China: el villano favorito de Trump

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Transeúntes caminan cerca de un hospital de Brooklyn, en Nueva York.

Cuando en Estados Unidos había 15 casos de coronavirus, el presidente Trump dijo que los “bajaría a cero”. Ahora, según la Universidad Johns Hopkins, hay un millón 344.512 contagiados y 80 mil 87 muertos

Ricardo Arenales 

A pesar de que los colaboradores más cercanos del presidente de los Estados Unidos están acostumbrados a sus salidas fuera de tono y sus cambios temperamentales, un poco esquizoides, deben estar definitivamente perplejos ante las declaraciones descabelladas de su jefe que, con apenas unas horas de diferencia, pasa de recomendarles a los ciudadanos que se inyecten desinfectante o reciban baños de sol, para suprimir los efectos del coronavirus, a acusar a China de haber creado la cepa en un laboratorio de Wuhan.

Aunque, observadores más desapasionados de la política norteamericana aseguran que no es solo paranoia contra China la que expresa el mandatario, sino una estrategia política bien pensada. Recuerdan que el hoy presidente construyó su estrategia electoral sobre una campaña de odio contra los migrantes, lo que se escenificó en la propuesta de construir un muro en la frontera con México.

Los discursos de odio, que usualmente muestran un enemigo, calan en la mente de muchos norteamericanos, especialmente entre los sectores más conservadores y atrasados. Este discurso tomó fuerza particularmente a partir de los atentados del 11 de septiembre contra las torres gemelas. Pero en general ha sido una constante entre los políticos norteamericanos, con importantes réditos electorales. La lucha contra la Unión Soviética, tras el fin de la segunda guerra mundial, después contra el narcotráfico, o contra el Estado Islámico, contra Hezbollá, las FARC o el ELN, son episodios de esa cruzada.

Todo bajo control

Ahora el presidente Trump diseña sobre la marcha una campaña de odio contra China. Las autoridades norteamericanas no se tomaron en serio la lucha contra la pandemia, cuando la Organización Mundial de la Salud, OMS, hizo las primeras advertencias. Y la inexistencia de planes de contingencia hizo que el virus se extendiera de la manera en que lo hizo, no solo en Estados Unidos sino en Europa.

Los primeros informes sobre los efectos de la pandemia los conoció Trump en 2016. En este lapso, al menos diez informes de inteligencia fueron presentados a su despacho, haciendo las mismas advertencias. Cuando se registró el primer caso de contagio, lo que los científicos llaman el ‘paciente cero’, el presidente dijo que se trataba de una “gripita”. Y cuando se desató el contagio en proporciones mayores, varias veces dijo Trump que tenía “todo controlado”. Por cierto, ese primer caso, reportado el 27 de febrero, era el de una persona que no tuvo ninguna relación con China.

Cuando en el país había 15 casos de coronavirus, el presidente Trump dijo que los “bajaría a cero”. Ahora, según la prestigiosa universidad Johns Hopkins, hay un millón 344.512 contagiados y 80 mil 087 muertos (martes de esta semana).

Desciende su popularidad

Pero los problemas del presidente son mayores aún: tiene hasta hoy 30 millones de nuevos desempleados. La deuda externa aumentó en 2.000 millones de dólares en lo corrido de la actual administración republicana. El déficit presupuestal era de 900 mil millones de dólares el año pasado y las autoridades monetarias internacionales pronostican un descenso en el crecimiento del PIB y una inminente recesión, comparable a la crisis de 2008.

Sin embargo, en sus últimas alocuciones, el presidente Trump ha dicho que “ha hecho un buen trabajo”. Los electores no lo creen tanto. La popularidad del mandatario ha descendido considerablemente y amenaza con frustrar sus planes de reelección en los comicios de noviembre próximo.

Para desviar la atención de semejante desbarajuste, el titular de la Casa Blanca recurre al expediente de la campaña contra China. Habla despectivamente del “virus chino”, insistiendo en que la cepa tuvo su origen en el país asiático. Esta versión ha sido desmentida no solo por las autoridades chinas sino por la OMS, que tanto incomoda a Washington. “El enemigo que enfrenta Estados Unidos es el virus y no China”, han dicho voceros de la cancillería del gigante asiático, para controvertir la campaña de Trump.

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