gorraiz López, se atreven incluso a advertir que el crecimiento hasta ahora incontrolado del virus originado en China plantea la posibilidad real de un nuevo crash bursátil, que hasta ahora pasa desapercibido por las agencias de calificación, por la desconexión de los analistas con la epidemia del coronavirus. Dice Gorraiz, que en estas condiciones el mundo se acercaría a su tercera ola de recesión.

Guerra comercial de por medio

Lo cierto es que ya hay expresiones de pánico. El congreso mundial de la telefonía móvil en Barcelona, emblemático en esa industria, fue cancelado. También eventos deportivos a escala global. La Asociación de Aerolíneas calcula en 30 mil millones de dólares las pérdidas por la baja demanda en la compra de tiquetes aéreos. En regiones de Italia los cupos de hotelería y turismo se redujeron hasta en un 90 por ciento. Poblaciones enteras en China e Italia permanecen en cuarentena.

Hay un sobredimensionamiento de los efectos del virus de Wuhan. En medio de una feroz guerra comercial entre Estados Unidos y China, no se oculta la satisfacción que entre los medios económicos norteamericanos causa la posibilidad de que la economía y el comercio chino se afecten sensiblemente. Para algunos científicos llama la atención que, de tres tipos de coronavirus detectados en el mundo, dos hayan aparecido en China, y en medios cubanos se especula con la idea de que esta última versión del virus pudo haber tenido su origen en un laboratorio norteamericano.

La semana pasada, el número de fallecidos en China, donde más extendida está la pandemia, ascendió a 1.380, mientras 6.723 lograron recuperarse. El número de infectados en el país asiático asciende a 63.851 personas. Según expertos en epidemiología el porcentaje de muertes por coronavirus en la población del planeta es del 0.0002 por ciento, mucho menos que los decesos por gripa común, que tienen una incidencia global del 0.01 por ciento.

Olvidos convenientes

Esta cifra nos muestra que hay pandemias reales que causan más muertes al año que las registradas hasta ahora por el coronavirus. El Sida en África, la contaminación del aire en los grandes centros urbanos, la mala calidad del agua para el consumo humano, son infinitamente más letales.

La polución del aire causa 8.8 millones de muertes al año, indican las autoridades ambientales. La mayoría de esas muertes se producen por enfermedades pulmonares y cardiovasculares asociadas al aire contaminado. Respirar aire contaminado, provoca más muertes que el consumo de cigarrillo. Debido a la concentración de gases, humos y partículas en suspensión, respirar aire en un sitio atestado de tráfico como Puente Aranda y la Autopista Sur en Bogotá, equivale a fumarse entre 15 y 40 cigarrillos al día. Más del 93 por ciento de los niños del mundo están respirando aire completamente tóxico, señala un estudio reciente, publicado por la revista The Lancet Planetary Healt, que reclama como “urgente” que se mejore la calidad del aire.

El miedo, un buen negocio

En 2018, alrededor de 113 millones de personas murieron de hambre. Por fortuna, esta epidemia no es contagiosa, no causa caídas en las bolsas de valores, ni se cancelan eventos deportivos por ello. Pero es una epidemia peor que el coronavirus. La ONU señaló en reciente informe del año 2019, que además de los fallecidos por hambre en 2018, 143 millones de seres humanos más estuvieron a punto de fallecer por la misma causa, mientras 800 millones de personas padecen hambre.

El mundo logró superar pandemias como la de la gripa aviar, la porcina, la asiática. Pero la prensa ahora, en plena guerra comercial con China, habla de la posibilidad de millones de muertes. Sembrar miedo en la población, sobre todo frente a enfermedades y la muerte, es en general un buen negocio, sobre todo en épocas de grandes crisis sociales y económicas, para inhibir a la gente de perseverar en las soluciones.

El pánico multiplica de forma exponencial las ganancias de los fabricantes de elementos sanitarios y reactiva sus negocios, independientemente de la gravedad, real o no de la pandemia que se combata. Hay más de histeria, de sensacionalismo, de fake news, en la lucha contra el coronavirus, que de peligros reales.

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