Colombia: ¿Victoria o solución política?

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No es lo mismo obtener una victoria en una guerra que finalizar un conflicto interno como el colombiano, en donde se entrelazan y se imbrican íntimamente (como se ha explicado innumerables veces) principalmente tres dimensiones: la militar, la histórico-social y la económica

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Alberto Pinzón Sánchez

…“En una guerra no convencional es muy difícil precisar el tipo de victoria que se puede alcanzar. Es necesario ponernos de acuerdo sobre cuál es la victoria que queremos”, afirma el general Herrera Berbel en un interesante artículo de opinión titulado “¿Cuál es la victoria?”, aparecido en el diario colombo-español El Tiempo 18.09.2014.

Y a renglón seguido, el general, actual rector de la Universidad Militar, continúa su categórica afirmación:

(…)”En una guerra no convencional es muy difícil precisar el tipo de victoria que se puede alcanzar, pese a la existencia de una amplia gama de posibilidades, como la neutralización del adversario, sometimiento, rendición, renuncia a sus pretensiones políticas con armas, pérdida de la voluntad de lucha, debilitamiento estratégico, derrota militar o la solución política mediante conversaciones”(…).

Una opinión así, donde el general Herrera Berbel relativiza la victoria de una “guerra no convencional enumerando una amplia gama de posibilidades”, aparecida en el diario El Tiempo, donde por largo tiempo acostumbraron a la llamada opinión pública colombiana a los anquilosados conceptos político-militares de que la única y posible solución a la guerra contrainsurgente (iniciada plenamente en 1964 con la ejecución del Plan Laso) “era la derrota total del enemigo interno comunista”, trasmitida machaconamente durante más de 40 años, cada semana, en su columna Clepsidra por la “momia coreana” secuestradora de cadáveres, quien también sabía combinar con aristocrática y bogotana destreza la espada tanto como la pluma, sin duda merece un reconocimiento al realismo, así este último sea tardío.

Pero no es esta la principal observación a la nota del general Herrera Berbel que hacemos, sino resaltar la persistente confusión que aún persiste dentro de los altos mandos militares (¿herencia del reloj de agua o clepsidra?) y falta de objetividad al definir el llamado oficialmente “conflicto colombiano” como una simple guerra, sea esta contrainsurgente o “no convencional”, tal como nos la define en su columna el general Herrera Berbel.

Confusión o falta de objetividad que en su caso, lo lleva a plantear su afán por encontrar una “victoria” dentro de las posibilidades que enumera para “cerrar” lo que a continuación denomina “conflicto”.

Un general decoroso, como tuve la oportunidad de decírselo personalmente en San Cugat en octubre del 2004, con una amplia y larga experiencia militar, debiera saber que no es lo mismo obtener una victoria en una guerra que finalizar un conflicto interno como el colombiano, en donde se entrelazan y se imbrican íntimamente (como se ha explicado innumerables veces) principalmente tres dimensiones: la militar, la histórico-social y la económica. Las cuales resulta más que necio tratar de reducir a una sola, pues cada una demanda su propia solución con diversos matices e innumerables tópicos.

La victoria militar, desde la época de Sun Tzu hace más de 20 siglos, simplemente -¡que palabra!- se ha tratado de imponerle nuestra voluntad al adversario.

En la dimensión histórica social y en la económica de un conflicto, donde el objetivo ya no es desarmar a un simple adversario sino modificar una compleja estructura social históricamente determinada, la meta cambia y se orienta a remover sus causas estructurales conflictivas. Por ejemplo en Colombia, a realizar las profundas reformas estructurales represadas durante casi una centuria en una sociedad así mismo compleja en movimiento y en cambio permanente, en donde (por más que la “delfina” descendiente de quien inició el plan Laso en 1964 grite en el parlamento colombiano) ya no es posible, de ninguna manera, confundir públicamente al formidable luchador anticolonial y padre de nuestra patria Simón Bolívar, quien cabalgaba en un caballo palomo, con el capo mafioso y paramilitar Uribe Vélez, quien cabalga (ocasionalmente) sobre una paloma despalomada.

Y donde el Estado colombiano, armado hasta los dientes por el gobierno norteamericano con la millonada de dólares del Plan Colombia iniciado en 1997, durante el gobierno Pastrana antes de iniciar las negociaciones del Caguán y continuado hasta la actualidad, se preparó militarmente con medio millón de hombres fusil para una enorme batalla y para una imaginaria “guerra de posiciones” que solo los “interesados” asesores del US Army y los corruptos contratistas maoístas de la Seguridad Democrática (como Alfredo Rangel y compañía) vieron en la toma de las bases del ejército en el sur del país, debidas en realidad al abandono que de ellas hicieron los generales de la cúpula militar asentada en Bogotá.

Ellos, al no entender el transito paulatino y masivo realizado por la insurgencia, poco después de la experiencia del Caguán, de lo militar hacia lo político implícito en el concepto de la solución política al conflicto colombiano, o percibirlo como una inminente derrota de la guerrilla publicitada diariamente por el gobierno de Uribe Vélez y su ministro de Defensa JM Santos, limitaron su gran plan estratégico oficial a aumentar los gastos administrativos y a recibir el chorro de dinero oficial y estadounidense para la guerra.

A continuar la campaña de odio y satanización contrainsurgente. A impulsar en toda el país una campaña de desmovilizaciones de guerrilleros. Y a cazar individualmente con la ayuda de la CIA (claro está porque solos nunca hubieran podido) a algunos importantes comandantes insurgentes creyendo erróneamente que, con su muerte, seguiría una definitiva desbandada guerrillera y vendría la tan mentada como soñada “victoria que queremos”.

Este sí fue el error estratégico: Al contrario de lo presupuestado por la dirigencia gubernamental, los comandantes guerrilleros con su muerte hicieron aun más fuerte la decisión de imponer en la conciencia social de los colombianos y del mundo la solución política como único camino para finalizarlo. Es lo que actualmente estamos viendo.

Por lo demás, coincidimos plenamente con el general Herrera Berbel cuando afirma que:

1. (…)“El tránsito del realismo de la guerra a la estrategia de la paz llegó como resultado de la dinámica de la confrontación armada, y no como una construcción participativa de la sociedad que permitiera establecer cuál es la victoria que se consigue al finalizar el conflicto armado”.

“En su momento no hubo claridad para entender el realismo de la guerra y la estrategia de la paz en un marco de complementariedad, y no como rivalidades ideológicas atribuidas a los gobernantes de turno. ¡Qué desatino estratégico!”.

Y, 2. (…) “Que el cierre del conflicto sea producto de una concepción integral del Estado, y no como una responsabilidad exclusiva de las FF.AA. (¿Se abandona la tradicional autonomía militar para el manejo del orden público? APS). En ese propósito loable de erigir nación, todos (entiendo que la palabra todos hace referencia a la Sociedad en su conjunto APS) debemos poner un granito de arena, y el momento político estratégico que vive el país no da más espera” (…).

Así pues que, en Colombia, la tan aguda y falsa polarización mediática y electoral habida entre dos fracciones de la clase gobernante entre guerra y paz, inducida compulsivamente por la falsimedia adicta al régimen al pueblo trabajador colombiano para elegir entre Uribe Vélez y JM Santos, objetivamente puede y debe quedar reducida a la idea expresada por el general Herrera Berbel: Victoria, o, solución política integral del histórico conflicto social y armado colombiano. No hay más.

Agencia de Noticias Nueva Colombia