Colombia y la Revolución francesa de 1848

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José Hilario López.

Juan Evangelista Duque

Las revoluciones europeas de 1848 sacudieron a más de cincuenta países y rebasaron sus límites geográficos para dejar su huella en varios países del continente americano, entre ellos Colombia que en aquel año llevaba el nombre de Nueva Granada.  La oleada se inició en Palermo, Italia, el 9 de enero; se extiende después, a finales de febrero, a París, Francia, ciudad a la que revolucionarios y reaccionarios volcaban sus miradas. Precipitaron el levantamiento francés, la carestía de los artículos de primera necesidad, el agudo desempleo, la falta de libertades políticas, la violencia y la represión, agravadas por una crisis económica, agrícola e industrial y por la descarada corrupción de la monarquía de Luis Felipe y su élite, banda de delincuentes que se enriquecían saqueando el estado.

Las clases trabajadoras, en una acción conjunta, impulsaron la burguesía industrial y los pequeños burgueses a derrocar la monarquía, a establecer un Gobierno provisional, y a declarar la Segunda República, bajo el lema igualdad, libertad y fraternidad. No sin incluir además, el derecho al trabajo, la creación de talleres nacionales de empleo para los desocupados y un ministerio laboral presidido por el dirigente Luis Blanc, lo cual imprimía un carácter social a la república. La burguesía, rechazando totalmente estas últimas demandas, se vuelve contra los trabajadores y con el apoyo de los pequeños burgueses y las monarquías, forma un frente común, recluta un numeroso ejército, provoca la rebelión de los trabajadores en lo que se conoce como la revuelta de junio y los masacra.(1)

Mientras tanto, en Colombia, por estos mismos años, las clases sociales dominantes buscaban definir la identidad de la nación: unos, los terratenientes latifundistas, unidos al poder económico y espiritual de la iglesia católica, promulgaban continuar las instituciones y tradiciones conservadoras monárquicas heredadas de España; otros, poderosos comerciantes importadores, a quienes se unían la clase de los artesanos, atraídos por las promesas de libertad, igualdad y fraternidad, conformaban el partido liberal e impulsaban el establecimiento de  una moderna república al modelo de los países desarrollados, Francia, Inglaterra, o los Estados Unidos, de donde importaban las mercancías.

Viajantes de las élites políticas y comerciantes importadores traían libros, revistas, y noticias de los acontecimientos en Europa que se seguían con atención y se discutían en tertulias, en centros intelectuales, en el Colegio de San Bartolomé y se publicaban en los principales periódicos, ya a favor o en contra, como en El Neogranadino y el Alacrán, este último declarado abiertamente comunista. Liberales y conservadores leían las obras de los socialistas utópicos y cristianos, de los pequeños burgueses demócratas, Alejandro A. Ledru-Rollin y Pedro José Proudhon y del poeta burgués Alphonso de Lamartine, cuyo famoso libro Los Girondinos gozaba de gran popularidad en la Nueva Granada, especialmente entre importadores aglutinados en el ala liberal radical, que llegaban a declararse partidarios del socialismo. Dan testimonios de lo anterior, historiadores y políticos de la época: Gustavo Arboleda y Manuel María Madiedo, Rafael Núñez y José Eusebio Caro.(2)

Los hijos de los importadores, jóvenes que lucían trajes confeccionados de paños ingleses, por lo que se les calificaba de “cachacos”, se vinculaban a las Sociedades Democráticas —organizaciones artesanales educativas y políticas— similares a las que habían fundado los artesanos europeos por la misma época. Los artesanos, vestidos de ruana y chaqueta manufacturadas en la nación, por lo que se les calificaba de “guaches”, se reunían en las Sociedades a discutir, junto a los cachacos, los acontecimientos europeos que se relacionaban con los eventos de la Nueva Granada.

Valiéndose de las Sociedades Democráticas, que se habían extendido por toda la nación, José Hilario López conquista la presidencia en el año de 1.849 y adopta medidas transformadoras en el espíritu de la revolución francesa de 1.848, entre otras, la libertad de prensa y asociación, el derecho al voto, la abolición de la esclavitud y la pena capital por delitos político. La Segunda república francesa abolía la esclavitud en las colonias. Había prometido imponer aranceles a los artículos importados, protegiendo la industria nacional, medida que, a su vez, colocaba a los artesanos en oposición a los intereses de los importadores. Ya en la silla presidencial, López los traiciona: desaprueba los aranceles permitiendo el flujo de mercancías extranjeras a la nación, favoreciendo a los comerciantes burgueses y lanzando a los artesanos a la desocupación y a la pobreza. En consecuencia, la situación de los artesanos se agudiza durante los gobiernos de José Hilario López y de José María Obando entre 1.849 y 1.854.

Bajo la dirección de José María Melo los artesanos propician un golpe de estado; derrocan a Obando con la intención de instaurar un estado social a favor de las clases desposeídas tal como lo intentaron los proletarios parisienses. Poco dura el gobierno de Melo. La burguesía comercial rompe con los artesanos y en alianza con los conservadores recluta al sur y al norte de la nación un numeroso ejército que derrota el levantamiento artesanal. Los levantamientos de los artesanos franceses y de los artesanos colombianos cobran gran significado histórico por ser ellos los primeros intentos del proletariado para derrocar un gobierno que no respondía a sus más caros intereses.

Las aspiraciones democrático-burguesas del liberalismo radical de los importadores, determinaron las guerras civiles a lo largo del siglo XIX. Rafael Núñez ejecutando su programa político de la Regeneración, en 1.899, aísla políticamente a los radicales y los lanza a la Guerra de los Mil Días, derrotándolos. Triunfó el conservadurismo. Sin embargo, la agenda liberal democrática se mantiene hasta nuestros días como una agenda inconclusa en la que las clases trabajadoras habrán de incorporar el derecho al trabajo, los campesinos el derecho a la tierra. Por la vía electoral habrán de colocarse en la vanguardia contra la corrupción, la violencia y el saqueo del estado, tal como lo hicieron los proletarios parisienses de 1.848.

(1) Marx, Carlos. Las Luchas de Clases en Francia de 1848 a 1850. Obras Escogidas Tomo I. Editorial Progreso, Moscú, 1973.

(2) Vargas Martínez, Gustavo. Colombia 1854: Melo, los Artesanos, y el Socialismo. Editorial Oveja Negra, 1972.

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