Columna libre: Opciones electorales

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Rodrigo López Oviedo

Este domingo, los colombianos tendremos una nueva oportunidad de expresar en las urnas las orientaciones que queremos que el Congreso le dé a su trabajo legislativo. Esta oportunidad es de las más importantes de cuantas “supuestamente” hemos tenido, pues al nuevo cuerpo legislativo le corresponderá, muy seguramente, hacer viables los acuerdos de La Habana, lo cual significa, ni más ni menos, la suerte final del proceso de paz. En otras palabras, al Congreso que se conforme le corresponderá una gran responsabilidad en la creación de justicia social, soberanía y democracia, sin las cuales no puede haber paz.

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El término “supuestamente” tiene acá una significación insoslayable. A través de los grandes medios se insiste en que tenemos la democracia más antigua de Latinoamérica. Eso es cierto, pero solo formalmente. En la práctica, y desde los tiempos de Gaitán, lo que hemos tenido es un incontable número de candidatos asesinados. Ni siquiera se han salvado valiosos aspirantes al solio presidencial. Lo curioso es que casi todas las víctimas han sido de la oposición; y si a ello agregamos que casi todas las decisiones tomadas por los oligarcas que han sido elegidos terminan siendo contrarias a los intereses de los electores, ¿es válido decir que hemos tenido democracia?

Para esta ocasión es posible que se incremente la alta abstención, lo cual hace aún más valida nuestra preocupación por las carencias democráticas, así muchos vean en este hecho un acto de protesta. De ser así, siempre ha resultado una protesta inocua, pues no existe norma que reivindique la actitud de los abstencionistas. Tal protesta resultaría más clara con el voto en blanco, pero las exigencias de nuestra legislación electoral exigen que tal forma de expresión sea superior, no a la cantidad de votos del partido mayoritario, sino a la mitad más uno de todos los votos válidos.

El voto en blanco es, entonces, un último recurso al que podría acudirse en condiciones especiales, que no son las actuales. Hoy tenemos a la Unión Patriótica, una colectividad que siempre demostró su compromiso con los cambios que le devuelvan la dignidad perdida a las condiciones de vida de las grandes mayorías. Se necesitó victimizarla a través del asesinato de cerca de cinco mil de sus líderes para acallarla, y aun así eso no fue posible.

Le “raponearon” su personería jurídica para sacarla del escenario, pero tampoco eso resultó efectivo. Por eso hoy la vemos reencauchada, ofreciendo candidatos a la Cámara salidos de la entraña popular. Y para el Senado, al tolimense Carlos Lozano Guillén, número 38 en la lista de Alianza Verde. Estas son las únicas opciones con las cuales podremos salir gananciosos.