A construir la más amplia coalición por la vida y la paz

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Foto Gabriel Pérez.

El acto de posesión del presidente Iván Duque ha generado toda clase de análisis, desde las señales climáticas, hasta la idea del “policía bueno y el policía malo”, en razón del pendenciero discurso del presidente del Congreso, Ernesto Macías, versus el “esperanzador y juvenil discurso de Duque”. Si observamos más allá de las formas, su contenido es el mismo, un proyecto de regeneración conservadora que las elites desean imponer.

La negatividad de Macías con respecto al desempeño del gobierno Santos, es el truco de los neoconservadores de siempre, señalar el calamitoso estado del país buscando legitimar “la terapia de choque” contra las conquistas populares y los intereses mas caros de la nación. Por su parte, Duque en otro tono, llama a la unidad nacional en torno a una agenda dictada por el directorio central de la oligarquía colombiana, el Consejo Gremial Nacional.

Ambos apuntan a impedir la consolidación de la paz, la notificación a la cúpula militar de su descabezamiento por haber participado en la negociación del Acuerdo de La Habana, nuevas reformas al Acuerdo mismo, el retiro de Unasur y el injerencismo abierto contra los gobiernos de Venezuela y Nicaragua, son un llamado para acentuar el ciclo de violencia política interna y la posibilidad real de ser epicentro de una intervención militar yanqui.

La reforma judicial y de las altas cortes pretende conservatizar aún más la justicia, abogando por la legalización de la pena de muerte, la eliminación del delito político vía desconocimiento del conflicto armado, reemplazándolo por el de amenaza terrorista o eliminando la conexidad de la rebelión con otros delitos, ello sin mencionar la búsqueda de impunidad para el innombrable.

Como si fuera poca la miopia del régimen, la reforma política y la propuesta de reducción de las corporaciones públicas (Congreso, asambleas y concejos), tienen como orientación golpear la consolidación de una crecida oposición política, cambiando las reglas del juego de cara a los comicios de 2019 y el 2022.

En función del desastre económico dejado por Santos, materia en la cual nunca discreparon, tanto Macías como Duque, orientados por el Consejo Gremial Nacional, anunciaron, una nueva reforma tributaria contra los trabajadores, especialmente contra las capas medias, mientras a los empresarios les reduce la tributación; una reforma pensional que marchitaría Colpensiones, obligando a cotizar solo en los fondos privados. Además de ello es previsible una nueva reducción del empleo estatal mediante la fusión de entidades, ante la “desbordada burocracia”, con contratos basura.

Los discursos de Macías y Duque, apuntan a la violencia política y el reavivamiento del conflicto armado interno, al cerramiento de los escasos espacios políticos a la oposición y la ofensiva social contra el conjunto del pueblo colombiano.

Asistieron a la posesión de Duque, a excepción de Evo Morales, mandatarios de la derecha neoliberal continental, como Mauricio Macri, Enrique Peña Nieto y Juan Carlos Varela; quienes provienen de partidos golpistas como Jorge O. Hernández de Honduras, Jimmy Morales de Guatemala, además de la fraudulenta Corte Venezolana en el exilio que hace juicio a Maduro y la guerrerista embajadora de EE.UU. ante la ONU Nikky Haley.

Frente a semejante proyecto neoconservador de remodelación institucional y social debemos coadyuvar a la construccion de las coaliciones más diversas en la defensa de la vida, la paz, los derechos humanos, las libertades democráticas y las conquistas sociales; la defensa de la autodeterminación de los pueblos, que se oponga a las aventuras militaristas de los yanquis y la derecha continental contra Venezuela y Nicaragua. En medio de la lucha unitaria, prepararnos para conquistar cientos de gobiernos locales en 2019.

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