A combatir la ultraderechización del Gobierno

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Iván Duque junto al presidente de Brasil, Jairo Bolsonaro.

Humberto De La Calle, exjefe negociador del Acuerdo de paz en La Habana, entre el gobierno nacional y las FARC-EP ha concluido en su columna semanal en El Espectador (27 2019. 1) con la siguiente sentencia: “Imagino que a Duque lo movió, al ingresar a este laberinto sin hilo de Ariadna, el deseo de distinguirse de la política anterior, mostrarse fuerte en un momento en que lo necesitaba y consolidar su coalición. Aunque es un error, ojalá sea solo eso. Que no hayamos terminado metidos en este berenjenal por cuenta del eje Trump-Duque- Bolsonaro, como una especie de movida para desacreditar a Cuba”.

La hipótesis de De La Calle es muy lógica. Ante todo un gobierno débil, con dificultades de gobernabilidad, manipulado desde adentro por un cacique político del paramilitarismo, que busca fortalecerse con su incondicionalidad ante Estados Unidos, especialmente en lo que respecta a la política intervencionista en  Venezuela y en el manejo  de  la implementación de la paz (rompimiento con el ELN, regreso a las fumigaciones, desfinanciamiento del Acuerdo de paz como método de marchitarlo, etc.), y reprimiendo la movilización social y a la oposición. No le ha bastado el repudio general al acto de terror, en medio de la guerra, en la Escuela General Santander. Al minimizar y tender a desconocer los alcances de la solución política en tanto línea de gobierno, instrumenta mediáticamente el dolor de las víctimas y se sirve del rechazo de la sociedad a la guerra, para erigir un nuevo “enemigo interno”, el ELN, y así abrir otro capítulo bélico en el país que ahora bautiza, indignamente, como operación militar “Bicentenario”:

El Gobierno, que hoy se alinea con la ultraderecha continental, desconoce los señalamientos del Consejo de Seguridad de la ONU acerca de la sistematicidad de los cientos de crímenes de líderes sociales, además, ignora el mandato constitucional de combatir el paramilitarismo. Este refinado plan de represión y exterminio de la oposición democrática ocurre ante la indiferencia cómplice del Fiscal General, la cúpula de la burguesía y los latifundistas.

Es claro que estamos ante un bien diseñado plan para ampliar y consolidar el entramado institucional y económico neoliberal, lo cual exige rediseñar el aparato represivo policivo militar, con la consecuente derechización del régimen y los riesgos de retorno a las prácticas de los falsos positivos y la narcoparamilitarización de algunos sectores del gobierno. Esta posibilidad es real, no olvidemos que el Centro Democrático es el partido político que cuenta con el mayor número de paramilitares en sus filas, algunos condenados, en procesos judiciales o prófugos.

Otra expresión de la mayor derechización del Gobierno y desconocimiento de la Constitución, es la violación de la soberanía de Venezuela, liderar la agresión diplomática, participar del inhumano bloqueo económico que afecta a su pueblo, apoyar una farsa de golpe de Estado, y a la vez estimular la presión para una agresión militar de Estados Unidos. El alineamiento con la ultraderecha continental, bajo la batuta de Trump, alienta el no reconocer, ni aplicar los protocolos establecidos para el regreso de los voceros del ELN. En lugar de agradecer a Cuba su generoso aporte al proceso de paz en Colombia, Iván Duque le hace el juego a los Estados Unidos, para que la patria de Martí aparezca como refugio de terroristas.

Pero, la Colombia de hoy no es la del 2002. En la historia inmediata se cruzó, para bien, un proceso de solución política, un Acuerdo de Paz que se ha traducido en una esperanza y un despertar de la conciencia pública y el voto libre que empezaron a romper la dominación del terror. Si actúa en unidad, el conjunto de las fuerzas democráticas tiene hoy la posibilidad de contener y revertir el rumbo hacia el neofascismo. ¡Es la hora de la lucha exitosa, actuemos ya!

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