El compromiso político del teatro colombiano

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Obra "El Quijote" en el Teatro La Candelaria. Foto Archivo.

Renata Cabrales

El teatro político fue una expresión cultural de los años sesenta y setenta en América Latina, especialmente en Colombia. Fue una iniciativa de las artes escénicas de expresar la realidad de nuestros países “tercermundistas”, para  evidenciar  la injusticia social y las causas históricas-sociales de la condición de colonización imperial en la que vivimos.

Encontramos por  ejemplo, al histórico teatro La Candelaria, dirigido por Santiago García con una de sus grandes obras “Guadalupe años cincuenta” que expresa momentos importantes de la historia del país, lo que la hace un imprescindible referente del teatro nacional. Este ingrediente histórico ha facilitado un vínculo entre la política y el arte, obligando a los artistas de teatro a no ser ajenos a la situación sociopolítica que vive el país, así mismo logra que desempeñen un papel importante dentro de los procesos de transformación social, más aún en este momento de implementación de los acuerdos de La Habana, para alcanzar una paz estable y duradera.

La maestra Patricia Ariza muestra su preocupación por la situación del Teatro La Candelaria y advierte que el maestro García, por problemas de salud ya no los puede acompañar, que uno de sus fundadores, Francisco Martínez, falleció hace poco y que además, el teatro fue excluido de las salas concertadas del Ministerio de Cultura, lo que hace que reciba menos apoyo económico por parte de esta entidad del Estado.

Los primeros grupos de teatro político

Muchos son los teatros de corte político y social que surgieron en esa época de grandes cambios, fue el Teatro de Cali, dirigido por Enrique Buenaventura, autor, director, ensayista, poeta, promotor teatral, pintor y teórico del teatro, quien desarrolló una dramaturgia propia, pero influenciada por Valle Inclán, el teatro épico de Bertolt Brecht y mantuvo, además una constante exploración en temas y personajes colombianos y latinoamericanos.

Surgieron en Bogotá, grupos teatrales, aparte del Teatro La Candelaria, como el Teatro “La Mama”, creado en un principio por Kepa Amuchastegui, en afinidad con el teatro experimental “La Mama” de Nueva York. Entre sus montajes más destacados se encuentra su obra Los tiempos del ruido.

En 1970 inició su trabajo artístico y productivo el Teatro “El Local”, del cual ha sido director, desde sus inicios, Miguel Torres, actor, director, dramaturgo y escritor. Entre sus primeros trabajos destaca la obra La Siempreviva, inspirada en el tema de los desaparecidos en el Palacio de Justicia, a finales de 1985.

En 1968 fue creado el Teatro Popular de Bogotá (TPB), por un grupo de directores formados en la escuela de teatro de Praga, Checoslovaquia, Jaime Santos, Rosario Montaña y Jorge Alí Triana, quien dirigió el grupo hasta su final. Entre sus creaciones más importantes: I Took Panama, sobre la separación de Panamá de Colombia en 1903, dramaturgia de Luis Alberto García y dirección de Jorge Alí Triana.

Para la dramaturga Patricia Ariza, la situación de Colombia y del mundo es propicia para la creación. El teatro, afirma, puede ayudar enormemente a reconstruir el tejido social roto por el desafecto y la violencia.

Así mismo, según Ariza, el arte ha ofrecido todas sus herramientas para sensibilizar, y denunciar, también para convertir en fuerza el dolor padecido por las víctimas del conflicto armado y es por eso que esta nueva etapa, la de la paz, que afronta el país, no puede prescindir de la presencia de las y los artistas.

Movimiento 27 de marzo

Es por eso que el 27 de marzo, día del teatro, los artistas se movilizaron y así mismo llevaron a cabo una audiencia en el congreso de la república con el fin de elevar ante el presidente Juan Manuel Santos sus voces de indignación y proponer unos puntos que buscan una salida urgente “al desencuentro cultural y ayudar al país desde la cultura a la construcción de la paz y de la justicia cultural como parte de la justicia social…Pero también venimos a iniciar un diálogo reiteradamente aplazado entre el gobierno y los artistas para que el trabajo creador sea reconocido y dignificado”.

Uno de los puntos a reclamar es que se cree un colectivo de artistas, conjuntamente con expertos en legislación, para que elabore el plan nacional de cultura a 15 años. Un plan que corresponda a las verdaderas necesidades del país y de los artistas.

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