Comienza la era Biden

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Joe Biden reclamó la victoria electoral

El ‘americanismo’ en Estados Unidos, que nació en 1823 con la declaración del presidente James Monroe, es una guía de la política de Estados Unidos con respecto a América Latina

Alberto Acevedo

Con un vehemente llamado a derrotar la desesperanza, superar las divisiones, retomar la unidad nacional y enfrentar cohesionados los efectos de la pandemia del coronavirus, el electo presidente de los Estados Unidos, Joe Biden, pronunció un discurso en la noche del pasado sábado, en el que se proclamó vencedor en los comicios del 3 de noviembre, después de cuatro días de incertidumbre, en los que el actual mandatario, Donald Trump, también reclamó la victoria y acusó a la contraparte de fraude electoral.

“Estamos en un punto de inflexión, de derrotar la desesperanza. Tenemos que restablecer el alma de nuestro país”, dijo emocionado el entrante mandatario de los norteamericanos. Refiriéndose a quienes votaron por Trump, les advirtió que aspira a ser el presidente de todos los ciudadanos de ese país, sin importar su color político o de raza, y les propuso: “Démonos la oportunidad. Es hora de dejar atrás la retórica ácida, vernos otra vez, escucharnos. Los republicanos “no son enemigos, somos estadounidenses” y auguró que “este es el momento de sanar” heridas.

“Yo creo en las posibilidades de este país. Un país que nunca deje a nadie rezagado. Nunca ha habido nada que no hayamos querido lograr, cuando lo hemos hecho juntos. Sabemos que podemos ser una nación unida. Estados Unidos es un faro para el mundo”, fueron ideas centrales de la intervención de Biden.

Votación inédita

Las cifras de participación de los electores en las urnas, los resultados obtenidos por los dos candidatos en contienda, constituyen un acontecimiento sin precedentes. Biden obtuvo 74 millones de votos directos, cifra récord en la elección de un presidente en los Estados Unidos. El Partido Demócrata a su vez, mantiene el control de la Cámara de Representantes y se disputa aún una eventual mayoría en el Senado. Producto de esa votación, Biden alcanzó 279 votos en el Consejo Electoral, de 270 necesarios para obtener la confirmación para ocupar el despacho oval de la Casa Blanca.

El otro ganador indiscutible es el presidente Trump. Cómo es posible que un mandatario con semejante gestión desastrosa, que no supo manejar una pandemia que ya produjo más de 230.000 muertos, que sumió al país en una crisis económica sin precedentes, obtenga sin embargo 71 millones de votos, 11 millones más que los alcanzados por Obama, y más de los obtenidos por el propio Trump en las elecciones de hace cuatro años.

En estas condiciones, a pesar de las impugnaciones a los resultados electorales y el pataleo, es probable que se convenza finalmente que debe propiciar una transición lo menos traumática posible. Trump sale con un enorme prestigio en las filas republicanas y se perfila como jefe indiscutible de la oposición durante largo tiempo. Algunos analistas incluso comienzan a hablar del trumpismo como nuevo fenómeno político, lo comparan con el peronismo en Argentina, aunque se asimila más al uribismo en Colombia, por su simiente autoritaria y fascistoide.

América Latina en el escenario

Ahora, la pregunta que en todo el mundo se hacen muchos, es cómo va a repercutir el cambio de timón en la Casa Blanca. Europa, en términos generales, mira con alivio el relevo. La OTAN saluda el hecho como positivo y espera una reingeniería en el diseño de la alianza militar.

Para el caso de América Latina, no hay una estrategia claramente definida hasta hoy. Dada la magnitud de las crisis económica y sanitaria, es probable que la nueva administración dedique atención preferente a cuestiones domésticas de Estados Unidos, al menos en los dos primeros años de gestión. Para el historiador y analista político ecuatoriano Juan Paz y Miño Cepeda, la respuesta a esta incógnita está en la Doctrina Monroe.

“El ‘americanismo’ en Estados Unidos, que nació en 1823 con la declaración del presidente James Monroe, es una guía de la política de Estados Unidos con respecto a América Latina” opina el especialista, quien considera que “a estas alturas de la historia, también depende de cuál sea la actitud de los gobiernos latinoamericanos para entenderla, aceptarla o enfrentarla”.

Matices

“En este sentido, ni Trump ni Biden cambiarán la visión que su país tiene con respecto a nuestra región. Y es en ese marco en el que cabe comprender que la victoria de uno u otro candidato tiene mayores o menores ventajas políticas”, puntualiza Miño Cepeda.

Para el analista, “en lo esencial, la política exterior de los Estados Unidos frente a Venezuela no cambiará. Es seguro que apoyará a la oposición, sin descartar los mecanismos paralelos de acciones intervencionistas, recrudeciendo el bloqueo”. Frente a Cuba, el analista insinúa que Biden no continuará en la línea agresiva de Trump y optaría por “una más aliviada”, aunque duda que “se retorne a los niveles que había logrado Obama”. Considera que frente a México buscará mejorar las relaciones a fin de contener la migración ilegal, pero en todo caso, “Estados Unidos pondrá la mira sobre los gobiernos del segundo ciclo progresista”.

El camino de la protesta social

En relación a Colombia, varios comentaristas han recordado que, en su época de senador, Biden fue uno de los impulsores del Plan Colombia, un programa contrainsurgente que aceleró el conflicto interno colombiano y a su amparo se cometieron las peores masacres, desapariciones y violaciones a los derechos humanos. En una nota de prensa reciente, Biden dijo que Colombia sigue siendo un aliado esencial en desarrollo de la geoestrategia que prioriza los intereses norteamericanos sobre la región. Pero también es probable que, en un comienzo, Colombia salga de su agenda de prioridades dada la atención que deberá prestar a las cuestiones domésticas.

En esa perspectiva, el presidente electo tiene enormes retos por afrontar, dado el legado de Trump. La crisis sanitaria por los desastres del coronavirus, la crisis económica marcada por un desempleo sin precedentes, una pobreza que afecta a millones de ciudadanos, la imposibilidad de los sectores populares de acceder a un servicio de salud eficiente, la necesidad de rediseñar la política exterior, entre otros asuntos.

Muchos sectores populares, entre ellos el movimiento antirracista, fueron factor detonante de la enorme movilización de votantes que acreditaron el triunfo de Biden. Sus principales voceros aseguran que no lo hicieron por convicción frente al programa demócrata, sino para cerrarle el paso a Trump. Esos sectores podrían canalizar en el futuro el voto anticapitalista, por una mayor democracia y por el respeto a los derechos de los trabajadores y de las minorías. El camino de la lucha social sigue en el orden del día en Estados Unidos.

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