Con la lámpara de Diógenes: La Guajira sin hambre

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Foto: Manifestación de Colombianos en Madrid. Johnatan Clavijo via photopin (license)

Ningún programa de caridad pública ni solidaridad por muy difundido que sea impedirá la muerte de nuestros compatriotas Wayúu. Es hora de mostrar las verdaderas razones del problema y exigir la solución de los mismos

Foto: Manifestación de Colombianos en Madrid. Johnatan Clavijo via photopin (license)
Foto: Manifestación de Colombianos en Madrid.
Johnatan Clavijo via photopin (license)

Rubén Darío Arroyo Osorio

En ocasiones anteriores nos hemos referido al hambre, la sed, la falta de alimentos, de caminos y medios de transporte, de centros médicos eficientes, escuelas y colegios con capacidad real para recibir y educar a los niños y jóvenes de la Comunidad Wayúu en el departamento de la Guajira. Además de los desatinos del Bienestar Familiar en la región. Ahora, una vez más el Estado pretende seguir resolviendo problemas nodales de su responsabilidad política y moral a punta de campañas de solidaridad, de caridad pública y toda clase de maniobras de doble moral. Con el nombre que enuncia este escrito se ha bautizado la campaña que desde el Atlántico se pretende paliar la trágica situación de hambre y desolación de estos connacionales guajiros.

Hasta finales del mes de febrero/2016 se contaban 13 niños muertos por desnutrición o enfermedades con patologías asociadas al hambre y alimentación inadecuada como anemia, problemas gastrointestinales, neumonía, bajo peso y poca talla para edad, incluso algunos con parálisis cerebral u otras malformaciones genéticas que encuentran caldo de cultivo en la desnutrición de sus padres y el agotamiento físico, psicológico y moral padecido en un contexto con altos índices de desempleo de sus habitantes y abandono total por parte del Estado. Las clínicas de Maicao, Manaure, centros de salud de zonas rurales y desde hace días de Barranquilla dan prueba de esta desdicha de los niños, jóvenes, adultos y ancianos de una región que debe ser preservada por mandato constitucional, contrario a soslayar el problema y las obligaciones del gobierno y el Estado con sus eufemismos falaces.

Las misiones médicas que visitan la zona muchas veces diagnostican y dejan a los niños famélicos en sus rancherías y mueren a los pocos días, el agua que envía con carro tanques no soluciona el padecimiento de sed y otras necesidades. Si el “fenómeno del Niño” sigue su itinerario de estragos y no se adelantan acciones de solución real de promoción de empleos y producción de alimentos superando la sequía, especialmente prohibiendo el desvío de los ríos a las fincas de los grandes hacendados del territorio y la construcción de represas en el Cerrejón. Ningún programa de caridad pública ni solidaridad por muy difundido que sea impedirá la muerte de nuestros compatriotas Wayúu. Es hora de mostrar las verdaderas razones del problema y exigir la solución de los mismos. Es hora que los hermanos guajiros azucen el hambre para siempre. ¡Guajira sin hambre, ya!