Confinamiento y exclusión

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Foto tomada de portafolio.co

Una de las medidas adoptadas a nivel mundial para combatir el coronavirus ha sido la del confinamiento con la cuarentena, sin embargo, esta medida aplicada sin las respectivas garantías, ha puesto en situación de mayor vulnerabilidad a las personas que ya se encontraban vulnerables a partir de sus condiciones socioeconómicas precarias

Pompeyo Arteta Cervantes

La llegada y avance de la Covid–19 ha dado lugar a una serie de sucesos y reflexiones, que van desde acontecimientos económicos hasta disquisiciones que apuntan a cambios en el modelo. El caso colombiano y latinoamericano permite situar el problema central directamente sobre las víctimas, no solo del virus, sino del modelo neoliberal: las y los de abajo. Si las lecturas y análisis se centran en las víctimas directas del capitalismo, se puede abrir un horizonte post pandemia que permita construir una realidad distinta a la catástrofe de hoy. En ese sentido, a partir de la situación que padece la clase oprimida con el confinamiento obligatorio, se permite arrojar unos presupuestos que rescaten y posicionen a las y los excluidos como sujetos con la misión inconclusa de construir otra realidad.

La preocupación que cierne la pandemia sobre el suelo colombiano, invita, llama y obliga, a quedarse en las casas y a llevar una higiene personal y hogareña muy disciplinada, es la medida precisa para evitar que se siga expandiendo el virus en todo el territorio. Parece un esfuerzo humano simple, realizable. Sin embargo, las condiciones de pobreza y miseria en las que vive una inmensa cantidad de la población, son un caldo hirviendo. Lo cierto, es que esencialmente no es tan simple si no hay garantías para que la población cumpla con eficiencia el asilamiento preventivo. Desde el paredón de la opinión en estos tiempos, las redes sociales, airadas voces le exigen al gobierno medidas que garanticen a las familias quedarse en casa, entre ellas: congelar el pago de arriendos, congelar el pago de los servicios públicos, que los empleados no pierdan su trabajo, un subsidio alimentario para la población vulnerable y otros elementos encaminados al fortalecimiento del sistema de salud y la red pública hospitalaria.

Entre la espada y la pared

Es el escenario de un drama trágico para aquellos rostros de angustia, es la apertura de un dilema para los excluidos: arriesgarse al rebusque en las calles desoladas, exponiéndose al aparato represor y de control del estado, y al virus, o entregarse al padecimiento del hambre. Para estos momentos de preocupación e incertidumbre de la gente pobre y vulnerable, se debe asumir de manera urgente medidas financieras encaminadas a un plan de necesidades, que recoja las exigencias de la gente, y un plan contra el hambre. El asunto sería si el gobierno y la burguesía estarían dispuestos a asumir darle bienestar a la clase oprimida de la sociedad. En un escrito de 2004, titulado “Acta de acusación”, recogido en el texto “Memoria y luchas sociales”, Álvaro Vásquez recuerda lo obtusa y negada que es la élite gobernante.

“Todo lo cual reconfirma que la élite gobernante no sólo es impenetrable a la realidad, sino que no acepta ningún cambio o concesión de sus privilegios. Y que el único camino es el de la más decidida lucha del pueblo por cambiar el signo de la miseria y la desigualdad aberrante”.

La pandemia genera una situación donde se coloca a los sectores vulnerables de la sociedad contra la espada y la pared, sacándolos de sus dinámicas diarias, de sus formas de subsistir, entregándolos a la incertidumbre del comer o no comer, a la desvelada espera de una ayuda estatal o a la vertical caridad. Los aislados saqueos e intentos de saqueos que se han dado hasta el momento, son el resultado de la pavorosa situación de tensión, desespero e incertidumbre que existe. El signo de la pobreza que busca saciar el hambre. La gente llevada a un límite donde la única alternativa es vivir, rompe las barreras del miedo y desde su interior solo se respira rabia y rebeldía. La obra de Fernando Soto Aparicio, La rebelión de las ratas, enseña y retrata la dimensión de esa vida, de lo pesado que se respira el aire de la exclusión, y de que las tensiones y los desesperos alimentan de oxígeno el fuego del estallido. Y en Colombia y Latinoamérica los Rudecindos abundan.

La normalidad afectada

La llegada del nuevo coronavirus afectó una barbarie llamada normalidad, la incertidumbre que origina la pandemia tiene muchos rostros, no solo el atravesado por la preocupación de la exposición a un contagio, sino también el rostro social de la subsistencia. Son los rostros de la preocupación en medio de la miseria en que se hallaron, de repente, ante un monstro imperceptible que llegó a destruir la normalidad.

Una normalidad preocupante, inhumana, caracterizada por la desigualdad, la pobreza, la miseria, la exclusión y la precariedad. El signo de la violencia. Toda esa barbarie va intrínseca en el capitalismo. Pero el asunto de gravedad estará siempre en el conformismo, en entregarse a lo dado. El conformismo es un fenómeno político que va desmovilizando los esfuerzos y luchas por alcanzar una vida digna y un mundo diferente.

Son tiempos para pensar en los y las que venden tintos o viven del reciclaje, en quienes piden dinero y comida en las calles, en las personas que limpian vidrios en los semáforos, en la marea de desempleados, en la clase excluida, oprimida y explotada, no hay lugar para la indiferencia.

Un horizonte en disputa

El panorama debe recordar las exigencias históricas de la clase oprimida, los padecimientos actuales de la sociedad deben llevar a la rememoración de una disputa inconclusa de los tiempos, hay que hacer memoria, tomar fuerzas del pasado, cuestionar las formas que se tienen de pensar la historia. El acecho del virus es una recordación a las y los excluidos del mundo, que se deben pensar nuevos horizontes por fuera del instrumental y salvaje capitalismo.

El hecho de que el repliegue de la humanidad a su confinamiento, resultado del virus, lleve consigo como reacción que mejore la calidad del aire, y que algunas especies ocupen los espacios generalmente transitados por los seres humanos, debe marcar como diana la necesidad de la superación de la razón instrumental. Cambiar la relación utilitaria que tiene la humanidad con la naturaleza, de creer que se puede dominar el mundo sin estar atravesado de ninguna dimensión axiológica. Ello debe llevar a redefinir el modo de producir, de distribuir, de las relaciones sociales de producción, y, fundamentalmente, de la relación con la naturaleza.

El capitalismo no se caerá solo, ni el virus por sí mismo llevará a su derribo, la implicancia de que cambie está en el proyecto histórico de los oprimidos y el asumir una sólida conciencia histórica. Si se quiere augurar un tiempo distinto al de hoy, hay que interpelar las lecturas y miradas que salvaguarden el modelo.

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