Cine y derechos humanos

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Poster ofi cial del Festival Internacional de Cine por los Derechos Humanos 2019.

Realizadores de 23 países conforman el cartel oficial de 60 películas, entre documentales y ficción, que se presentarán en seis ciudades del país. El objetivo de la iniciativa es promover y defender los derechos humanos desde la producción cinematográfica. Entrevista con Diana Arias, gestora cultural y directora del Festival

Óscar Sotelo Ortiz
@oscarsopos

En el año 2013 un grupo de jóvenes cineastas y gestores culturales se propusieron la tarea de construir un espacio para visibilizar los trabajos audiovisuales que se estaban produciendo alrededor de diversas problemáticas políticas, económicas, sociales y culturales, pero que no tenían la oportunidad de ser proyectados hacía el gran público.

El resultado de este esfuerzo colectivo es el Festival Internacional de Cine por los Derechos Humanos, que en 2019 celebrará su sexta edición del 23 al 29 de agosto en Bogotá, Soacha, Medellín, Pereira, Barranquilla y Cartagena, con una variada oferta cultural que contempla proyecciones, charlas y talleres de formación. Con el eslogan “El cine nos une”, el Festival se convierte en una apuesta por la promoción y la defensa de los derechos humanos a través de la producción cinematográfica.

VOZ habló con Diana Arias, gestora cultural, publicista y directora del Festival, sobre las principales apuestas de la iniciativa y las expectativas que tienen con esta nueva edición que llama a visibilizar las luchas de individuos y comunidades que construyen futuros más dignos todos los días.

Cambiar el imaginario

–¿Cuáles son los objetivos generales del Festival?

–El Festival es “por los derechos humanos” y no “de derechos humanos”. Buscamos acciones desde ese enfoque. Desde el principio la intención fue crear el Festival desde una mirada distinta a la denuncia. Lo pensamos como un espacio de promoción y sensibilización de los derechos humanos desde el arte y la cultura. También definimos que fuera un espacio neutro. Somos conscientes que es un ejercicio político, pero evitamos cualquier tipo de instrumentalización por cualquier movimiento o partido político.

–¿Cómo ha sido la recepción del público hasta el momento?

–Ha sido un trabajo muy duro de formación poder llegar a las comunidades con los contenidos del Festival. Por lo general, el público cree que son solo documentales, pero a la hora de proyectar comedia o ficción, la percepción cambia. Sin embargo, siempre ha sido una recepción positiva y eso es gracias al esfuerzo desde la logística, la producción y la cobertura de poder llegar a lugares impensados. Creo que el Festival ha logrado cambiar el imaginario de los derechos humanos como algo exclusivamente de las víctimas y las tragedias, es decir, visibilizar desde otras narrativas las problemáticas de la gente.

Salas independientes y alternativas

–¿Qué apoyo han recibido de la industria cinematográfica?

–Recibimos apoyo a partir de las convocatorias que hay para festivales. Hemos ganado tres veces la de Proimágenes, mientras que se ha logrado ganar dos veces la convocatoria del ministerio de Cultura. Con Cine Colombia logramos cosas, pero no directamente con ellos. Hemos tocado mil veces la puerta y siempre ha estado cerrada.

Esto ha derivado en una de las “falencias”: no tener salas de cine para proyectar las películas del Festival. Ahora tenemos la Cinemateca, pero antes no existía esta posibilidad. Sin embargo, hasta el momento se ha contado con el apoyo de salas de cine independientes, alternativas, incluso improvisadas.

Por ejemplo, en Cartagena el Festival lo hacemos con comunidades vulnerables. En condiciones precarias nos toca proyectar en fachadas, paredes, telones pequeños. Este ejercicio es hermoso. Recuerdo una vez que llovió, teníamos una función en uno de los parques y una señora abrió su casa para que proyectáramos ahí; todo el mundo entró, vimos la película en un televisor pequeño y terminamos con una charla. El director, un ucraniano, estaba completamente extasiado.

Cine para resistir

–El país está en un momento complejo de su vida nacional. Son más de 700 líderes sociales asesinados en lo que lleva la firma del Acuerdo de Paz. ¿Qué importancia tiene el Festival en esta puntual coyuntura?

–En un escenario tan oscuro, promover una iniciativa que quiere proyectar los derechos humanos en positivo se convierte en algo sumamente complicado. Pero yo soy terca en seguir hablando desde el amor, en buscar historias que puedan inspirar nuevas historias, y así, buscar el acercamiento de nuevos públicos con sus luchas de vida.

Es muy interesante ver la evolución que ha tenido el cine nacional desde la primera edición del Festival hasta la fecha. Es indudable que desde que inicia el proceso de paz, cuando se firma y tenemos un año corto donde crece la esperanza, se comienzan a producir cosas maravillosas como víctimas regresando a los territorios, actos de reconciliación, actores armados pidiendo perdón, etc.

Si confrontamos ese corto tiempo que significó la idea de un país en paz con esta nueva situación de violencia, el Festival se convierte en un espacio de reflexión desde el cine. ¿Qué se va a narrar a partir de ahora con este escenario tan oscuro que se vive hoy en Colombia? ¿Qué importancia tendrá para el público ver esas producciones que se hicieron hace uno o dos años, sobre la realidad de otra Colombia que generaba esperanza? Son un poco las expectativas que tenemos con el material que se va a proyectar en el marco del Festival.

–¿Cómo ha sido la experiencia en los territorios?

–La experiencia es maravillosa porque definitivamente los públicos son distintos. Es como si Bogotá fuera un país y los territorios fueran otro país. Sin embargo, lo bonito que tiene el cine, es que las reacciones de la gente son similares. El año pasado tuve la oportunidad de ir a San Basilio de Palenque y experimentar como la gente se apropia del Festival y gestiona los espacios, como se arman unos conversatorios increíbles con la comunidad reunida contando sus propias historias.

Sexta edición

–¿Qué trae está sexta edición del Festival?

–Este año tenemos una presencia femenina muy importante en la selección oficial en cuanto a directoras y protagonistas. La mayoría son historias que se construyen desde las mujeres en los territorios. Fue una coincidencia, realmente no buscamos construir este enfoque. Tenemos varios invitados internacionales y muchas producciones de ficción.

La gente puede consultar toda la programación del Festival a nivel nacional desde nuestra página web www.cineporlosderechoshumanos.co, donde no solo encontrarán las sinopsis y los trailers de las películas, sino también todo lo referente a la oferta cultural que ofrecemos. La inauguración del Festival será el 23 de agosto en la Universidad Externado de Colombia, con el estreno nacional de la película Los Silencios. Todas las funciones son entrada libre, excepto Cinemateca Distrital y Cine Tonalá en Bogotá.

–¿Cuáles son las recomendaciones de la directora del Festival?

–La inauguración con Los Silencios, una película bellísima sobre el drama del desplazamiento de una familia en medio del conflicto armado en Colombia; viene de estrenarse en la quincena de realizadores de Cannes. Hay una película que me gusta mucho que se llama El ángel en el reloj, un largometraje mexicano de animación. Finalmente, recomiendo un documental peruano muy bueno que se llama Las hijas de Nantu. En realidad, todas las películas que se proyectarán son maravillosas.

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